Transformar el Cementerio General de Guatemala en un museo abierto

No se trata de convertir un espacio que tiene significaciones sagradas dentro de las representaciones socioculturales en un mero sitio turístico que rompa con los elementos profundos que son preponderantes para muchas personas, sino de dignificar el Cementerio General como lugar de historia y de muchas formas de lograr ese respeto por lo que contiene. El equilibrio puede lograrse y esto generaría múltiples beneficios.

Mauricio José Chaulón Vélez

junio 1, 2025 - Actualizado junio 1, 2025

Tumba de doña Agripita Sánchez, mausoleo en el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala. Foto: Wikipedia

Visito el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala al menos una vez al año, ya sea en octubre o noviembre, en el contexto de las festividades del Día de Todos los Santos y del Día de Muertos. Por lo regular, la visita es con mi padre y en los últimos años se ha sumado mi sobrino. Asistimos a las tumbas de seres queridos y luego a las de personajes históricos, disfrutando el recorrido con toda nuestra vocación de amantes de la historia y de la estética funeraria debido a lo que ésta logra integrar en simbolismos y belleza. Y siempre comentamos que es una pena ver que muchos de los mausoleos donde se encuentran sepultadas personas relevantes para la historia del país se hallan en un estado deplorable. Así mismo, otros están olvidados, y aunque su condición material no sea tan mala, ni siquiera existe información de quién es la persona inhumada más allá de la lápida.

El escritor ruso Lev Tolstói dijo que si alguien desea adentrarse en el conocimiento de un pueblo debe visitar su cementerio. Le doy absoluta razón. Los cementerios poseen información de sumo valiosa, comenzando porque se tiene contacto con personajes que tuvieron protagonismo en algún momento de la historia y aunque obviamente estén muertos, el contacto se da y esto genera algo especial en quien observa la tumba. También las lápidas contienen datos importantes, por mínimos que estos sean, no digamos la riqueza de los epitafios, siendo muchos de ellos de alto contenido lírico e histórico. Otro detalle es que, en los cementerios, bajo el dominio silencioso de la muerte que nos iguala a todos los seres humanos, pueden estar muy cerca quienes ideológicamente o en otras circunstancias estuvieron muy separados en la vida. En el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala, por ejemplo, se encuentran cercanos los mausoleos de Jacobo Árbenz Guzmán y Carlos Castillo Armas. El cementerio también permite acercarnos simbólicamente a esa persona que genera emociones diversas en nosotros, formando parte profunda de la cultura más allá de lo religioso. En un panteón como el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala, el más grande del país, todo esto se da en un marco estético que corresponde a diversos estilos del arte funerario de finales del siglo XIX y de varios momentos del siglo XX, donde la escultura, la arquitectura, la pintura y la lírica muestran importantes elementos dignos de ser admirados y estudiados.  

Con base a todo ello, cabe hacerse la pregunta de por qué el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala no es tomado como un serio y ambicioso proyecto de restauración y mantenimiento propio de su dignidad como lugar y espacio histórico. Podría establecerse un trabajo interdisciplinar donde participen el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, la Municipalidad de Guatemala, el Ministerio de Cultura y Deportes y la Universidad de San Carlos de Guatemala como principales instituciones estatales para hacerlo realidad. Se podría invitar a otras entidades públicas y a algunas privadas que tuviesen la voluntad de apoyar, siempre y cuando estas últimas no pretendan negociar una oportunista patrimonialización en las lógicas de apropiarse de lo que históricamente es de la sociedad guatemalteca para convertirlo en capital. El principal objetivo sería transformar el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala -con toda su riqueza material, histórica y cultural que posee-, en un museo abierto que tenga la función de ser un espacio didáctico para aprender mucho de la historia del país. Podrían priorizarse los mausoleos de personajes históricos que estén en condiciones precarias, restaurándolos. Se colocarían cédulas informativas en las tumbas de todas las personas que han tenido relevancia en la historia guatemalteca, ya que en el Cementerio General están célebres políticos, artistas, escritores, deportistas, profesionales, científicos, religiosos, intelectuales, luchadores sociales, entre otros, cuyo legado permite comprender de mejor manera diversos procesos histórico-sociales que configuran esto que llamamos Guatemala.

El Ministerio de Gobernación y la Policía Municipal capitalina brindarían la seguridad para que escolares, universitarios, turistas y cualquier persona pueda visitar con tranquilidad el Cementerio General, como una experiencia que al mismo tiempo puede ser para el homenaje a los seres queridos, se convierta en aprendizaje y engrandecimiento de la historia de Guatemala. Desde la Universidad de San Carlos serían la Escuela de Historia, la Facultad de Arquitectura y el Centro de Estudios de las Culturas en Guatemala las unidades académicas y de investigación propicias para este proyecto. Podría considerarse una biblioteca que contenga libros y distintos documentos especializados en arte, historia y cultura de Guatemala, así como obras de personas que estén sepultadas en el Cementerio General. No se trata de convertir un espacio que tiene significaciones sagradas dentro de las representaciones socioculturales en un mero sitio turístico que rompa con los elementos profundos que son preponderantes para muchas personas, sino de dignificar el Cementerio General como lugar de historia y de muchas formas de lograr ese respeto por lo que contiene. El equilibrio puede lograrse y esto generaría múltiples beneficios.

Si bien existen factores como las decisiones familiares sobre los mausoleos, los acuerdos de acatar la voluntad de los muertos respecto a sus tumbas y situaciones de presupuesto, un proyecto bien planteado y organizado puede resolver esos detalles en beneficio del altísimo valor histórico del Cementerio General de la Ciudad de Guatemala, redundando, sin duda, en provecho para la sociedad. Si se insiste desde distintas perspectivas seculares y religiosas sobre la importancia de no olvidar a nuestros muertos, que el Estado haga realidad esto con un proyecto del Cementerio General como museo abierto. Esto permitiría darle un mejor homenaje a quien ya trascendió y ha dejado memoria en el mar de la historia, tanto para sus familiares como para Guatemala, e inclusive algunas personas para el mundo.

Esta propuesta tampoco busca romantizar la historia a través de la muerte, porque no se trata de hacer apología de nadie y mucho menos negar la posibilidad de la historia crítica. El objetivo es dignificar el Cementerio General de la Ciudad de Guatemala como un lugar de memoria que posee todos los elementos para que se comprenda mejor la historia del país y que propicie esos debates y diálogos necesarios que debiesen constituir bases para generar discurso historiográfico y ampliar el conocimiento histórico.             

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