El 9 de junio de 1974 fallecía Miguel Ángel Asturias en un hospital de Madrid, acompañado de su esposa Blanca y su hijo Miguel Ángel. Meses antes había dado su última conferencia en un congreso internacional sobre Bartolomé de las Casas, figura que admiraba, convencido que la reivindicación de los pueblos originarios debía ser una prioridad.
Asturias se inspiró en Las Casas para escribir su obra de teatro La audiencia de los Confines, publicada en Madrid por Cátedra en 1957. En esta obra logra transmitir una situación histórica que respira actualidad. El académico italiano Giuseppe Bellini consideraba que la figura de Las Casas, Apóstol de las Indias, Asturias la redime y resalta en nombre de la participación del fraile humanista en el drama americano. Asturias era sin duda un lascasiano convencido.
El año 2024 marca el quinto centenario de la invasión de Pedro de Alvarado a Guatemala, un suceso que no debería ser nunca celebrado, sino en todo caso debió haberse conmemorado y críticamente. No se le ocurrió a la Ministra de Cultura y su equipo que esta era una oportunidad de montar la emblemática obra teatral de Asturias La Audiencia de Los Confines.
La obra se sitúa en el contexto de la conquista y colonización, explorando las tensiones culturales y los conflictos de poder entre los colonizadores españoles y los pueblos indígenas. La obra gira en torno a la figura de Bartolomé de las Casas y cómo se convierte en defensor de los derechos de los indígenas. A Fray Bartolomé de las Casas lo llama Asturias por boca de uno de los personajes “Adelantado de Dios”, en contraposición con los otros Adelantados como Pedro de Alvarado.
En el escenario se presentan personajes como el propio las Casas, quien aboga por la humanidad de los pueblos originarios, y representantes de la corona española que ven a los indígenas como meros objetos de explotación. A través de un diálogo agudo y lleno de simbolismo, Asturias retrata las contradicciones en la lucha entre la codicia de los conquistadores y la dignidad de los indígenas. La obra está impregnada de elementos de la cosmovisión indígena, lo que la convierte en una reflexión profunda sobre la identidad y la memoria histórica.
Uno de los temas centrales de la obra es la crítica a la violencia y la opresión ejercidas durante la invasión, así como la defensa del derecho a la vida y la dignidad de los pueblos indígenas. Asturias, a través de la figura Bartolomé de las Casas, desafía la narrativa hegemónica, presentando un punto de vista que denuncia la injusticia y la barbarie que encierra la colonización. Levantar un discurso antihegemónico implica no solo un cambio en la terminología, sino también una reevaluación crítica de los eventos históricos desde la perspectiva de los oprimidos. La nomenclatura hegemónica en la narrativa histórica tiene el poder de perpetuar el suprematismo racial o lo contrario: fomentar la emancipación.
El teatro refleja el alma de un pueblo. Fue hace más de cincuenta años que, haciendo un gran esfuerzo, se puso en escena La Audiencia de los Confines. Entre las obras teatrales de Asturias podemos mencionar también Soluna, Las Casas: el obispo de Dios (1971), Cuculcán, Amores sin cabeza, La gallina de los huevos de oro y La adoración de los Reyes Magos. En 1964, la entonces poderosa editorial argentina Losada publicó un volumen con tres obras de Asturias: Chantaje, Dique seco y La audiencia de los confines.
Soluna (1955), es una obra teatral de carácter simbólico, mítico y metafórico que representa el encuentro y la tensión entre dos universos culturales en lucha y entendimiento: el Sol y la Luna. A través del motivo del eclipse, la pieza explora la contradictoria relación entre el mundo rural y el urbano guatemalteco, mostrando que, pese a sus diferencias, ambos comparten una misma necesidad de fe, ya sea desde la religión cristiana occidental o desde creencias ancestrales como el chamanismo. La trama, centrada en la pareja de Mauro y Ninica, utiliza figuras como la máscara y el curandero para provocar un desdoblamiento psíquico que borra los límites entre sueño y realidad, fusionando lo cósmico con lo humano. De este modo, Soluna se convierte en una metáfora total que, mediante elementos surrealistas y populares, reflexiona sobre la vida como ilusión, el misticismo y la búsqueda de armonía entre lo racional y lo irracional, así como la reconciliación de los contrarios.
