Picasso y Descartes

... Pablo Picasso, creó, como se sabe sus originales y novedosos obras cubistas reuniendo e integrando todas las partes de un objeto o una persona en la superficie de los lienzos. Tornando así visibles sus partes ocultas o invisibles para todos los que las observan de frente. Al integrar de nuevo en una imagen todas las partes de un objeto o de una persona, las hace simultáneamente visibles para todos los que vemos esa imagen.

Camilo García Giraldo

enero 4, 2026 - Actualizado enero 3, 2026

Los tres músicos (1921), de Picasso

Pablo Picasso, creó, como se sabe sus originales y novedosos obras cubistas reuniendo e integrando todas las partes de un objeto o una persona en la superficie de los lienzos.  Tornando así visibles sus partes ocultas o invisibles para todos los que las observan de frente.  Al integrar de nuevo en una imagen todas las partes de un objeto o de una persona, las hace simultáneamente visibles para todos los que vemos esa imagen.  Así, nos mostró a todos que no tenemos la necesidad movernos alrededor para verlos, o, moverlos en círculo para poderlos ver en la totalidad de sus partes externas, como naturalmente tenemos que obrar. Gracias a estas imágenes cubistas que creó, podemos, en cambio, ver la totalidad de sus partes sin necesidad de movernos, y, desde un mismo punto fijo del espacio.

Pero, la obra de Picasso tiene un significado mayor, más amplio y profundo de lo que él mismo, tal vez, pensó o imaginó. Se trata de que refleja o representa la aspiración muy propia de muchos hombres modernos de lograr ver la totalidad de realidad de la naturaleza y de sí mismos en un en un instante, o, en un lapso corto de tiempo. Aspiración, que les surgió con mucha fuerza gracias, precisamente, a los inventos técnicos como el telescopio y el microscopio con los que han podido ver seres, objetos y fenómenos de la naturaleza imposibles de ver con el simple ejercicio de sus miradas naturales.

El relato literario ficticio del Aleph de Borges nos muestra también una imagen semejante a las forjadas por Picasso. Pero, con dos diferencias fundamentales. La primera, que lo que ve Carlos Argentino Danieri en el sótano de una casa de Buenos Aires es la totalidad completa del mundo natural y humano a través del cristal de una esfera tornasolada. Él no ve solo todas las partes externas de un objeto o persona, sino la totalidad completa de los objetos, fenómenos y seres del mundo en ese instante del tiempo.  Y, la segunda, la de que Borges en vez de basarse en el uso de su razón analítica para escribir su relato, se fundó en la imagen del dios judío que tiene la capacidad sobrenatural de ver la totalidad del mundo en solo instante. Dios, que se reveló a los judíos a través del lenguaje verbal y escrito, y en especial según los cabalistas, a través del aleph, que es la primera letra de su alfabeto. Por eso, la esfera tornasolada en la que se refleja la totalidad del mundo es en realidad lenguaje del dios de los judíos con el que ve la totalidad del mundo.  Pero, más allá de estas diferencias, estas dos obras de arte tienen el gran valor de mostrarnos la existencia de ese deseo o aspiración poderosa de muchos hombres modernos de poder lograr ver un día todos los objetos y seres del mundo natural y humano de sus partes espaciales, y en un corto lapso del tiempo.  

Ahora bien, Picasso realizó, sin saberlo conscientemente, las operaciones mentales racionales propuestas por Descartes en su fundamental obra El discurso del método, y, que, consisten en los siguientes:  “Lo primero, dice Descartes, es no admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mí espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda. El segundo, dividir cada una de las dificultades, que examinare, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución. El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente. Y, el último, hacer en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada”.

En efecto, estas operaciones que formuló Descartes para obtener conocimientos de los que no se pudiera dudar, de los que pudiera estar seguro de que son verdaderos, las realizó Picasso, no para formular un juicio o concepto verdadero sobre algo de la realidad, sino para formar una imagen “verdadera” de un objeto o ser humano en la que aparezcan todas sus partes, inclusive las no visibles. Así, lo primero que tuvo que hacer Picasso fue observar el objeto o la persona que quería representar en todas sus partes integrantes, así tuviera que moverlo o moverla a su alrededor o moverse a su alrededor, para conocer, sin ninguna duda, sus formas y características. Después, las reunió con su mente creadora en una sola imagen en la que todas esas partes aparecieran o estuvieran presentes de manera simultánea. Imagen, que finalmente plasmó en un lienzo en donde podemos ver todas las partes constitutivas de ese objeto o persona, es decir, una imagen en la que todas sus partes, independientemente del punto o lugar en que se encuentran en el objeto o en la persona real, se hacen plenamente visibles. Picasso, terminó cada una de sus obras cubistas “haciendo en todo unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada”, tal como lo propuso Descartes.   

Por eso, la obra artística de Picasso es tributaria del método racional propuesto por el fundador de la filosofía moderna. Pues, Picasso se encontró con Descartes al realizar estas operaciones formuladas por él, para crear sus obras. Y, Descartes, halló una “confirmación” de la validez racional de estas operaciones metódico-racionales que propuso para hallar la verdad de una proposición o juicio donde, seguramente nunca lo esperó, en una obra de arte.

Este caso ejemplar nos muestra o nos recuerda, que todo artista emplea siempre un método o técnica de carácter racional, para crear sus obras. La razón no es ajena u opuesta al arte, como muchas veces se ha afirmado de manera ligera. Es más bien, una condición necesaria de su existencia. Sin usar la razón ningún artista puede crear una obra de arte que merezca ser tal. Ni siquiera los mayores enemigos de la razón, como los artistas románticos y surrealistas, pudieron evitar usarla en su labor creadora de textos literarios, imágenes pictóricas o cinematográficas. Pues, las imágenes oníricas que crearon, aparentemente irracionales e ilógicas, las compusieron, sin percatarse o sin reconocerlo, realizando estas operaciones racionales, parecidas a los que llevó a cabo Picasso, “escuchando” a Descartes. Ciertamente, con una importante diferencia, la de que en la obra cubista de Picasso estas operaciones se pueden ver y constatar con claridad, mientras que en las de los surrealistas, están ocultas. Son operaciones que no son visibles o perceptibles a primera vista. Solo se pueden ver, después de que un crítico u observador las muestre y las ponga en evidencia mediante una explicación racional.    

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