Hoy la presencia magistral de Cervantes en la literatura resulta indiscutible. Inauguró la novela moderna con Don Quijote y la novela corta con las Novelas ejemplares. Su modernidad consiste, paradójicamente, en ser deliciosamente arcaico.
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El dominio de la pasión que vive lo lleva a sentir como irrisorio, insignificante e innecesario este lĆmite normativo esencial. Pues para Ć©l, lo Ćŗnico verdadero y real que existe es la pasión por cumplir el poderoso deseo que tiene…
La literatura, para sobrevivir, tiene que estar recreĆ”ndose. La literatura se alimenta de literatura y en ese auto parasitismo creativo circulan los textos por caminos interminables. Escribir serĆ” entonces siempre reescribir. Como un aguacero interminable. Agua y cero o lo contrario: cero aguas.Ā
El paso completo y definitivo del reino de la necesidad de trabajar al reino de la libertad del trabajo, de la obligación coactiva de trabajar, es en gran medida un paso que la humanidad nunca podrÔ dar.
Ćl sabe que no puede casarse y amar a una mujer, segĆŗn su particular forma de pensar, eso resulta imposible, y asĆ empieza su dilema: deseo o deber, necesidad o azar, alma o cuerpoā¦
El acto de venganza que Hamlet se propuso llevar a cabo, no solo nace del deseo que siente de liberarse del dolor, sino también del hecho de considerarlo un acto justo: la de castigar con todo derecho, a quien no solo le quitó violentamente la vida a su padre sino, ademÔs, lo despojó de su poder.
El jardĆn encarna un acceso al vacĆo, donde se anulan los contrarios, donde se reconcilian la vida y la muerte, una plenitud instalada en el silencio y la quietud. El jardĆn es la conciencia, la extensión de quien lo cuida, la energĆa que se funde y se prodiga como corriente alterna.







