A cada siglo, un cambio revolucionario, ahora el tecnofeudalismo

"El Estado no puede ser neutral. Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista explican que, 'el gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa'”. Lenin, V. Estado y Revolución, 1917.

“Las dinámicas tradicionales del capitalismo ya no gobiernan la economía. Lo que ha matado a este sistema es el propio capital y los cambios tecnológicos acelerados de las últimas dos décadas, que, como un virus”. Yanis Varoufakis, Tecnofeudalismo, 2021.

Fernando González Davison

diciembre 9, 2025 - Actualizado diciembre 8, 2025
Fernando González Davison

La asombrosa metamorfosis del capitalismo, que ha sido el elán del desarrollo político-económico y científico donde se ha implantado, ha sido propiciada por ágiles burgueses impulsores del comercio y la banca global, orquestando el saqueo de recursos naturales de los territorios no desarrollados, pasando por la revolución industrial a la fase del imperialismo, hasta llegar a la renta feudal con “la nube” en Internet que trastoca todo ese pasado, como dice Varoufakis.

En la búsqueda de los orígenes revolucionarios de la burguesía se tiene a la revolución inglesa del siglo XVII (1689) que dio fin al absolutismo monárquico y estableció una Monarquía Parlamentaria que sentó las bases para el desarrollo capitalista y la industrialización conforme sus intereses de dicha clase. De igual manera sucedió un siglo después con la Revolución Francesa marcando otro ciclo político y económico de toma del poder de la burguesía. Un siglo después la revolución rusa también derroca a otra monarquía absoluta pero nacionalizó los bienes de la burguesía y provocó la reacción en su contra de los países capitalistas.

Todas esas revoluciones buscaron transformar radicalmente la sociedad con ideologías universales y movilizaron masas, pero su política exterior difirió: Francia buscó expandir sus ideales en guerras revolucionarias de defensa (Napoleón), mientras Lenin luchó contra potencias capitalistas e impulsó la «revolución mundial» de la URSS, exportando sus modelos revolucionarios a los países europeos que, según Marx, tenían más posibilidades de realizar la revolución obrera. En esas tres revoluciones se propagaron ideologías contrarias al absolutismo de la monarquía, e insuflaron el imaginario con ideologías transformadoras pretendidamente universales: Liberalismo/Democracia (Francia: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Rusia: Lucha de clases, el poder del proletariado. En Francia se movilizaron amplios sectores populares (sans-culottes), en Rusia, los obreros y campesinos con la promesa de cambio social. Hubo divisiones internas (Girondinos y Jacobinos; Bolcheviques y Mencheviques) que llevaron a purgas y terror (El Terror Jacobino, la Cheka y el Terror Rojo).

  En la defensa de la revolución francesa emergió Napoleón que la defendió de los ataques del resto de ejércitos de las monarquías europeas. En la rusa, fue el culto Lenín y Trostky que supieron defenderla con brillantes movimientos militares, al tiempo que   Crearon estados más centralizados y burocráticos, modernizando sistemas administrativos y militares, con una política exterior defensiva contra las coaliciones monárquicas contra Francia revolucionaria, o, en el caso ruso-soviético, contras las potencias capitalistas europeas, japonesa y estadounidense que, al término de la I Guerra Mundial, decidieron coaligarse en el Ejército Blanco, para derribar al régimen bolchevique de Lenin, pero no lo lograron. Lenin estaba preso en Alemania pero fue liberado con sus socios, y enviado en un tren sellado a San Petersburgo a inicios de 1917 para que sacara a Rusia de la guerra. Pero al triunfar no solo la sacó de la guerra sino nacionalizó los bienes extranjeros, lo que hizo pegar el grito en el cielo a los capitalistas europeos que dejaron un legado de diez millones de muertos en esa Gran Guerra por ellos promovida.

