Shakespeare y la verdad crítica de las pasiones

El dominio de la pasión que vive lo lleva a sentir como irrisorio, insignificante e innecesario este límite normativo esencial. Pues para él, lo único verdadero y real que existe es la pasión por cumplir el poderoso deseo que tiene...

Camilo García Giraldo

abril 26, 2026 - Actualizado abril 24, 2026

Unos de los rasgos más importantes y significativos de la modernidad occidental, es que los hombres comenzaron a conocerse a sí mismos, a tomar conciencia de la compleja y contradictoria realidad de su ser y existencia. Y, esta conciencia de sí mismos la han logrado forjar no solo a través de los discursos de las ciencias y de la filosofía, sino también, de las obras de arte y literarias. Una de las obras literarias que más contribuyó a forjar este saber moderno del hombre, y, en especial, de sus pasiones, fue la de Shakespeare. A través de los personajes de sus piezas dramáticas nos puso de presente la presencia de las diversas pasiones que dominan a los hombres; con sus personajes dramáticos podemos ver con claridad la vida de seres humanos que quedan atrapados por el poder de las pasiones, es decir, por deseos poderosos, irrefrenables y duraderos de algo del mundo. Por eso, a través de la vida y conducta de estos personajes imperecederos, las pasiones humanas, adquieren el certificado de su verdad, o mejor, el testimonio profundo de su compleja realidad. Pues, la verdad de sus personajes es que se identifican plenamente con la pasión que los domina. Una vez que surge en el interior de sí mismos, no pueden, y, tampoco, quieren liberarse de su presencia. Entregan sus vidas, no solo a vivirlas, sino también, a realizar los actos, que conduzcan a hacerlas reales.

Así, Otelo, desde el instante que se convence que su esposa Desdémona le es infiel con su amigo Casio, queda atrapado por la pasión de los celos.  Pasión avasalladora que lo conduce a quitarle la vida, para castigarla por esa falta, que es para él imperdonable. Y, cuando al final, se entera que en realidad no lo era, que había sido víctima de una perversa maquinación de Yago, se suicida para tratar de reparar en algo la falta grave que cometió, al matar a su esposa inocente. Pues, comprende que se equivocó por partida doble, al creer que su esposa le era infiel, sin serlo, y al matarla, dominado por esa falsa creencia.

O, Macbeth, que, se siente atrapado por la pasión del poder, por la ambición o el deseo desenfrenado, de apoderarse del trono que ocupa el rey Duncan, cuando, al regreso del campo de batalla con su compañero Banquo, encuentra a tres brujas, que le pronostican, que algún día será rey. Profecía, que, al comunicársela a su esposa, lo convence de matar al rey, al que le debía lealtad, para, precisamente, cumplir esa profecía. Ambición tan fuerte, que lo empuja a matar a Banquo, el otro candidato mencionado por las brujas para serlo, y, así, evitar que algún día llegue a ser rey, su lugar. Sin embargo, con el tiempo, su esposa siente grandes remordimientos, por haber estimulado a su marido a cometer este crimen. Remordimientos, que la llevan a suicidarse. Y, Macbeth, también, finalmente muere, luchando, contra Macduff, un barón leal a rey asesinado.

O, Hamlet, que, al saber por boca del espectro de su padre, que Claudio lo ha matado para quedarse con el trono de Dinamarca, decide matarlo, para vengar su muerte, y, cumplir, además, la voluntad de su padre asesinado. Decisión, que se convierte en un poderoso deseo, en una fuerte pasión, que sostiene y conduce, a partir de ese momento, su vida, hasta que muere, al ser herido por Laertes en un duelo, por su espada envenenada, no sin antes, haber herido de muerte con esa misma espada, al rey usurpador, cumpliendo así, su deseo de vengar a su padre. 

