Estados Unidos puede ser analizado desde distintas perspectivas al conmemorarse dos siglos y medio de su independencia. Una es la de sus logros científicos con avances monumentales. Desde la llegada a la Luna hasta la invención de internet y la energía de fusión nuclear. El país ha liderado la innovación global en sectores clave como la medicina, la informática, la exploración espacial y la física. Por ejemplo, en telecomunicaciones y electrónica, la invención del transistor en 1947, el cual revolucionó la electrónica al reemplazar los tubos de vacío.
La producción a gran escala de la penicilina, la participación fundamental en el Proyecto Genoma Humano para mapear el ADN completo. También están sus logros sociales en una sociedad que nació con los prejuicios racistas europeos pero que se redujeron con los movimientos de derechos civiles, conquistas laborales y reformas de bienestar, entre ellos la abolición de la esclavitud, el sufragio femenino, el Movimiento por los Derechos Civiles, las conquistas laborales, aunque en nada se comparan con los derechos laborales que gozan los países europeos.
Fui estudiante de intercambio por un año en Misuri y viví en el seno de una fantástica familia de un médico cuando el país vivía en la mayor bonanza de su historia en los años sesenta. Un día el Dr. Conrad me dijo muy molesto: “Fernando, sabes que Estados Unidos es el país de los impuestos: te quitan casi todas tus ganancias”.
Es un tema que afecta hasta el presente a las clases medias: Empero, los magnates más ricos pagan la misma cantidad de impuestos que un plomero mientras la clase media paga mucho más. Y Trump en ello ha sido más extremo al beneficiar más aún a la plutocracia ´americana´ que casi no paga nada.
Esta plutocracia está constituida por el complejo militar industrial-bancario (que incluye a la sociedad judía AIPAC más bien bancaria), y se les han unido las grandes tecnológicas de Silicon Valley, que financian a los políticos demócratas y republicanos que mantienen el statu quo en materia impositiva y desreguladora para mantener la libertad del capitalismo salvaje. En ello participan la Casa Blanca y el Congreso que hacen la voluntad de aquellos. Es la tragedia de la democracia ´americana´ en una de las sociedades más desiguales del planeta.
En la dimensión internacional, empero, voy a fondo: Cuando las tropas británicas encerraron la ciudad de Boston en 1773, su población ya estaba decidida a tener su destino en sus manos, y no iba a aceptar que un rey tomara las decisiones sin conocer su realidad: el malestar entre la gente creció al ver a las tropas inglesas rondar por sus calles como agentes del orden (como ICE en la actualidad). Para financiar su estadía Londres elevó un impuesto más y eso crispó la paciencia de sus habitantes.
Fue un error del inepto rey inglés y vino la revuelta del histórico Motín del Té de Boston de diciembre de 1773, cuando el grueso de pobladores vestidos de indígenas arrojó 342 cajas de té de la Compañía Británica de las Indias Orientales al puerto de Boston en protesta por los «impuestos sin representación». Se armaron y los enfrentaron en el campo. Nadie sabe quién disparó primero. Pero murieron una docena de ingleses y la chispa de la guerra de liberación dio comienzo el 9 de abril de 1773, mientras las doce colonias se unieron a Boston para sacar de una vez y para siempre a los británicos.
Había mucho en juego: los grandes terratenientes colonos de origen británico querían expandirse al oeste y Londres se los había prohibido para evitar una guerra con Francia cuyas tropas se disputaban el territorio nativo. Querían más tierras… y algunos traerán más esclavos para esa ampliación. Sería posible si vencían. Eso lo entendió con claridad Jorge Washington, a la sazón oficial británico nacido en Virginia y quien había encendido la guerra contra las posesiones francesas sin seguir las órdenes británicas… Él guardaba gran resentimiento con los oficiales británicos porque lo miraban de menos porque era un “colono” más. Y su ego lo estrujaba. Dejó las filas militares y se casó con una rica terrateniente. Pensó que allí había acabado su carrera militar… El cambio vino de pronto y, con el concurso de la mayoría de los colonos, dirigió los ejércitos de las colonias contra las tropas opresoras británicas. Como diríamos en América Latina, los “criollos” de origen británico, querían su propio autogobierno, querían gozar de su propia autodeterminación, y jamás tendrían un rey. Por ende, formarían una democracia.
Obtuvieron la ayuda de Francia y España y la victoria estuvo en manos del revolucionario Washington, aunque el triunfo fue de todas las colonias y colonos. La revolución estadounidense fue un hito en la historia de occidente, pues derrotó a la primera potencia del mundo frente a unos ´pinches´ criollos. El resentimiento británico motivó la guerra contra Estados Unidos a inicios del siglo XIX y las tropas desembarcaron para destruir parte de la capital aún en construcción. Y la guerra entre ambos estuvo latente todo el siglo XIX por Canadá.
