Thomas Mann, el fascismo y la actualidad

Quizá, como una última reflexión, vale la pena considerar que, si tenemos reglas para la convivencia, no tiene mucho sentido pegarle un tiro al árbitro.

Rogelio Salazar de León

agosto 16, 2026 - Actualizado agosto 10, 2026

La montaña mágica de Thomas Mann es su novela más conocida y, quizá, hay razones para que sea también la más importante, si se piensa que dentro de todo lo que su obra dio de sí, esta novela bien puede ser algo como el núcleo; si bien es cierto que la obra del autor es muy extensa, hay que considerar que Los Budenbrock es anterior y El Doctor Faustus es posterior, de modo que La montaña mágica flota en medio de ambas, como el equilibrio de la obra completa.

Si se sostiene que La montaña mágica es una obra de plena actualidad, es porque su tema primordial es el desconcierto de la civilización, lo cual se puede comenzar argumentando al recordar que la fecha de su publicación es el año de 1924, un punto en medio de los dos conflictos mundiales que tiñeron la primera mitad del siglo XX, es decir, un momento de heridas que han quedado abiertas, y que llegaron así hasta 1939, momento de la invasión nazi a Polonia.

De modo que Thomas Mann, por entonces, vivía en una Alemania gobernada por el régimen de la República de Weimar, una regencia inspirada en la ilustración que brilló en esa ciudad centro-alemana de la mano de la amistad entre Goethe y Schiller, el régimen fomentaba las libertades ilustradas en medio de una crisis económica generalizada y, en Alemania, agudizada por las duras condiciones de la paz suscrita en Versalles al final de gran guerra, todo lo cual, ayuda a configurar un gobierno débil, plagado de crisis que, como es bien sabido, ha sido el mejor caldo de cultivo para el surgimiento y crecimiento del fascismo, no sólo en Alemania, sino también en Italia, España y Portugal.

Esos son los hechos de hace cien años que, sin dificultad, es posible afirmar que hoy, en alguna medida, están siendo replicados, todo como si el fascismo buscase su retorno cien años después.

La montaña mágica cuenta una historia que sucede en un lugar que no se nombra (Thomas Mann rara vez identifica dónde suceden sus tramas), pero todo el mundo entiende que el sitio es Davos, en las montañas alpinas de Suiza, allí está ubicado un sanatorio destinado a enfermos de los pulmones, adonde van a pasar largas temporadas para restablecerse mediante aire limpio y dietas favorables.

El personaje de la novela, un joven puro e ingenuo de nombre Hans Castorp llega a ese lugar a visitar a un amigo recluido; la novela narra cómo, poco a poco, Hans se va quedando allí, hasta ser un recluido más en el sanatorio; toda la historia se cuenta como si de un contagio se tratase, desde luego, sin que sea expresamente declarado.

La visión médica de la tuberculosis es la de una mancha en el pulmón, una mancha que crece y se extiende hasta que impide que el pulmón cumpla su función de surtir oxígeno a todo el sistema, para que todo termine en el dramático final de la asfixia y el subsecuente colapso.

Hans Castorp queda atrapado en el sanatorio de tuberculosos, como si una especie de contagio lo hubiera alcanzado, pero lo notable es que, así como su cuerpo permanece atrapado en el sanatorio de alta montaña, así también su alma queda atrapada en el desasosiego de la época, en la atmósfera de la disputa, de la riña intelectual, de la polarización, diríamos hoy.

Ese choque es entre Setembrini, el ilustrado partidario de la luz y Nafta el radical partidario de la oscuridad; mientras el primero defiende las instituciones liberales y democráticas asociadas al progreso, el segundo propugna por el lado oscuro y soterrado no siempre reconocido, pero siempre presente.

Entre esas dos posturas, una representa a la débil República de Wiemar y la otra representa al naciente irracionalismo fascista; al escribir La montaña mágica, Thomas Mann no toma partida por ninguna, simplemente, hace oscilar como un péndulo el alma de su joven protagonista.

La novela termina con Hans Castorp, luego de haber pasado por el sanatorio, tomando parte de acciones militares en un frente de guerra, que es fácil imaginar como uno de los conflictos que asolaron Europa durante la primera mitad del siglo XX, sucumbiendo con su cara estrellada en el campo de batalla.

Al principio se decía que el tema de fondo de La montaña mágica es el desconcierto de la civilización, en un momento en el que los principios ilustrados se muestran débiles, frágiles y vulnerables ante la barbarie del avance fascista.

¿Acaso, no estamos hoy ante un momento análogo…? Hace cien años, Thomas Mann no toma partido, lo más seguro es que luego se haya arrepentido, al menos, eso se puede pensar si se considera su posterior Doctor Faustus. Quizá, como una última reflexión, vale la pena considerar que, si tenemos reglas para la convivencia, no tiene mucho sentido pegarle un tiro al árbitro.

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