Redescubriendo a Zaculeu o porque tenemos miles de años

Existe una curiosidad no satisfecha sobre el pasado, sobre la historia local. Muy pocas veces se toman en cuenta las realidades locales, pero tienen un potencial para el avance de las disciplinas científicas históricas.

Javier Calderón Abullarade

julio 27, 2025 - Actualizado julio 26, 2025

Zaculeu. Foto: Wikipedia

En un día soleado y sin nubes de 1988 fui con mi familia a las ruinas de Zaculeu. En lugar de ir a cazar tepocates y perseguir cutetes a la orilla del río Piedras Negras o de ir a remar a la laguna de Ocubilá, fui a jugar de subir y bajar corriendo las escaleras de los templos blancos. Al final de ese año, el titular de la revista Crónica número 56, del año 11, decía “La Pasamos Peleando: El Enfrentamiento y la Polarización Fueron la Constante en Guatemala”. Pero en la página cincuenta de la revista, el Ministerio de Comunicaciones publicitaba el mejoramiento y pavimentación de las vías de acceso al lugar turístico de Zaculeu. Y aunque la pavimentación se realizó algunos gobiernos después, esta era la segunda vez que alguien se interesaba por el destino de las ruinas, desde que la United Fruit Company (UFCO) investigara y “restaurara” Zaculeu en la década de 1940.

Fotografía propia del Tomo II del libro elaborado por la UFCO en la década de 1950.

Ese mismo día del ochenta y ocho, al bajarme de uno de los templos, le metí un dedo a la tierra de Zaculeu, forcé mi paso entre la grama y, no muy lejos de la superficie, descubrí lo que parecía una punta de flecha de obsidiana negra y brillante. Y cuando la puse a contraluz, se tornó morada y traslúcida, como una amatista. Si hubiera sabido la importancia de ese bello instrumento para la historia colectiva de mi pueblo la hubiera dado al museo, pero nunca nadie me enseñó algo al respecto; lo que supe después lo supe por “ósmosis social”, supongo. En cualquier caso, junto con mi colección de escarabajos de colores, esa punta de flecha fue mi segunda conexión física con mi identidad huehueteca. Pero entonces tenía seis años, era descuidado y perdí la punta de flecha (¿?)  en alguna de las grietas del piso de madera de mi casa. La busqué por días, pero lo único que encontré fue un cierto remordimiento por su desaparición.

Pero hace cuatro meses me enteré felizmente, gracias a José Molina Calderón, presidente de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala, que otro huehueteco había retomado las investigaciones arqueológicas en Zaculeu. Le escribí al licenciado Molina Calderón para preguntarle si tenía el contacto de quien estaba haciendo las nuevas excavaciones y me dijo que sí.

El 4 de junio de este año el arqueólogo Víctor Castillo presentó en la Academia de Geografía e Historia algunas reflexiones sobre la historia de Zaculeu. Con su investigación busca, entre otras cosas, información sobre la vida cotidiana de los mames durante la era prehispánica. Esta es una de tres investigaciones arqueológicas y antropológicas en Guatemala, coordinadas por el Instituto de Arqueología de la Universidad Jaguelónica de Cracovia – Uniwersytet Jagielloński, la universidad más antigua de Polonia. Es difícil transmitirles la relevancia de estos estudios, pero el segundo es sobre pinturas murales descubiertas casualmente en algunas casas de Chajul, que puede datar de los primeros años de la Colonia y que muestra los primeros pasos en la integración cultural española e Ixil. El tercer proyecto son excavaciones en Nakúm, Petén, sobre el periodo pre-Clásico maya. Y, aunque Víctor Castillo tiene al mundo a la espera de los resultados de sus excavaciones, que presentará al final de sus investigaciones, tuve la oportunidad de hacerle una breve entrevista sobre la relevancia de la arqueología en Guatemala y de la que transcribo una versión editada a continuación.

Víctor, ¿cuál creés que es la importancia de la arqueología para Guatemala?

La arqueología tiene la capacidad de motivar, de encender la imaginación, la posibilidad de ver otras historias que nos pueden contar otras líneas de evidencia más allá del texto, de la crónica, de la narrativa escrita. Sobre el] siglo XVI, durante la transición del mundo mesoamericano hacia la Colonia, los materiales arqueológicos no cuentan la historia de ganadores y de vencedores, sino de negociaciones, resistencia y sobrevivencia. La gente tiene la idea de un corte drástico, de que se acaba el mundo prehispánico y comienza el colonial, pero no es así.

