Enrique Gómez Carrillo, después de su debut literario en España con Esquisses (1892), logró instalarse rápidamente en la primera línea de la prensa española, y a los 23 años se convirtió en el miembro más joven de la Real Academia Española.
Había comenzado precozmente su carrera periodística en Guatemala, escribiendo en el primer Imparcial, diario dirigido y fundado por el periodista de origen francés August Mulet de Chambó. A sus apenas 16 años, guiado por un espíritu contestatario e inquieto, se atrevió a criticar duramente la obra de José Milla y Vidaure, entonces considerado el escritor nacional por excelencia y lectura obligada en los centros educativos y entre las clases medias y altas.
En una ocasión, en el Teatro Nacional, adonde Gómez Carrillo había asistido con su padre, fue abucheado e insultado por el público. El joven cayó en una depresión. Pocos meses después llegó a Guatemala Rubén Darío para fundar el Diario de la Tarde y le dio empleo como reportero. Darío intercedió ante el presidente de la República, Lisandro Barrillas, para que se le otorgara a Gómez Carrillo una beca para estudiar en Europa. Viajó entonces para no volver a residir de forma permanente en Guatemala, salvo en contadas estancias breves. Entre París y Madrid se consolidó como cronista y fue reconocido no solo en esas urbes, sino también en Buenos Aires y otras capitales hispanoamericanas. Fue el recorrido exitoso de un joven que pasó de una depresión temprana al triunfo profesional como escritor y periodista.
La prosa modernista significó una especie de globalización literaria e informativa a través de grandes periódicos como El Liberal, en Madrid, y La Nación, en Buenos Aires. La consolidación de Gómez Carrillo y otros modernistas como escritores profesionales se apoyó en buena medida en las regalías pagadas por los grandes diarios españoles, como El Liberal y ABC, y en Latinoamérica por La Nación y La Razón.
El periodismo en castellano debe mucho a los modernistas latinoamericanos, con las figuras centrales de Darío y Gómez Carrillo, junto a nombres como Manuel Gutiérrez Nájera, Máximo Soto Hall, Amado Nervo, Ricardo Jaimes Freyre, Manuel Díaz Rodríguez, Juan José Tablada, Barba Jacob, León Pacheco, Roberto Brenes Mesén, Salomón de la Selva, Arturo Ambroggio, Rafael Cardona, Rafael Estrada, Toño Salazar y Luis Bonafoux Quintero.
El periodismo en lengua española se hizo más literario con Gómez Carrillo, mientras que la literatura se afincó en la experiencia vivida: escribir sobre lo que se veía y lo que se experimentaba in situ, a diferencia de lo que la imaginación podía construir desde un escritorio.
¿Qué entendemos por crónica? Un género o subgénero característico del modernismo, de naturaleza híbrida, resultado de la confluencia del ensayo, la semblanza y la descripción. La crónica se presta a la experimentación y a la indagación subjetiva de cualquier temática. Por su brevedad, al estar integrada en publicaciones periódicas, no llega a ser un ensayo. Su estructura mantiene afinidades con el reportaje.
Conviene distinguir la crónica modernista de la crónica antigua o medieval y de la crónica de Indias, que registraba hechos de la conquista y de la Colonia. La crónica clásica deriva del término griego khronika biblía, que en latín se transformó en chronica, es decir, relato en orden temporal.
La crónica modernista fue leída profusamente por un público letrado de clase media en las grandes capitales hispanohablantes: de Madrid a Buenos Aires, pasando por México, La Habana, Santiago de Chile, Bogotá, Lima y Montevideo.
Gómez Carrillo alcanzó el rango de director general de El Liberal de Madrid entre 1916 y 1917, diario muy importante por su tirada, su cobertura nacional e internacional y la calidad de sus textos. El escritor y crítico español Rafael Cansinos Assens recuerda una visita a la redacción del periódico, donde fue recibido por un dinámico Gómez Carrillo trabajando en mangas de camisa junto a su equipo, en particular sus redactores estrella, el célebre Leopoldo Bejarano y Larios de Medrano. Cansinos Assens destaca las ideas renovadoras que Gómez Carrillo le expuso, anunciándole sus planes de fundar una gran revista.
¿Cuáles fueron los aportes centrales de Gómez Carrillo durante su dirección de El Liberal? En primer lugar, una reorganización del periódico con la intención explícita de abarcar de manera amena tres dimensiones:
- información y noticias;
- debate político y cultural, junto a crítica literaria y artística;
- entretenimiento mediante textos novedosos y de creación literaria.
Su biógrafo Alfonso Enrique Barrientos sostiene que «la influencia del escritor guatemalteco en el desarrollo del periodismo español e hispanoamericano ha sido reconocida en la península y no será omitida en la historia del periodismo español, porque fue un innovador». Por su parte, el célebre reportero español Leopoldo Bejarano afirma:
«El paso de Gómez Carrillo por El Liberal marca una línea divisoria entre la vieja y la nueva prensa. Él es quien da por primera vez importancia en el periódico madrileño a cosas que antes no la tenían. Eso era pan de cada día en la prensa inglesa y francesa, pero a él le corresponde, incuestionablemente, la gloria de haberlo injertado en nuestros periódicos».
En lo relativo a la entrevista, Gómez Carrillo fue uno de sus pioneros y la consolidó como subgénero específico. Desarrolló un concepto propio que expuso en su breve ensayo El culto de la interview, donde resalta la importancia de no intervenir en la voz del entrevistado para alcanzar una comunicación ideal basada en la empatía.
Lo mismo puede decirse del reportaje, donde insistía siempre en la relevancia de la perspectiva personal y subjetiva. En términos contemporáneos: «Yo estuve allí, yo lo vi».
Debe mencionarse también su original uso de las encuestas tanto en El Liberal como en revistas, siendo de gran impacto su encuesta de cinco preguntas sobre el modernismo. Asimismo, su trabajo como corresponsal de guerra durante la Primera Guerra Mundial produjo cientos de crónicas y reportajes desde el campo de batalla, compilados luego en libros que fueron un éxito de ventas. Dos de esos títulos han sido reeditados por Ediciones del Viento, fundada por Javier Reverte, Fernando Savater y Soledad Puértolas.
Las revistas Nuevo Mercurio y, sobre todo, Cosmópolis, se convirtieron en plataformas de debate, información y difusión del modernismo. Como ha señalado el investigador español Juan Manuel González Martel, Gómez Carrillo fue fundador de revistas y director de publicaciones periódicas. González Martel, tras años de investigación, ha clasificado e interpretado la extensa obra del cronista guatemalteco. Afirma el académico canario:
«En unas décadas de los siglos XIX y XX en que la creación literaria se volcó en las páginas de las publicaciones periódicas, el conocidísimo cronista guatemalteco fue de los escritores más presentes en la prensa de la lengua española, a lo que se sumó que sus otras facetas de literato estuviesen igualmente vinculadas a periódicos y revistas».
Gómez Carrillo fundó Nuevo Mercurio en 1907 con el propósito de afianzar la renovación modernista hispanoamericana. Continuó después con el sueño de editar una gran revista que uniera ambas orillas del Atlántico. Así, en 1919 refundó la revista Cosmópolis, de la cual fue director. Publicó 37 números mensuales hasta 1922. Cosmópolis fue la primera gran revista intercontinental, con un tiraje extraordinario para la época y llegaron a circular 45 números. Se vendía tanto en España como en América.
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