La vida de estos personajes atrapados por diferentes pasiones, de los celos, el poder y la venganza, nos muestran que, cuando, un ser humano, queda sometido y entregado a una pasión, a un deseo poderoso y desenfrenado de alguien o de algo, le da a su vida una gran fuerza para vivirla, Pero, sobre todo, nos enseña, que obra de esa ciega pasión que lo domina, puede terminar matando a alguien, para poderla realizar. La fuerza de este deseo que forma el sustento de la pasión es tal, que, lo lleva, sin mayores reservas o resistencias, a transgredir los límites normativos esenciales que se ha dado o que reconoce como válidos para todos. El dominio de la pasión que vive lo lleva a sentir como irrisorio, insignificante e innecesario este límite normativo esencial. Pues para él, lo único verdadero y real que existe, es la pasión por cumplir el poderoso deseo que tiene, y, que, lo empuja o puede empujar, si lo considera necesario, no solo a quitarle la vida a enemigos o rivales odia, sino también, al extremo de quitársela a quienes ama, como lo hizo Otelo.

Pero, además, la muerte final de estos personajes, nos revela otra verdad esencial de la vida de los seres humanos: la de que, cuando un ser humano mata a otro, impulsado por una pasión que lo domina termina, matándose a sí mismo. Pues, cuando alguien dominado por una pasión, mata a otro, se “mata” o destruye a sí mismo, como ser humano, es decir, destruye el valor y la calidad moral de su ser.  

Ciertamente, los deseos apasionados, que pueden surgir en una persona, no lo conducen siempre a repetir o realizar estos actos criminales, que realizan estos personajes dramáticos de Shakespeare. Sin embargo, este es un deseo de matar, le puede botar claramente, si se encuentra con otra u otras personas, que se oponen activamente a la realización del deseo que vive con pasión. De ahí, que estos personajes lo que hacen es realizar este deseo de matar, que casi, de manera invariable, le brota a todo ser humano, cuando se encuentra en una situación semejante. 

Pero, además, la vida y conducta de estos personajes dominados por diversas pasiones nos enseñan, algo más igualmente importante y significativo: que los motivos, que generalmente, suscitan en los seres humanos estas pasiones son engañosos, irreales o falsos, es decir, que toda persona que se entrega a una pasión, lo hace porque es víctima de un engaño que se hace a sí misma, o, que, le hacen otros.  Así, Otelo, siente unos celos ciegos y apasionados, que lo conducen a matar a su amada esposa, porque Yago le hizo creer falsamente, que le era infiel, convirtiéndose, en la víctima de este engaño deliberado, que le engendra esos celos poderosos, que lo llevan a matar a su esposa. Y, al hacerlo así, la convierte en una víctima inocente, del engaño, del que fue, a su vez, víctima. Por su parte, Macbeth, se engaña a sí mismo, creyendo en la profecía “engañosa” de unas brujas, que le dicen, que va ser un día rey. Engaño, que, asume como una verdad esencial de su vida, y, que, le hace brotar el deseo poderoso de serlo a toda costa. Y, Hamlet, a su vez, aprende la verdad sobre la muerte de su padre, a través de su espectro fantasmagórico e irreal, que se le aparece un día, para contársela. Es la imagen espectral de su padre muerto, la que le habla, para hacerle saber esa verdad de su muerte. Y, para pedirle, que la vengue matando a quien lo mató, a Claudio. Noticia, que, cambiará radicalmente el rumbo de su vida, al hacerle surgir el deseo irrefrenable de cumplir ese deseo del espectro de su padre, que, convierte, en su propio deseo.

De tal modo, que cuando una persona queda atrapada en una pasión, se convierte casi siempre víctima de un engaño, de un falso motivo, que la provoca y la hace surgir. Las pasiones, son en regla general, fruto de un engaño. Entre mayor sea el engaño que sufre alguien, mayor o más intensa, será la pasión, que sienten en su interior. Pues, toda persona dominada por una pasión fundada en u falso motivo, no solo lo empuja a actuar de una manera injusta, contra otro u otros, sino también, le impide verlos y juzgarlos, tal como son o se conducen en la realidad. Por eso, solo cuando esa persona descubre el motivo o los motivos engañosos que la provocan, puede comenzar a desembarazarse de su poderosa su presencia, o por lo menos, debilitarla. Y, así, podrá volver a ver y juzgar a las personas, que han quedados envueltas por esa pasión en su verdadera realidad, tal como son en verdad. Por eso, Shakespeare, a través de estos personajes de sus obras dramáticas nos muestra y describe profundamente la realidad de las pasiones humanas. Y, también, nos ofrece una razón poderosa y válida para criticarlas: la de que son obras del engaño.

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