La académica Lucrecia Méndez ha estudiado con rigor y profundidad el teatro de Miguel Ángel Asturias y en su ensayo «Asturias dramaturgo: una aventura de arqueología teatral» afirma: «Es probable que la producción dramática de Asturias no haya sido objeto de investigación porque se propuso, a su manera, desafiar los cánones centrales -literarios y de representación- desde una posición discursiva marginal.»




En cuanto a reseñas de representaciones teatrales de las obras del autor guatemalteco, no existe material abundante o significativo por la simple razón de que han sido puestas en escena muy pocas veces.
Resulta una paradoja que el Teatro Nacional de Guatemala lleve el nombre de Miguel Ángel Asturias, si la máxima escena no tiene lugar para la representación sistemática de sus obras. Asturias ha recibido mucha incomprensión en su propio país, comenzando por sus forzados y duros exilios. La derecha cavernaria lo considera todavía comunista. El mayismo fundamentalista lo acusa de racista. La izquierda radical lo llamó traidor y reaccionario. ¡Estupideces del trópico! Y grandes.
Resulta también paradójico la poca atención al teatro de Asturias, en particular, y la obra narrativa poética y periodística, en general de nuestro Premio Nobel, por parte del Ministerio de Cultura y los fracasos en los proyectos fallidos de retornar sus restos y hacer un monumento, así como el lamentable retraso en la concesión del Premio Nacional de literatura Miguel Ángel Asturias de 2025, anunciado tardíamente en 2026.
En el siglo pasado, Hugo Carrillo, Rubén Morales Monroy y Manuel José Arce tuvieron siempre proyectos para llevar a escena las obras teatrales de Asturias, así como la teatralización de algunos de sus textos. Ya en 1966, con la participación de bailarines, coreógrafos y músicos, Hugo Carrillo montó El mundo mágico de Miguel Ángel Asturias. Esta obra dio origen a la pieza teatral El señor presidente, inspirada y homónima de la gran novela asturiana. Manuel José, por su parte, escenificó el relato Torotumbo.
Conviene recordar una idea central de Hugo Carrillo: impulsar un movimiento teatral puramente guatemalteco, que fuera pedagógico y, a la vez, formativo de la identidad. Hugo puso sus prioridades en el público joven, el estudiantado de educación media, el universitario y el público infantil. Pretendía crear el gusto por el teatro desde las aulas. La visión era integral y hasta ahora irrepetible. Con la muerte de Hugo Carrillo, en 1994, el movimiento teatral guatemalteco perdió no solo a un gran impulsor, sino a uno de sus grandes creadores y el que llevaba la batuta para llevar al público la obra de Miguel Ángel Asturias.
La situación del teatro actualmente en Guatemala es difícil. No critico lo bueno, pero es poco e insuficiente, resulta lamentable que haya tan pocos elencos y ese número tan pequeño de salas, lo que no corresponde a un país de 15 millones de almas y a una capital de 4 millones y medio, o más. El dramaturgo y estudioso del teatro guatemalteco, Jorge Hugo Carrillo Padilla, señala en un estudio sobre el teatro guatemalteco hecho para Flacso que en la Ciudad de Guatemala hay solamente cuatro salas de teatro, incluyendo el Teatro de Cámara Hugo Carrillo. Me parece muy poco, culturalmente hablando, para una verdadera “metrópoli”.
La ausencia del teatro asturiano es un síntoma más del reducido potencial del teatro guatemalteco en la actualidad. Pero será casi imposible revalorizar a Asturias si en el fondo no se da un cambio de actitud hacia el género dramático.
¿Por qué no se podrá entender que una «escena nacional» en el centro cultural llamado Miguel Ángel Asturias no alcanzará ni madurez ni dignidad mientras se siga ninguneando al dramaturgo Asturias?
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