El arte que se manifiesta en las procesiones

Más allá del sentido espiritual de la conmemoración católica, durante la Semana Santa de Guatemala el arte se toma las calles.

Ana Lucía Mendizábal

marzo 29, 2026 - Actualizado marzo 28, 2026

Foto: Archivo Ministerio de Cultura y Deportes

Aunque cada vez son más los cortejos procesionales que recorren los centros urbanos del país durante la Cuaresma, en la Semana Santa sucede algo notablemente diferente. Calles y avenidas en las que normalmente circulan miles de vehículos, se transforman durante varias horas. El pavimento se llena de colores y diseños, y tanto vecinos como visitantes transitan a pie. Normalmente caminan en grupos familiares o de amigos, hasta encontrar un espacio que les permita observar el paso de las andas, cargadores, bandas musicales, y por supuesto, las interminables decenas de vendedores ambulantes que abren ese desfile que, además de recordar la pasión y muerte de Jesús, también propicia el encuentro entre guatemaltecos de distintos estratos sociales que en esta época, como en ninguna otra se conectan con diversas manifestaciones artísticas.

Imágenes patrimoniales, andas gigantescas y algo más

Aunque es una tradición católica, traída al país por los españoles en el siglo XVI, la conmemoración no se trata solo de expresiones religiosas, porque las manifestaciones estéticas y artísticas tienen una fuerza histórica sumamente importante. Tal como lo señala Juan Manuel Barrientos, jefe de Cerebiem, el arte que se cultivó a partir de los 1500 en el centro de Guatemala tiene sus propias características de calidad y belleza. Entre las imágenes más icónicas y que tienen, al menos, 350 años de antigüedad se encuentran Jesús de la Merced, el Cristo Yacente del Templo de Santo Domingo, Jesús de Candelaria y Jesús de Los Milagros.

La escuela escultórica, que a partir del siglo XVI se desarrolló en Santiago de los Caballeros (hoy la Antigua Guatemala) se caracterizó por un barroco un tanto tardío, enfocado en el realismo dramático. Los talladores y escultores utilizaron técnicas como el estofado y encarnado para lograr mayor realismo.  

Pero el arte visual no se queda en las imágenes talladas en el pasado. Alrededor de ellas se construyen altares y andas sobre las que se lucen estas esculturas de gran belleza. Las andas no solo se distinguen por su gigantesco tamaño, sino también por la manera particular en la que se ornamentan año con año. Entre los muebles procesionales más grandes se encuentran la del Cristo Yacente del Calvario (Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios) que cuenta con 140 brazos; la de Jesús de los Milagros del Santuario Arquidiocesano de San José, con 124 brazos y la de Jesús Nazareno de Candelaria con 120 brazos.

Capítulos aparte merecen los trabajos de arte efímero. Alrededor de la elaboración de las alfombras año con año se reúne familias, vecinos y miembros de las comunidades de todo el país, para la representación pasajes bíblicos, mensajes de fe y llamados a la reflexión, a través de diseños que duran apenas unas horas, pero que tienen un significado profundo.

Otra de las maneras efímeras de mostrar la devoción son los altares que se elaboran tanto dentro fuera de viviendas e iglesias, en las que suelen colocarse réplicas de imágenes piadosas, velas, flores y otros ornamentos tradicionales. El Jueves Santo los templos católicos viven una jornada especial con la tradicional

Marchas fúnebres e instrumentos ancestrales

Entre los elementos culturales más representativos de la Semana Santa de Guatemala se encuentra el que es considerado un género musical propio del país: las marchas fúnebres. Esta manifestación musical recibió la distinción como Patrimonio Cultural Intangible de Guatemala a través del Acuerdo Ministerial 362-2011 del 12 de abril de 2011.

Músicos de toda las edades integran las bandas que acompañan las procesiones.

Hay algunas marchas que son reconocidas por la población como las más populares. Entre estas se pueden mencionar La Fosa, de Santiago Coronado; Cristo Rey, de Miguel Zaltrón; Mater Dolorosa, de Julia Quiñónez; Jesús del Consuelo, de Fray Miguel Murcia y Una Lágrima, de Manuel Moraga.

Además, se encuentran A los pies del Maestro, de Víctor Manuel Lara Gaitán; Camino al Gólgota, de Julián Paniagua; Desolación, de Monseñor Enrique Castro; Señor de la Merced, de Salvador Iriarte, y Martirio, de Alberto Velásquez Collado.

Las influencias musicales europeas que marcaron al naciente género guatemalteco vinieron en los siglos XVII, XVIII y XIX con creaciones de músicos como Frédéric Chopin, Gustav Mahler, Ludwig van Beethoven y Franz Liszt, además de las marchas populares que acompañaban los cortejos procesionales en Sevilla España.

En el estudio, Marchas Fúnebres: La Vía Sacra Musical de la Semana Santa en Guatemala, Celso Lara menciona que la marcha fúnebre guatemalteca más antigua fue la que acompañaba la procesión intramuros del Cristo de los Reyes de la Catedral de Santiago de Guatemala en 1594. Según Lara, la partitura de esta obra fue descubierta por el historiador Enrique Anleu Díaz en los archivos de la Catedral Metropolitana.

En su tesis, Marchas fúnebres en la Guatemala actual, análisis y caracterización musical, Jacobo Nitsch señala: “La instrumentación para la interpretación de marchas fúnebres, es similar a la utilizada en una banda marcial, a excepción de cornos franceses, flauta transversal y saxofón”.

La Semana Santa de Guatemala fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el 30 de noviembre de 2022. Esta distinción otorgada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) enfatiza en las prácticas, saberes y tradiciones alrededor de su celebración.

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