Cuando escribo esta columna nos encontramos en la época en que comienza a darse el cierre del ciclo escolar en Guatemala. Es octubre, y en sus días, extendiéndose en algunos casos hasta noviembre, finalizan las actividades en la mayoría de los centros escolares de preprimaria, primaria y educación media, incluyendo las universidades que culminan los programas regulares en el undécimo mes del año.
La excepción se encuentra en los colegios que trabajan con los sistemas estadounidense, canadiense y europeo, pero son los menos. Cada establecimiento realiza sus actos de clausura y graduaciones de diversas maneras, siendo una temporalidad de mucho movimiento en las finalizaciones escolares. Hubo una época en Guatemala que esto se utilizó como herramienta política y cultural para la hegemonía.
Cuando Manuel Estrada Cabrera asumió el poder en 1898, luego del magnicidio de José María Reina Barrios, el Hipódromo del Norte y su avenida fueron proyectados por el nuevo gobierno para sus objetivos ideológicos, que formaban parte de la lucha de clases y de las batallas por lo hegemónico en el campo cultural.
Ese mismo año de 1898, el mismo Estrada Cabrera mandó a construir un templo de Minerva como símbolo del pensamiento ilustrado y con el objetivo de realizar un gran acto público que ensalzara las virtudes cívicas e intelectuales desde la perspectiva liberal. Se inauguraron entonces las Fiestas Minervalias, en las cuales el presidente de la República, sus ministros y los estudiantes eran los protagonistas.
Con el Decreto 604 del 29 de octubre de 1899, Estrada Cabrera inauguró las fiestas y quedaron institucionalizadas. La idea original pudo haber sido de Rafael Spínola, secretario de Fomento, quien era fervientemente liberal. El discurso inaugural de las Fiestas Minervalias demostró el sentido liberal ilustrado: “Y nosotros, los que estamos tachados de carecer de creencias religiosas, solo porque rompimos las ataduras de la superstición y amamos la Libertad, también tenemos nuestro Dios, pero tan puro, que no encontramos ningún símbolo que lo represente, sino que lo adoramos en su esencia misma, que es la Sabiduría”. Esta exposición se encuentra en la siguiente obra de Spínola del año 1900: Moral razonada y lecturas escogidas, impreso en Guatemala por la Tipografía Nacional.
La diosa griega Atenea, que en Roma fue llamada Minerva, como exponente de la sabiduría, de las artes y protectora de los artistas y artesanos en la religiosidad grecolatina, fue la elegida para representar a la Ilustración y el pensamiento masón, todo ello de gran influencia en el segundo liberalismo de Guatemala.
De esa manera, el Estado restó hegemonía a los actos religiosos, aunque Estrada Cabrera, como la mayoría de los presidentes liberales, mantuvo consensos con la Iglesia. Por ello fue por lo que se decidió levantar una edificación que simbolizara los antiguos templos helénicos y romanos dedicados a Minerva.
El primer templo se cayó al poco tiempo de haberse construido; fue hasta la tercera de las Fiestas Minervalias que se inauguró uno nuevo y sólido, con bellos elementos artísticos helénicos que denotaban el amplio conocimiento renacentista y neoclásico de las personas que intervinieron en su diseño y construcción, todas ellas altamente especializadas en las técnicas y artes de su oficio: los planos estructurales fueron obra del ingeniero Rodrigo Molina, la fachada fue planteada por el ingeniero y arquitecto Manuel María Girón y la supervisión de la obra fue responsabilidad de los ingenieros Julio Behrens y Luis Paiella.
Las columnas las diseñó y elaboró el artista Antonio Doninelli, mientras que los relieves estuvieron a cargo del escultor venezolano Santiago González. El maestro de obras Salvador Navas fue uno de los supervisores generales y también trabajaron los artesanos Rafael Sotomayor y Maximiliano Larrazábal.
El estilo del templo se considera jónico-romano. Tenía seis columnas en cada lado y era de 25 metros de longitud. El estilóbato o plataforma era de dos metros de altura y dentro se realizaban los principales actos. Los relieves de Santiago González eran sobre temas alegóricos a la sabiduría, de acuerdo con los parámetros liberales, mientras que el tímpano se refería a la importancia institucional de las Minervalias. Quienes trabajaron en el diseño y construcción de esa obra eran de los más reconocidos maestros en su campo en aquel momento.
