Provocatio / El maniqueísmo como arma

El sistema promueve una falsa diversidad, y por eso encuentra usted miembros de la oligarquía o el capital corporativo, criticando a sus iguales, mientras se presentan como un cambio que, en realidad, es ficticio. De la misma forma, ex izquierdistas asumen posturas oportunistas y camaleónicas, justificando un supuesto pragmatismo.

José Alfredo Calderón E.

septiembre 4, 2026 - Actualizado septiembre 3, 2026
José Alfredo Calderón E.

El maniqueísmo es una actitud que divide la realidad de forma extrema, entre el bien y el mal.  En otras palabras, reduce la diversidad de una paleta multicolor, por el blanco o el negro. En una persona sin mayor formación, no es más que el producto de una inducción desde la infancia, pero a disposición de mentes perversas, es una herramienta de disociación, confrontación y deformación, para obligar a tomar partido entre estos dos extremos.

En las dinámicas cotidianas, lo anterior se traduce en dicotomías tales como: rico-pobre, bonito-feo, inteligente-tonto, letrado-iletrado, indígena-ladino, hombre-mujer, moral-amoral y un largo etcétera; como si en la realidad no existiera un cúmulo de situaciones y calificaciones intermedias que maticen de mejor forma la vida real.

Traigo a colación el tema, porque ahora que estamos ya en campaña preelectoral (que antes se llamaba puntualmente campaña anticipada) el maniqueísmo surge como útil instrumento para engañar incautos y llevar agua a los molinos de la corrupción y las mafias. La mecánica es muy simple pero efectiva:

–      Si votas, eres buen ciudadano; si no lo haces, eres malo.

–        Si votas por alguien, ejerciste tu derecho, si votas nulo, le dejas campo a las mafias. Lo paradójico es que son precisamente las mafias las que generan estas antinomias.

–        Si todo es malo, siempre hay un mal menor, si no decides, el malo terminas siendo tú.

–        Si no estás con la democracia (votando) eres afín a las dictaduras.

–        El sistema te da muchas opciones, no aprovecharlas es sedición.

–        El sistema admite cambios, pero rechazar el sistema es subversión.

–        La propuesta de cambios radicales (de raíz) solo puede provenir de antisociales, comunistas y resentidos.

Estimado lector, usted puede hacer las combinaciones que prefiera con base a sus experiencias en el tema. Dependerá de su pensamiento crítico si solo las digiere o si las cuestiona. Espero que, en su caso, usted forme parte de ese minúsculo porcentaje de personas que disciernen conscientemente y se resisten a ser manipuladas.

Mientras tanto, le dejo algunas cuestiones obvias que, con las envolturas que fabrican las redes sociales, los medios tradicionales y los “analistas de ocasión”, no parecen tan obvias.

·   El diseño del sistema no admite cambios, sino todo lo contrario. Se crea esa ilusión, para que nada cambie (gatopardismo).

·       Desde las elecciones de 1957 a 1985, todas sin excepción, se dieron dentro de una dictadura militar que promovía una falsa democracia bastante restringida.

·   La llamada apertura democrática de 1985 modernizó el sistema político-electoral, pero sin cambiar la estructura del diseño. Se amplió la oferta para generar la ilusión de variedad, aunque todos los proyectos respondieran a lo mismo. Los privilegios de las élites dominantes son sagrados y cualquier propuesta de cambio al respecto, o peor aún, del modelo económico, resulta siendo reprimida.

·   Las izquierdas ya no existen en forma organizada como partidos, a lo sumo, sobrevivieron grupos nostálgicos, sin mayor organización ni incidencia.

·   El sistema promueve una falsa diversidad, y por eso encuentra usted miembros de la oligarquía o el capital corporativo, criticando a sus iguales, mientras se presentan como un cambio que, en realidad, es ficticio. De la misma forma, ex izquierdistas asumen posturas oportunistas y camaleónicas, justificando un supuesto pragmatismo.

·   Desde 1985, se permitió un péndulo entre derechas extremas y derechas disfrazadas de socialdemocracia. En 2027 nada cambiará, todos los caminos conducen a Roma.

·   El pésimo desempeño del actual gobierno, será la base para el regreso cavernario.

Asumiendo que lo mencionado arriba le cause alguna inquietud, ya es decisión suya si prefiere autoengañarse, ignorando estos hechos, pero le ruego encarecidamente que no contamine con sus verdades, a aquellos que buscan genuinamente la claridad política que, algún día, nos permita salir del marasmo electorero y la pantomima partidaria.

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