Cada 14 y 15 de septiembre aparecen las alfombras de plástico. No sé cuándo fue la primera vez que vio usted su primera alfombra de bolsas plásticas. Yo vi una por primera vez hace casi dos décadas. Volvíamos de la playa y las personas arrojaban bolsas de plástico con agua a los corredores que en la carretera escoltaban antorchas portando el fuego patrio. Era increíble ver las cantidades de bolsitas a la orilla del camino… nada de turismo y belleza.
No exagero; la carretera estaba “alfombrada” de bolsas plásticas
Lo más vergonzoso era ver que muchas de las personas que arrojaban las bolsas eran jóvenes e incluso niños que lejos de buscar saciar la sed de los “corredores de antorchas”, intentaban sumirlos o golpearlos con bolsazos de agua.
Una práctica decadente que se ha extendido hasta la fecha y que cerca de 20 años después parece haber sido heredada por nuevas generaciones que salen a las calles a contaminar y agredir a quienes corren motivados por su patriotismo.
Esta absurda costumbre que causa risas y diversión a quienes la practican, termina contaminando las cuencas de nuestros lagos, ríos y, por ende, los mares… más que celebrar las fiestas patrias pareciera que quieren contribuir cada vez más al establecimiento de esa “Plasticósfera” de la que nos advierte el reconocido fotógrafo y ambientalista guatemalteco, Sergio Izquierdo en su premiado documental.
En su filme “Plasticósfera” Izquierdo denuncia la producción y consumo de plásticos de un solo uso como estas bolsas. Este tipo de productos entre los que figuran platos, vasos y bolsas plásticas, tarda miles de años en degradarse y en muchos casos devienen en microplásticos que contaminan el agua que bebemos.
El documental de este prestigioso fotógrafo de National Geographic nos recuerda que estamos bebiendo microplásticos presentes en el agua e incluso se habla de microplásticos presentes en la leche materna. Izquierdo incluso ha denunciado que la presencia de microplásticos en el agua es tal que datos científicos aseguran que algunas personas podrían estar ingiriendo hasta cinco gramos de microplásticos semanalmente, es decir, el equivalente al peso de una tarjeta de crédito.
Observando registros de las “alfombras de bolsas plásticas” de años pasados, me duele ver cómo ciertos jóvenes que tendrían que estar impulsando cambios y protegiendo el ambiente lanzan estas “bolsas contaminantes” con frivolidad y violencia disfrazada de diversión.
Recientemente escuché a Jorge Vega, nuestro joven gimnasta de clase mundial, exhortando a los guatemaltecos a no contaminar con esta práctica. Algo que me parece esperanzador y motivante.
A ese llamado se suman las medidas anunciadas recientemente por las autoridades. Desde el 18 de agosto, la Policía Nacional Civil anunció que reforzaría los controles para evitar el lanzamiento de bolsas con agua y otros objetos durante las actividades patrias. Posteriormente, el Ministerio de Educación emitió, el 2 de septiembre, lineamientos para las antorchas cívicas organizadas por establecimientos educativos, que prohíben desperdiciar agua para agredir a compañeros o ciudadanos. Estos son pasos positivos ya que reconocen la gravedad del problema y su eficacia dependerá de la capacidad para divulgar y dar cumplimiento a estas medidas.
Sin duda, hace falta “desplastificar” las conciencias de estas generaciones de corredores que sustituyeron el civismo y la solidaridad por esta terrible práctica que combina contaminación con desperdicio de agua y que, lejos de honrar a nuestra nación, la contamina contribuyendo a su destrucción.
En medio de una sequía, que según expertos se extenderá por varios meses más, el desperdicio de agua es un insulto frívolo e ignorante a millones de personas que no pueden acceder a este vital líquido. ¿Y las bolsas plásticas? A veces me temo que serán lápidas que recordarán la ceguera de una sociedad ignorante y consumista. Nada de civismo, solo decadencia. No hay planeta B.
Tags: Alfombra bolsas plásticas Antorchas Contaminación Desperdficio de agua Plastico





