Pocos días faltan para que, el 11 de junio en el mítico estadio Azteca, se dé el pitazo inicial del Mundial de futbol. Esta edición será histórica y posiblemente única en su formato. Las tres naciones de la América Septentrional serán anfitrionas de otras 45 selecciones. Todas ellas buscarán la gloria deportiva, solo una la alcanzará. Sin embargo, quizás sea lo extradeportivo lo que más llame la atención. La edición previa al centenario, de los mundiales, dirá mucho de la situación del mundo actual.
Antes de 1930, la única cita internacional donde se jugaba futbol, más allá de los torneos continentales, era los Juegos Olímpicos. Pero, la edición de estos de los Ángeles de 1932, dada la nula popularidad de ese deporte en tierras americanas, no contemplaba esta disciplina dentro de su programa de competencias. Este hecho obligó a la FIFA a plantearse la necesidad de organizar un torneo mundial propio. Es así como se decidió que en 1930 se realizaría la primera edición de este campeonato. La sede seria otorgada a la potencia futbolística de la época, la bicampeona olímpica, Uruguay.
Ese primer evento fue muy distinto al actual. Pues, contó con la participación de 13 equipos de dos continentes, América y Europa. Jugándose los dieciocho partidos únicamente en Montevideo. La nación anfitriona no defraudó y se coronó como primer campeón. Al Imponerse en la final a su clásico rival de la otra margen del Rio de la Plata. Se estima que los asistentes a los estadios fueron en total, poco más, de medio millón de personas, siendo la radio el único medio tecnológico que transmitió los partidos a Argentina y a Brasil.
En esa ocasión el torneo logró desarrollarse en condiciones complejas, por no decir adversas. A las dificultades administrativas, la construcción del estadio Centenario se atrasó y se inauguró hasta el sexto partido, se sumó un contexto global convulso. Con las heridas de la primera guerra mundial aun frescas, los nacionalismos violentos en pleno avance en Europa y Asia. Así como, los efectos de la Gran Depresión en su apogeo, el primer mundial marcó la pauta para los siguientes veintidós. Únicamente las ediciones de 1942 y 1946 fueron canceladas, por los estragos de la Segunda Guerra Mundial.
Hoy en pleno 2026, al igual que hace noventa y seis años, el Campeonato también se enmarca en un contexto global incierto. La Guerra de Ucrania, las negociaciones arancelarias, el conflicto en Medio Oriente principalmente su escalada militar en irán y la dicotomía mundial entre china y EE.UU. Hacen que la geopolítica regrese a la era clásica, la de las relaciones directas de poder. Al igual que en la primera copa lo deportivo se jugó en un mundo convulso.
A diferencia de Uruguay 1930 que solo albergó partidos en su capital, ahora se jugará en 16 ciudades de tres países diferentes, Canadá, México y Los EE.UU. todos ellos con realidades diametralmente opuestas. Si bien es cierto están, desde 1994 estrechamente, ligados en los económico sus particularidades les hacen muy distintos. Además, recientemente sus gobiernos han tenido algunos pasajes tirantes. Principalmente por diferencias políticas, migratorias, sobre el abordaje de la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo o temas comerciales y de seguridad.
Regresando al ámbito deportivo y a los protagonistas. Varios son los equipos ausentes que llaman a la atención de la afición. La principal, sin lugar a duda, es la de Italia. La tetracampeona del mundo falta a su segunda cita mundialista consecutiva. Se le suman de la región europea Dinamarca y Rusia, suspendida por la guerra en Ucrania. Otras ausencias importantes son las de Costa Rica, Honduras y Jamaica quienes en la Concacaf han tenido presencia en esas citas.
En el caso de Guatemala no es su ausencia, lo que genera más molestias, sino la forma en que se da la misma. Una serie de malas decisiones administrativas demostraron, otra vez, que el problema del futbol nacional está en su dirigencia. Por inverosímil que parezca la “azul y blanco” no pudo jugar en el estadio nacional, ya que éste se encontraba en obras por problemas de gestión y de contratación. La carencia de la infraestructura mínima necesaria, que reúna las condiciones que la FIFA solicita, impidió que, como en otros años, el equipo pudiera presentarse en el interior de la República Esto obligó al once nacional a jugar en escenarios que no eran los óptimos, afectando su desempeño.
La improvisación, la falta de gestión y la opacidad de ciertos federativos privaron del sueño mundialista, una vez más, a millones de guatemaltecos. Siendo esta ocasión, quizá, en la que se tenía mayores posibilidades de clasificar. Ya que las llamadas tres “grandes” selecciones del área lo hicieron automáticamente al ser los organizadores del evento.
El deporte vuelve, en el año 2026, a ser un escenario donde se propicia el intercambio pacífico entre países que normalmente no pueden hacerlo. El caso más representativo de esto es Irán. La clasificación de la nación persa, actualmente en conflicto con los EE. UU., ha obligado a que los dirigentes de FIFA se empleen a fondo, en las técnicas de la diplomacia deportiva, para garantizar la participación de ese equipo.
Noventa y seis años han pasado desde el mundial de Uruguay. El mundo ha cambiado desde esa época de manera vertiginosa. El número de países existentes se ha triplicado. Imperios han caído y nuevas potencias han emergido. Guerras, héroes y villanos han desfilado durante este tiempo. Sin embargo, una de las cosas que parece incólume es la pasión por el fútbol. De todo esto los Mundiales de fútbol, en casi un siglo, han sido históricos testigos.
Este será el evento, deportivo o de entretenimiento, más visto en todo el planeta. Se anticipa que seis mil millones de personas lo vean. Los medios de comunicación y la tecnología han magnificado su alcance. El deporte vuelve a convertirse en el elemento unificador de todas las culturas. Brindando un periodo de euforia y emoción, al grito de gol, que trasciende fronteras y clases sociales. Con la única incógnita de descubrir: ¿cuál será la selección que se alce con la Copa en la final?
Nueva Guatemala de la Asunción, 31de mayo del 2026
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