La alegría que nos brindan los convivios y las elecciones

En ambos eventos no falta la jocosidad inmersa. La algarabía de las alegres elecciones dura más, con todo el circo del proceso electorero; pero el convivio, aunque solo sea un día, es más emblemático e intenso, dejando muchas anécdotas que servirán para el chisme y la burla de todo el año, hasta la próxima edición, con nuevos clavos y formas de desfogue que promuevan el apaciguamiento laboral, o ciudadano, según el caso.

José Alfredo Calderón E.

diciembre 12, 2025 - Actualizado diciembre 11, 2025
José Alfredo Calderón E.

Siempre he pensado que los procesos electorales, desde 1957 hasta ahora, son muy similares a los convivios navideños. Y no solo es una ocurrencia mía, sino que mi propia experiencia en el área de Recursos Humanos lo confirma plenamente.

Ambos eventos son muy esperados y cuentan con una periodicidad determinada. Cada 4 años en lo electorero y anualmente en el ambiente laboral. Otra similitud es que la organización viene desde arriba: élites, TSE y ciudadanos organizados en las mesas electorales (en ese orden de jerarquía); mientras que, en las empresas o instituciones, lo organiza la gerencia administrativa y/o de Recursos Humanos –o Talento Humano, como le llaman en estos días–  con el aval de la gerencia general y, sobre todo, de los propietarios. En algunos casos, se crean comités, asemejando la integración de las mesas electorales, formados por el personal de dichas gerencias o solícitos “colaboradores”, seleccionados estratégicamente.

A cualquier persona que se le ocurra criticar el fondo del convivio o bien, las elecciones, se califica como adversario o insurrecto. En el caso de los comicios, se arguye que es la música de la democracia y que hay opciones para todos los gustos. Quien no participa, es simplemente un mal ciudadano. En lo laboral pasa algo parecido, pues no asistir al convivio se toma mal, sin faltar la respectiva llamada de Recursos Humanos solicitando, disimuladamente, la razón de la inasistencia.

En ambos eventos no falta la jocosidad inmersa. La algarabía de las alegres elecciones dura más, con todo el circo del proceso electorero; pero el convivio, aunque solo sea un día, es más emblemático e intenso, dejando muchas anécdotas que servirán de chisme y burla todo el año hasta la próxima edición, con nuevos clavos y formas de desfogue que promuevan el apaciguamiento laboral, o ciudadano, según el caso.

Ahora bien, sarcasmos aparte, ambos procesos tácticos, encarnan un sentido estratégico que puede calificarse de perverso, si lo analizamos detenidamente.  El sistema político-electoral guatemalteco está diseñado para votar, mas no elegir. Concluidos los comicios, desde lo estructural, la situación continúa exactamente igual o peor; lo único que cambia es la cantidad de ladrones y a qué nuevos caciques responden. Desde arriba, las élites observan sonrientes, mientras el sistema de dominación y sus privilegios se mantienen incólumes.

Después del convivio sucede lo mismo, pero desde un ambiente más reducido. Consultados varios gerentes de Recursos Humanos –voz off– casi todos coinciden en la importancia estratégica del convivio navideño laboral. A falta de actividades de convivencia sana durante el año y a pesar de los ambientes tóxicos, el convivio es una válvula de escape inmejorable.

Podría comentar mucho al respecto, pero dejo esta “perla” que me compartió un gerente de ventas de una empresa privada: “el convivio es el único día del año en que la jerarquía desaparece –en términos formales, por supuesto–. Los trabajadores se echan los tragos libremente y son notorias las expresiones de afecto o desafecto con relación a sus jefes. Los abrazos fuera de tono o los somatones de espalda son comunes, por lo que advertimos a los empleados con personal a su cargo, que tengan la tolerancia y paciencia del caso. Incluso, si alguno de los colaboradores se pasa de tragos, se puede quedar a dormir en la empresa o si en caso no llegan a trabajar al siguiente hábil porque agarraron “aviada”, mostramos una condescendencia única e inusual, muy diferente a lo que pasa el resto del año”. La claridad del comentario habla por si solo. La resaca viene después.

Otra conclusión más o menos común entre gerentes de Recursos Humanos, es la simbología de la canasta navideña, a decir de muchos, el mejor regalo, pues representa abundancia y prosperidad, pero lo más importante, es un regalo para toda la familia, no solo para el trabajador. Cónyuge e hijos esperan ansiosos cada año, la llegada de dicha canasta, aunque muchas veces contenga alimentos de pobre o nula nutrición. Esto es particularmente visible en las plantas industriales, según mi propia experiencia.

El fondo del asunto es que después del convivio, las condiciones laborales siguen siendo las mismas: la incomodidad de las instalaciones, los salarios precarios, la falta de espacio, ausencia, deficiencia o insuficiencia de servicios básicos, irrespeto de los jefes hacia los subalternos/as, así como un clima organizacional rígido y muchas veces insano. No en balde la evaluación del clima organizacional es una de las herramientas más evadidas por ejecutivos y dueños. El convivio y las canastas, se convierten en una herramienta táctica para cumplir el objetivo estratégico: Que el malestar no trascienda a formación de sindicatos o reclamos organizados. 

Traigo a colación las comparaciones, puesto que las “alegres elecciones” son básicamente lo mismo.  Sin amenazar ni un ápice el modelo económico del país, sin cambiar siquiera la estructura del sistema político, cada cuatro años, los guatemaltecos asisten regocijantes –hablo de la mayoría– a votar en unas elecciones donde las decisiones las toman otros, en forma previa y planificada. 

En 2027, más de lo mismo se disfrazará para engañar a un votante que no cuenta con formación ciudadana o política alguna.  Aunado a esto, la falta de claridad política de las masas, su desorganización y la falta de unidad –sempiternas taras endémicas– consolidan el escenario perfecto para continuar con lo mismo y los mismos.

Cada vez que diga ¡salud! haga un diminuto espacio para la reflexión. Su propio futuro, y el de su familia, se lo agradecerá.

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