Breves reflexiones sobre la independencia de 1821

Fernando González Davison

septiembre 11, 2025 - Actualizado septiembre 10, 2025
Fernando González Davison

América Hispana a inicios del siglo XIX estaba relativamente mejor que España en una Europa asolada por las guerras napoleónicas, luego de la ocupación de España por el emperador galo desde 1808, que generó la guerra nacional para sacar al ocupante encarnado por José I, hermano de Napoleón, nuevo rey de España. Este reino era un caso sangriento y caótico y, con la ayuda británica, logró crear en Cádiz un territorio de refugio, donde se instaló la constituyente para redactar una nueva constitución democrática para España y sus reinos, en medio del fragor de la guerra nacional que logró avanzar de a poco contra los franceses. Entretanto, ante el bloqueo francés a los productos ingleses en Europa, Londres se dio por abrir el mercado hispanoamericano a sus productos y ayudó a Bolívar y San Martín para lograrlo, a través de su lucha por la independencia, desde 1810.

        Nueva España ante el desorden europeo y la injusticia de las autoridades del virreinato, de la jerarquía eclesiástica por prestamista, de los abusivos mineros y terratenientes, motivaron ese año a los curas del bajo clero Hidalgo y Morelos a dar el Grito de Dolores que sublevaron a las masas del campo en contra de los españoles y criollos acaudalados, al reclamar justicia y el fin de la pobreza. Ambos curas fueron capturados y pasados por las armas, pero tomó su estafeta el pardo Vicente Guerrero quien siguió la lucha de guerrillas.

En 1814 las tropas españolas e inglesas derrotaron a los franceses y en Madrid tomó  Fernando VII la corona pero restauró el absolutismo y derogó la Constitución de Cádiz en mayo mediante un golpe de Estado y se inició el Sexenio Absolutista y la represión del liberalismo y los ideales por los que dio su sangre el pueblo español. En 1820 los militares tomaron el poder en Madrid y recluyeron a Fernando VII luego que juró la Constitución de Cádiz y España se tornó liberal. 

 En 1821 las fuerzas en pugna en el reino se ubicaban en distintas dimensiones territoriales. A lo largo del istmo estaba la pugna principal económica entre los terratenientes de la provincia que vendían colorantes y ganado; y la élite comercial del clan Aycinena que monopolizaba los precios de su compra, así como la venta de utensilios del exterior que ellos necesitaban. El clan desde la capital monopolizaba los precios del comercio exterior e interior de tales productos. Además, en lo político, influía de manera determinante sobre el Capitán General y cabildos del istmo. 

    En la pugna política en la capital se observaban dos posiciones “ideológicas” que enfrentaban a los seguidores del Editor Constitucional del Protomédico del reino Pedro Molina, y El Amigo de la Patria, del sabio José Cecilio del Valle. El primero estaba a favor de la ruptura con España para agilizar los cambios en favor de la población; el segundo a favor de la “reforma”, ya que desde 1820 los cambios reformistas venían de Madrid bajo la presión de los militares que habían anulado el poder de Fernando VII y constituido un gobierno liberal que impuso la Constitución de Cádiz, las elecciones en España y las colonias, el libre mercado. Esto último alteraba al clan Aycinena porque temió perder el monopolio comercial con ese gobierno y, en consecuencia, Mariano Aycinena actuó por partida doble: por un lado se acercó a la postura de Molina, y por otro, hizo otro tanto con el jefe del ejército realista de Nueva España, Agustín Iturbide. Este era apuntalado por la élite comercial de Ciudad de México con la complacencia del virrey, que temía perder su cargo con un gobierno liberal en Madrid. Iturbide armó bien su estrategia y negoció un acuerdo con el guerrillero Vicente Guerrero, a quien perseguía, y acordaron a inicios de 1821 el Plan de Iguala, que estableció los principios «conservadores» para la independencia conocidos como las «Tres Garantías»: Religión (católica), Independencia (de la Corona Española) y Unión (de la población). Mariano Aycinena, el joven y ágil jefe de su clan, a su vez orquestó toda su influencia para que el Capitán General Carlos Urrutia Montoya siguiera los pasos hacia la ruptura con Madrid liberal de Iturbide en el virreinato, al punto que fue tal la presión que Urrutia delegó su cargo de manera temporal en el recién llegado brigadier Gabino Gaínza, alegando una imaginaria enfermedad, porque no soportó tal presión, porque la independencia sería un acto de traición a su patria. Aycinena a  la vez manipulaba a Molina para unir esfuerzos hacia la independencia, para enojo del sabio del Valle, al considerar que se estaba pasando al bando que favorecía una “independencia aristocrática” y no democrática. Mariano entretanto redactó su Plan Pacífico y le escribió en agosto a Iturbide para seguir sus pasos con el mismo objetivo independentista, mientras Iturbide planeaba crear el imperio mexicano que incorporaría al Reino de Guatemala. En septiembre, Gaínza convocó a los estamentos y notables de la capital a deliberar sobre la conveniencia de declarar la independencia de España el día 15 por la mañana.

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