Ilustración: Reedit Art
Es bien sabido que al mediar el siglo XIX Herman Melville publicó Moby Dick, una novela desmedida, desmesurada, más bien, habría que decir, una novela inconmensurable, una novela del tamaño del orbe, más allá de que conforme la novela avanza, se advierte que el espacio que ocupa y cubre es el mundo entero, que el espacio por el que discurre la navegación del Pequod son los siete mares.
¿Qué expresa Moby Dick, más allá de las aventuras acuáticas de un barco ballenero…?
De entrada y de acuerdo con los cuidados éticos y ambientales de hoy, habría que decir que Moby Dick expresa un mundo salvaje, ante lo cual, la siguiente cuestión que surge en seguida es: si ese mundo salvaje expresado por Melville, realmente, ha quedado atrás o no, es decir, si en efecto las cosas hoy son como nos gustaría decir que son o no.
En 1851, cuando Melville publicó Moby Dick, los Estados Unidos de América ya han clausurado la revolución que terminó con el dominio británico y en consecuencia dio origen a la nación, sin embargo, la conformación o, mejor sería decir, configuración de los Estados Unidos está lejos de ser completada; y eso se hace evidente muy rápido: una década después de la publicación de Melville, porque la guerra civil entre los estados del norte y los estados confederados, esclavistas del sur, finalmente, dará forma a una nación que, luego de atravesar el infierno de la guerra, entra en el siglo XX con paso firme, a cambio, eso sí, de un precio muy alto que ha pagado en violencia y sangre.
En la medida en que la literatura, entre otras cosas, cumple la función de relacionar el tiempo con algo que puede entenderse como la puesta en práctica de la consciencia de sí mismo, bien podría afirmarse que Moby Dick, la novela de Melville despliega una enorme violencia, como presagio de la violencia que está por venir, como expresión de un saber inexplicable o, más que eso, un saber indescifrable, cabalístico y conjetural diría alguien por ahí, como expresión de algo que se percibe con sólo respirar la atmósfera.
Hoy la Casa Blanca está presidida por un capitán que ya ha navegado por esos mares antes, como le había pasado al capitán Ahab de Melville; no es difícil percibir que el actual capitán de la Casa Blanca de Washington regresó marcado de sus anteriores navegaciones (justo, como regresó el capitán Ahab, sin una pierna de sus luchas con la ballena blanca), lo cual enloqueció su memoria, hasta la instalación de una sola idea fija: matar a la ballena blanca, así sea a costa de toda su tripulación y de su propio barco.
Si la Casa Blanca de Washington fuese el barco que se llama el Pequod, y si la obsesión de volver América grande de nuevo fuese el monstruo marino con el que se ha luchado y se está dispuesto a seguir esa lucha por todos los confines del mundo… ¿qué podría ser lo que está por pasar…?
Tags: Casa Blanca Donald Trump Herman Melville Moby Dick Portada








