Ilustración en la portada del libro El Aleph, de Jorge Luis Borges.
¿Puede un libro encerrar el universo…? ¿hay algo de realista en el proyecto de una enciclopedia…?
A más de alguien se le ha cruzado por la cabeza o por el corazón la idea de un libro que lo contenga todo, tal vez a Platón, tal vez a Dante, tal vez a Hegel, tal vez a Borges.
Según la Cábala, las letras del alfabeto son anteriores al universo, por supuesto que, tratándose de la Cábala, se habla del alfabeto hebreo.
Yahvé se sirve de esas letras para crear el mundo… ¿se trata de una potente metáfora o de una verdad literal…? Los cabalistas confían en que se trata de una verdad literal, porque el lenguaje crea la realidad, no la representa ni la reproduce: toda la realidad es alfabética, el universo completo cabe en la letra, en el alfabeto.
De cualquier manera, si occidente es cristiano es porque algo de judío carga a cuestas, ya sea para bien o para mal; de cualquier forma, el verbo “hágase”, pronunciado y escrito así, usando la forma impersonal, nos suena a todos, resuena desde el remoto Génesis.
En el cuento de Borges que se llama El Aleph (hay que aclarar que Aleph es la primera letra del alfabeto hebreo), un personaje de nombre Carlos Argentino Daneri (que, en el cuento, puede ser que cumpla diversos papeles, unos tácitos y otros expresos) consigue el favor amoroso de la inalcanzable Beatriz Viterbo (cuyo nombre propio reverbera en la Florencia de Dante).
Por su parte, Borges ha pretendido, ha deseado a Beatriz Viterbo, sin haberla podido alcanzar, tan inalcanzable una Beatriz como la otra, para los hombres de letras, tan inalcanzable la de Dante como la de Borges; quizá, esta cita del cuento de Borges sea necesaria e imprescindible: “…vi unas cartas en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph…”
Dante ha escrito La Divina Comedia, Melville Moby Dick, Balzac La Comedia Humana, Whitman Hojas de Hierba, Neruda El Canto General, todos libros plenos de plenitud y totales de totalidad; proyectos que para Borges han sido, más que improbables, imposibles del todo; su reacción frente a esa imposibilidad puede ser la escritura de El Aleph, que es su intento por nombrar eso que Borges llama: el objeto conjetural… más, un objeto de deseo que cualquier otra cosa, justo lo que ha sido Beatrice Portinari para el Dante medieval y Beatriz Viterbo para Borges.
“…Uno de los puntos del espacio que contiene todos los puntos…”, ha anotado Borges, como aproximación a ese Aleph, algo que Borges se resigna a honrar, a ensalzar, a venerar, casi surge la tentación de decir a idolatrar de lejos, a distancia; y es por esa distancia que, tanto Borges, como Dante pueden ver, comprender y amar a sus objetos deseados, pero, sobre todo, es por esa distancia que ambos son capaces de ponerlos en palabras, de trazar su escritura.
La estrategia de Carlos Argentino Daneri es poseer y no desear, que ha sido la de Borges; hay que decir que, según el cuento, Daneri también es poeta, un poeta que, al poseer, llena todos los huecos, todos los espacios vacíos, para él no hay gran diferencia entre hacer un poema y un inventario; por el contrario, Borges sí que logra sugerir toda la vastedad y, a la vez, toda la minuciosidad de El Aleph, y por ello, la vastedad y minuciosidad del amor, de Beatriz Viterbo, no porque lo incluya, sino porque lo deja afuera, al insinuarlo, al anunciarlo.
Lo que importa para Borges no es la enumeración o los elementos presentados en su obviedad, sino transitar por los vacíos, capaces de hacer sentir la totalidad de aquello que no puede ser dicho, de lo innombrable.
En fin, quién que haya estado enamorado alguna vez, se atrevería a afirmar que el amor está más hecho de ruido que de silencio, de furia que, de resignación, de fuegos artificiales que de noches estrelladas.
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