Desde su inicio, el régimen democrático de Washington, Jefferson y Adams… fue visto con complacencia por las nacientes repúblicas iberoamericanas, pero ya los tres vislumbraban intereses propios que serían patentes con la doctrina del presidente James Monroe, originalmente en contra de la presencia rusa al norte, al precisar que este continente era para los que vivían en él, pero luego lo entenderían a su gusto “América para los americanos”, como si solo los estadounidenses fueran americanos y no el resto de países del continente.
La tinga siguió entre Estados Unidos y el imperio británico, por Centroamérica, debido a que allí ciertamente una de ambas potencias construiría un canal interoceánico… La Casa Blanca en el ínterin compró Luisiana a Francia (recién cedida a Napoleón por España) y La Florida, también colonia española, y continuó con la quita de la mitad de México. A fin de ese siglo la Casa Blanca tomó el Caribe y las Filipinas para convertirse en otro imperio en competencia con los imperios europeos de la época. Y eso cambió sustancialmente su relación con el mundo: un imperio no tiene amigos, tiene intereses, como decía el Foreign Office en Londres. Y la lucha entre imperios también venía consigo con esa plataforma de conquistar más y más… y las guerras serían una consecuencia por el reparto del mundo.
La historia nos presenta así pues un país democrático, pero a la vez torcidamente injusto con sus ciudadanos nativos y afroamericanos, también con los latinos, pues, para parafrasear a algunos de nuestros criollos y ladinos, el racismo hundía sus raíces desde la ocupación europea del continente.
El apoyo de la Casa Blanca a los dictadores del Caribe y Latinoamérica y la destrucción de gobiernos democráticos para poner regímenes militares que acataron las órdenes de Washington. El único que entendió esa realidad fue John F. Kennedy cuando impulsó la Alianza para el Progreso, que recreó la banca interamericana para salir del subdesarrollo, pero, fue asesinado por la CIA con sus ramificaciones con el Mossad.
La Alianza se paralizó tras ese asesinato, para siempre, pues era un Plan Marshall como el que sacó a Europa adelante después de la II Guerra Mundial, y América Latina habría hecho lo mismo. Pero, no, pues Washington se orientó por apoyar a las dictaduras militares en plena Guerra Fría, motivo por el cual nuestros países también sufrieron de esa absurda guerra, pero no tanto como Vietnam…
El innecesario guerrerismo estadounidense y sus guerras absurdas en las últimas décadas para favorecer a la expansión territorial de Israel en Medio Oriente sin que hubiera un peligro inminente para Estados Unidos con costos siderales, mientras la pobreza y desigualdad continuaban en el país de Washington. Pero como se manipula a su población a través de los medios de comunicación, amén de la ignorancia en la que la mantienen, se mantienen ocultas duras verdades, como ejemplo, la CIA y Mossad estaban detrás de los atentados del 11 de septiembre de 2001 que justificaron la guerra con Irak y luego en Siria, siendo sauditas los pilotos de los aviones que destruyeron las torres de Nueva York. Y ahora el ocultamiento de los expedientes Epstein sobre este particular donde están inmersos políticos y dichas agencias de inteligencia.
Las violaciones sistemáticas a los derechos humanos por el secuestro y expulsión de nuestros hermanos latinoamericanos de Estados Unidos que habían huido de sus países de origen a causa porque Washington ha ahogado nuestras democracias que no han podido recuperarse desde que los militares infringieron el terror a las órdenes del Pentágono al desarticular la democracia latinoamericana, incluso entrenando a miles de pastores evangélicos para que apoyen a la derecha y a Israel y a Estados Unidos. Qué tragedia.
También es trágico a la vez la implosión de la democracia estadounidense y su última guerra a favor de Israel y la destrucción de Gaza que raya en el cinismo, para no hablar de la corrupción que ya vox populi sea en el Congreso o la Casa Blanca. Y por eso nuestros países no tienen nada que celebrar sobre los 250 años de independencia de Estados Unidos. Y menos aún con un presidente que nos ha insultado una y otra vez… y que debería de ser procesado con todos los delincuentes a los que le ha dado el perdón judicial.
Estoy seguro de que pronto la furia de sus ciudadanos explotará pronto como aquella ocasión en Boston con el Tea Party, el histórico motín en protesta por los «impuestos sin representación» en contra de la corrupta plutocracia ´americana´, que tiene sus enlaces con sus pares latinoamericanos y del mundo para INRI de los pueblos.