  En ambas revoluciones, pues, hubo intervenciones extranjeras. Los principios de una y otra se promovieron. Lenin promovió sus ideas en la Internacional comunista (Comintern). Creó la Unión Soviética y un nuevo modelo de estado socialista que desafió al capitalismo global, aunque supo cuidarse de mantener buenas relaciones con las “potencias”, en particular para defenderse del nazifascismo en ascenso, al punto que Moscú se unió a Londres y Washington hasta derrotar a Hitler.

       A un siglo de la revolución soviética y a unas décadas de su colapso se observa  que  estamos viviendo una nueva revolución diferente a inglesa, la francesa y rusa: es la revolución tecnológica o Cuarta Revolución Industrial que redefine la vida humana, desde la forma en que trabajamos y nos comunicamos hasta cómo organizamos nuestras ciudades, requiriendo una adaptación constante y un enfoque ético para maximizar sus beneficios y mitigar sus desafíos. “Las dinámicas tradicionales del capitalismo ya no gobiernan la economía. Lo que ha matado a este sistema es el propio capital y los cambios tecnológicos acelerados de las últimas dos décadas, que, como un virus, han acabado con su huésped. En el mundo hay dos modelos prevalecientes en lo político donde más avances hay al respecto: el gran poder que han alcanzado las grandes corporaciones de Silicon Valley en California, que han decidido apoyar a Donald Trump sin dudarlo para articular sus proyectos con el Estado americano para asegurar su hegemonía en Estados Unidos y el mundo con un gobierno distópico, de criptomonedas y los videojuegos, diferente al orden típicamente burgués. Es el mundo que Varoufakis ha señalado en su teoría del «tecnofeudalismo», según la cual los nuevos señores feudales (de Silicon Valley) son los propietarios de lo que llama «capital de la nube»  y los demás hemos vuelto a ser siervos, como en el medievo. Es este nuevo sistema de explotación lo que está detrás del aumento de la desigualdad”.   El autor griego agrega: “Lo que ha matado al capitalismo es… el propio capital. No el capital tal como lo entendemos desde el inicio de la era industrial, sino una nueva forma de capital, una mutación surgida en las dos últimas décadas… predecesora y que, como un virus hiperactivo, ha acabado con su huésped. ¿Cuáles han sido las causas? Dos hechos primordiales: 1) la privatización de internet llevada a cabo por las grandes tecnológicas estadounidenses y chinas; y 2) la manera en que los gobiernos occidentales y los bancos centrales respondieron a la gran crisis financiera de 2008”.

Luego del colapso de la URSS y del modelo de Mao Tse Tung, Dien Zia Pingo en los años setenta promovió, tras  observar el éxito del modelo japonés, un modelo diferente de planificación de la sociedad de largo aliento bajo el marco de un tecno-capitalismo de Estado diseñado para avanzar de manera gradual en todos los sectores, integrado por ingenieros con doctorados en el gabinete. Ahora deslumbra al mundo por su rapidez bajo la guía de Xi Jinping como el nuevo emperador que marca la pauta en lo tecnológico y social, al haber sacado a China de sus grandes índices de pobreza para transformarla en una vasta clase media. ¿Qué modelo revolucionario  prevalecerá?  ¿Ese es la razón por la cual hay fricciones profundas entre Estados Unidos y China? Bien podría producirse una guerra entre ambos rivales, pero todos desapareceremos. Es una guerra que no conviene a nadie. ¿Cuál modelo prevalecerá? ¿El de Silicon Valley que anhela restringir la libertad o el chino que tampoco es perfecto? ¿Cuál de los dos cree que nos conviene en tanto seres humanos que deseamos un mejor futuro? Lo cierto es que estados pequeños como el nuestro quedarán a la zaga si no se transformaran, es decir, empresas y estados deben adoptar formas de tecno gobierno dirigidos por ingenieros con doctorados en tecnologías de punta y dejar atrás al conglomerado de abogados que en América Latina dirigen gran parte de instituciones que, al final, son de poca trascendencia en el desarrollo nacional y dar prioridad a la ciencia y tecnología.

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