Guatemala con el riesgo de sustituir la política por el espectáculo

Mariana Rohrmoser

junio 16, 2026 - Actualizado junio 15, 2026
Mariana Rohrmoser

Es muy lamentable que la política partidista guatemalteca se ejerza entre mezclas de clientelismo, imagen, supervivencia electoral y captura institucional, más que una construcción seria de Estado.

El sistema partidario es débil, totalmente fragmentado y poco programático; además de existir un fuerte transfuguismo que ha sido identificado como una de sus centrales fragilidades.

Todo esto sigue siendo un efecto que podría clasificarse como “parcialmente libre”, en donde opera la corrupción, el crimen organizado y la persecución penal, afectando el funcionamiento democrático del país.

Esto se sabe y poco se percibe un cambio al respecto, no vislumbrándose una mejora que traiga consigo, serias propuestas.

Varias personas han manifestado ya, su interés por participar en las siguientes elecciones, y para el caso, el mismo Neto Bran – actual alcalde de Mixco- ha hecho públicas sus intenciones de participar como candidato para la presidencia.

Neto es un personaje que encaja perfectamente dentro del análisis eleccionario arriba descrito y en donde el tema central no debiese ser si él “cae bien o cae mal” o si ha hecho algunas obras o no.

El punto aquí es ¿qué tipo de liderazgo representa él?

Pareciera no necesario dedicar esfuerzo alguno a analizarle, pero su figura y su candidatura representan la decadencia que está sufriendo este país, respecto a la política y las formas de ejercerla.

Es indudable que su fortaleza está en convertir la gestión pública en una narrativa visual: vídeos, una presencia activa y constante, una cercanía con su pueblo, un lenguaje coloquial, que en su mayoría de veces es inapropiado y hasta vulgar, pero que lo hace popular, fabricándose una imagen de “hombre de pueblo”.

La pregunta sería ¿por qué le gusta esto al pueblo?

¿Es esta la respuesta a tantas decepciones por parte de figuras un tanto más serias y menos coloquiales, pero que finalmente han defraudado y siguen defraudando a la población?

Se ha destacado la enorme presencia de Bran en TikTok y es inevitable aceptar la construcción de esa imagen de aquel alcalde presente, “trabajador” y totalmente autóctono, lo cual podría resultar atractivo para la falta de resultados dentro de la política tradicional.

A pesar de existir serios señalamientos sobre un alto e inadecuado uso de recursos municipales para la creación  de esos videos, de esa imagen y la generación de esa comunicación, al parecer resulta ser eficiente, por sobre la transparencia en la ejecución del presupuesto y la deficiente inversión pública. Todo ello, dándose la percepción de un supuesto trabajo que realmente no se está realizando dentro del municipio. Para nadie es un secreto, que los grandes problemas de Mixco, siguen siendo el diario vivir para sus habitantes.

Lo anterior es preocupante, pero el verdadero peligro podría ser este: cuando la ciudadanía está decepcionada de los políticos tradicionales y “serios” que finalmente son corruptos, deshonestos e incapaces, se termina premiando al político chabacán, “auténtico” y cercano a la población, pero finalmente igual de dañino que los anteriores.

Se confunde la espontaneidad con la capacidad y la simpatía con el liderazgo.

Videos con resultados ocurrentes y payasadas con cero visiones de país, puede advertirnos una fuerte decadencia, no sólo en la política nacional, sino en la población en sí misma.

Un perfil así podría ser atractivo para algunos, pero es impensable considerar qué sobre éste, podrían considerarse los destinos de una nación.

Sin embargo, poniendo atención a los niveles de hartazgo contra la política tradicional, cualquier cosa o perfil podrían parecer respuesta viable a la solución.

Por lo tanto, es importante tener presente y hacer mucha conciencia, del daño que esto podría resultar, dada la debilidad de las instituciones y lo frágil de su democracia.

Reducir la Presidencia de la República, al fenómeno de la “popularidad”, basada en fragmentos de videos que no pasan de ser un show, resultaría extremadamente peligroso.

Guatemala y cualquier candidato a la presidencia, debe entender con claridad, la seguridad, la justicia, la infraestructura, la inversión interna y externa, así como su política exterior, el presupuesto general de la nación, la salud, la educación, la conflictividad social, la institucionalidad, entre otros.

Aquí no basta ponerse frente a las personas, haciendo cola, para entregarles bolsas con verduras, lanzando el viento cualquier cantidad de piropos y palabras coloquiales, para parecer un líder que trabaja y cumple con las responsabilidades de la nación.

Ese populismo, envuelto en el llamado “pan y circo” a pesar de ser fatídico, puede funcionar, en un pequeño territorio en donde poco se cuestiona la logística que envuelve la verdadera conducción de un país y del Estado y en donde actos como aquellos, lo único que ofrecen son pequeños alivios emocionales, que no pasan de risas, muestras de cercanía con la población, regalos, dádivas y una que otra obra medianamente importante y visible.

El país necesita liderazgos sólidos y fuertes, preparados para explicar y dar soluciones a los problemas complejos, sin esconderse detrás del espectáculo.

La pregunta clave para cualquier candidato, incluido Neto Bran, debe ir dirigida en torno a evaluar y analizar fenómenos más allá del carisma, enfocándose en capacidades para gobernar, con equipos sólidos, que contemplen serios planes de nación a corto, mediano y largo plazo.

Deberá existir un plan nacional, que respete la institucionalidad.

Todo ciudadano consciente que busca un candidato idóneo debe realizarse una serie de preguntas, que giren en torno a lo siguiente: ¿Su comunicación informa, divierte o manipula?; ¿Su popularidad depende de recursos públicos?; y por último ¿Cuenta con un plan de trabajo realizable, sostenible y en donde se incluya a todos los sectores para ejecutarlo?

Como conclusión y adelantándose bastante a este tiempo preelectoral, la ciudadanía debe buscar y enfocarse en perfiles que no sean “originales”, disonantes y totalmente alejados de la política tradicional que han mostrado su absoluto fracaso.

Guatemala está cansada, frustrada y con bajas exigencias, tanto electorales como institucionales. Hoy más que nunca debe serse muy acucioso para continuar con lo bueno y comenzar con lo urgente y necesario, alejándose de ese peligroso fenómeno de la politiquería, la demagogia, el clientelismo y el espectáculo.

¡El país no necesita políticos acartonados; necesita políticos serios! Y ser serio no significa hablar bonito y de forma chabacana. Significa tener carácter, solvencia, equipo, ética y visión, así como capacidad real para gobernar.

¿Realmente cumple todo lo anterior el actual alcalde de Mixco?

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