Ya hay día de la Biblia. Oremos, hermanos, y bendigamos a los diputados que han tomado la decisión —sin algún tipo de injerencia— (guiño, guiño) de este día tan revolucionario.
¿Y nosotros?, ¿y los judíos?, ¿y los ateos?, ¿y los católicos? ¿Dónde quedamos?
El pasado 12 de agosto de 2025, el Congreso aprobó de urgencia nacional el Decreto 5-2025, que declara el primer sábado de agosto como el Día Nacional de la Biblia, con 110 a 117 votos según datos del mismo. La justificación: “reconocer su impacto histórico, espiritual y cultural en la vida del pueblo guatemalteco”. El presidente Arévalo respondió con diplomacia constitucional —o al menos intentó—: “El Estado es laico… no tiene una religión oficial”, y señaló que, aunque él “no vetará” la ley, para el creyente verdadero “el Día de la Biblia es todos los días”, no una declaración urgente en el Congreso.
Así que ahora vengo yo: declaro oficialmente que el próximo jueves es el día de la Torá, del Corán y del Popol Vuh. Así todos salimos ganando. ¿Es esto realmente una reafirmación cultural o una religión con estatus VIP? Acá cito a Edgar Ortiz: “el Estado debe proteger tanto la libertad positiva (manifestar la fe) como la negativa (no sentirse obligado a seguir la fe mayoritaria)” y simplemente ese delicado equilibrio podría romperse si solo una tradición recibe visibilidad institucional.
Se afirma que ahora es parte del “patrimonio cultural e histórico” de Guatemala, tan indispensable como el Rabinal Achí o el Nan Pa’ch. Pero la Constitución establece —con el mismo énfasis— la separación religiosa y la libertad de creyentes y no creyentes por igual.
¿No convierte a la Biblia en símbolo nacional?
¿O es simplemente una forma elegante de blanquear un impulso creacionista en horario político?
No se trata de impedir celebraciones, no vaya usted a decir eso por la calle, sino de que el Estado no elija protagonista. El mensaje implícito es claro: “Si no celebrás la Biblia, cerrá la boca y respetá la autoridad legislativa”.
No agrede directamente, ¡pero ni siquiera es completamente neutral! Tiene la sutileza de una Biblia empotrada en la pared del salón del Estado, recordándonos que esa estantería tiene prioridad sobre otras. Quizás el verdadero desafío del Estado laico es adoptar una actitud de bienvenida sin favoritismos, ¡de nadie pues!, donde cada credencia —o su ausencia— tenga esa mesa puesta.
Mientras no llegue ese momento, celebremos este sábado… si queremos. Y si no, siempre nos quedarán los domingos o cualquier otro día, porque, como dijo Arévalo, “para el creyente, el Día de la Biblia es todos los días”, y yo, decido que sea hoy.
Tags: Arévalo Biblia Día de la Biblia Estado laico patrimonio cutural