En los capiteles había medallones de los personajes históricos que representaban el sentido de la patria, como un panteón nacional que al mismo tiempo reflejaba los pactos entre los grupos hegemónicos: Cayetano Francos y Monroy, Francisco Marroquín, Pedro Molina, José Cecilio del Valle, Miguel Larreinaga, José Venancio López, Simeón Cañas, Alejandro Marure, Mariano Gálvez, Justo Rufino Barrios, Lorenzo Montúfar y Miguel García Granados.
En uno de los dinteles estaba la inscripción: “Manuel Estrada Cabrera, Benemérito de la Patria”. En el otro se leía “Manuel Estrada Cabrera presidente de la República a la Juventud Estudiosa”. En las Minervalias también se hacía alusión de que Estrada Cabrera era el protector de la juventud estudiosa, el jefe del partido liberal y el Pericles de Guatemala.
Así pues, en la zona del Hipódromo se pusieron en escena las relaciones simbólicas entre el gobierno de Manuel Estrada Cabrera y la sociedad liberal de la Ciudad de Guatemala, en una estética ilustrada propia de la modernidad de principios del siglo XX. Al lugar se le empezó a conocer como Parque Minerva. Las Fiestas Minervalias reunían artistas, escritores, poetas, cronistas e intelectuales diversos, en actos intergeneracionales que reforzaban las ideas del Estado-Nación guatemalteco desde la perspectiva liberal.
Fueron tan significativas que la primera filmación registrada en Guatemala en un gran evento data de octubre de 1905, precisamente en una de estas festividades, y estuvo a cargo de Carlos Valenti Sorié, padre del reconocido artista Carlos Valenti.
El mismo presidente de la República, es decir Estrada Cabrera, premiaba a los y a las estudiantes de los establecimientos educativos públicos y privados en un día específico. Maestros y maestras, profesores y profesoras, los niños, las niñas y los y las jóvenes debían de participar con sus mejores vestimentas, organizando también carros alegóricos a manera de carrozas, las cuales salían del Parque de Jocotenango, la antigua plaza del pueblo de indígenas desarraigados desde septiembre de 1879 por decreto de la dictadura de Justi Rufino Barrios, al templo de Minerva, que estaba ubicado entre lo que hoy el Diamante de Beisbol Enrique “Trapo” Torrebiarte y el Mapa en Relieve.
Durante el resto del año, el Hipódromo, el Parque Minerva y la Avenida del Hipódromo o de Minerva (hoy y desde 1924 Avenida Simeón Cañas) se constituyeron en el paseo de las personas, dentro de un ambiente campestre pero que era de la Ciudad. Esto era tomado de las planificaciones urbanísticas europeas, sobre todo francesas, alemanas, suizas, belgas y británicas.
El Parque Minerva y la antigua plaza de Jocotenango se convirtieron en los extremos de un trayecto elegante de la capital que en los días de término del ciclo escolar se convertía en ruta festiva para las premiaciones estudiantiles a través de la mano del señor presidente.
El cumpleaños de Estrada Cabrera era el 21 de noviembre, por lo que también se aprovechaban las Minervalias para darle más realce al mes del aniversario del jefe de Estado. A pesar de que se buscaba un engrandecimiento intelectual que rompiese con el dominio escolástico conservador que todavía estaba muy presente en los imaginarios, continuaba operando una lógica fundamentada en la exclusión y el racismo.
Esto puede evidenciarse con una nota publicada en el Diario de Centro América en 1905, enalteciendo el lugar para la opinión pública y el discurso oficial: “La iglesia humilde no queda ni en cimientos, donde antes se asentara un pueblo de a saber qué raza de indios; las chinamas se ven chatas, feas y grotescas al lado de los chalets. En el fondo del paseo donde antes quizás se extendía misteriosa arboleda penetrable solo para los enamorados que en ellas buscaban un refugio para las ternezas de sus coloquios, se levanta un templo a la sabiduría, como un faro que invita a un pueblo con su blanca luminaria de mármoles”.
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