La clave aquí es hacerles preguntas a los lugares. […] A mí me gusta esta frase aplicada a arqueología: para el marinero que no sabe a dónde llegar no hay puerto favorable. No es sólo estudiar el pasado por el pasado, sino saber a qué puerto puede uno llegar.

¿Cuál fue la importancia del trabajo de la UFCO en Zaculeu?

Con] la UFCO… la excavación arqueológica fue un buen trabajo, pero no tenían preguntas, no tenían curiosidad de preguntas históricas ni arqueológicas. Aun así, lo importante es el registro descriptivo de los arqueólogos, que ahora puedo leer y con el que puedo sacar mis propias interpretaciones.

También leí que hiciste investigaciones en Chiantla Viejo que desconocía, y me dio curiosidad la historia sobre un grupo de mames que se refugió allí durante la conquista K’iché del siglo XV y reconstruyó sus sitios religiosos para luego quemarlos y reconstruirlos durante la Colonia. ¿Por qué fue importante este sitio para ti?

Llegué a Chiantla Viejo con un set de preguntas sobre cambio social y religioso, pero la comunidad alrededor del sitio tenía sus propias preguntas sobre el pasado del lugar. Me preguntaron, por ejemplo, si allí había llegado la imagen de la Virgen de Chiantla o si Chiantla estuvo allí originalmente.

Hacer historia donde uno nació o uno creció tiene el beneficio de la inmensa curiosidad por saber sobre el lugar donde nací y crecí. […]. Y los marcos grandes pueden ayudarnos y guiarnos para responder preguntas existenciales que tienen las comunidades sobre sí mismas […].

Existe una curiosidad no satisfecha sobre el pasado, sobre la historia local. Muy pocas veces se toman en cuenta las realidades locales, pero tienen un potencial para el avance de las disciplinas científicas históricas. El interés por lo local es un gran motor que no hemos sabido aprovechar historiadores o arqueólogos locales y que es necesario para el avance de las ciencias históricas en Guatemala. Hay una conexión con los sitios arqueológicos en la memoria social, con los pueblos viejos y que lo vemos en varias comunidades independientemente del grupo lingüístico y étnico.

Y, ¿cómo creés que sea esta visión local importante para Guatemala?

Existe una identificación de las comunidades modernas, mayas o ladinas, con los sitios arqueológicos, hay una relación entre pueblos modernos y pueblos viejos (asentamientos originales donde estaban los pueblos antes de que vinieran los españoles). Hay una perdurabilidad de la memoria colectiva con la ubicación original de los sitios prehispánicos. Tenemos una conexión íntima con un lugar preciso. Nuestros pueblos no son fundaciones coloniales ni españolas: Chiantla, Huehue, Necta, Atitlán. Todas tienen una antigüedad venerable. No son comunidades artificiales para los fines del imperio español en el siglo XVI.

Durante la entrevista Víctor me explicó que los mames quemaban sus asentamientos al terminar algún ciclo o al deshabitar algún lugar. Chiantla Viejo no fue el único lugar que quemaron y reconstruyeron en su huida de los Kichés y de los españoles. Pero, lo más importante para mí fue ser consciente de que soy parte de una continuidad milenaria, que se creó antes de la Conquista y la Colonia española. Ciudad de Guatemala, Xela, Huehue, Flores y muchas o la mayoría de las ciudades y pueblos de Guatemala son antiguos asentamientos indígenas; no son creaciones artificiales españolas y simbólicamente no son ruinas, sino referentes presentes de nuestra identidad. Hay alguna razón profunda por la cual nos enorgullecemos de la resistencia mítica de Kaibil Balám o de Tecún Umán en contra de los invasores mexicanos y españoles; tal vez es porque nos inspiran un coraje asentado en una visión histórica sobre la justicia. La construcción de nuestra identidad no es algo que se deba crear e imponer desde arriba, tal vez es algo que ya pasa sin que nos demos cuenta, en nuestra experiencia cotidiana, y que debemos descubrir y promover.

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