El túnel como lenguaje

Los túneles no son simples infraestructuras, sino son también mapas simbólicos. Representan pasajes entre mundos y tiempos. Se convierten en atajos hacia la memoria, refugios de la imaginación, laboratorios urbanos donde se mezclan comercio, poesía, tránsito, arqueología, cultura.

Jaime Barrios Carrillo

diciembre 14, 2025 - Actualizado diciembre 13, 2025

Los túneles acompañan al ser humano desde el principio de la historia. Son muchas cosas: ingeniería, mitos, salvación y miedo, paso oculto y promesa de llegada. En la literatura funcionan como metáforas de tránsito hacia la infancia, hacia la muerte y hacia lo desconocido. En la vida moderna y cotidiana reaparecen transformados en «el metro»: las arterias subterráneas donde se trasportan los habitantes de las ciudades.

En Roma, las catacumbas se remontan a los primeros siglos de nuestra era. Se trata de túneles de unos 160 kilómetros de longitud ubicados entre la Vía Appia y la Vía Ardeatina. Son célebres las de San Calixto, Domitila, Priscila, San Sebastiano y San Pancracio. En las catacumbas romanas se encuentran altares, frescos, bustos y otros objetos arqueológicos. En tiempos de encarnizada persecución, durante los reinados de Nerón Domiciano y Trajano, las catacumbas sirvieron de refugio y escondite a los primitivos cristianos.

Catacumba en Roma

Las catacumbas de París se hicieron utilizando antiguas minas subterráneas de piedra caliza para construir en 1787 un cementerio subterráneo, siguiendo el trazado de las calles parisinas, para evacuar los cementerios parroquiales de París saturados de cadáveres. Seis millones de osamentas aglomeradas a lo largo de los túneles que alcanzan los 300 kilómetros. Se perdió la identidad de los occisos.  

Catacumbas en París

Bajar y recorrer estos túneles entre tan exagerada cantidad de esqueletos, en combinación con la baja temperatura y la oscuridad, produce una sensación de opresión y de extrañas presencias. Las catacumbas parisinas han dado lugar a toda clase de leyendas e historias, desde fantasmas que las habitarían hasta ser lugares de encuentro de sectas o hermandades secretas. Se cuenta de gente que bajó a ellas y nunca más volvió.

En las catacumbas parisinas se encuentran los tres tiempos: el pasado, que son los huesos de los muertos, el presente, los ojos de los visitantes, y el futuro que es la muerte segura de todo ser humano. O sea, las tres cuestiones fundamentales de la existencia: ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? Y, ¿A dónde vamos?

La ciudad de Las Vegas es conocida por sus calles super iluminadas y lujosos casinos como catedrales del capitalismo lúdico. El mito de enriquecerse con facilidad. El sueño americano desmedido. También historias de mafias y drogas. Pero a primera vista, no se percibe y mucha gente no lo sabe, que existen en Las Vegas subterráneos habitados por personas miserables. Incluso debajo de la famosa avenida The Strip o Boulevard de Las Vegas.

Estos túneles tienen varios kilómetros y se convirtieron en hogar de la población más pobre y desesperada. Se trata de miles de habitantes citadinos que no tienen otro lugar para vivir. Personas que se empobrecieron por su adicción al juego, mendigos, drogadictos, exconvictos, criminales, en suma: los sintecho. Los llaman gente topo o Mole People en alusión al animalillo que habita túneles.

Estos subterráneos fueron construidos para evitar las inundaciones causadas por exceso de lluvias y controlar los rebalses de agua en las calles de Las Vegas. La periodista Jennifer Toth en un artículo sobre «la gente topo» afirma que lo que se ve en los túneles de Las Vegas es tan terrible que no puede decirse menos que el animal más peligroso en el planeta es el ser humano.  

En la literatura y el arte el túnel aparece como uno de los símbolos más persistentes de la condición humana. Algunos escritores y poetas se han fascinado con el metro. Como lugar de una narración o como referencia. Luis Cardoza y Aragón preguntaba con ironía de por qué no pondrían un metro en las catacumbas.

Los versos de Neruda  «Fui solo como un túnel…» condensan ese sentimiento de desolación donde la noche invade el espíritu. En Sábato, El túnel se vuelve escenario de obsesiones, soledad y violencia contenida. Una estructura psicológica donde los personajes avanzan hacia un destino inevitable. Y Julio Cortázar, en su «Teoría del túnel», propone que la novela misma es un pasaje por el cual la sensibilidad de un autor se comunica con otra existencia posible: un espacio intermedio donde la vida y la ficción se tocan.

Roque Dalton lo convirtió en un territorio ético y biográfico en Pobrecito poeta que era yo. La luz al final del túnel era allí, simultáneamente, memoria del secuestro, evocación juvenil y guiño político. Dalton supo que los túneles pertenecen por igual al miedo y al deseo, que en la oscuridad se puede naufragar o renacer.  

También la ciencia adoptó su propia imagen del túnel con las llamadas experiencias cercanas a la muerte de agonizantes que aseguran haber visto un corredor luminoso, voces, figuras, una revelación final. La neurociencia propone explicaciones, la gente, en cambio, construye relatos.

Todo lo anterior muestra que los túneles no son simples infraestructuras, sino son también mapas simbólicos. Representan pasajes entre mundos y tiempos. Se convierten en atajos hacia la memoria, refugios de la imaginación, laboratorios urbanos donde se mezclan comercio, poesía, tránsito, arqueología, cultura.

El cine no se ha quedado atrás. En Roma, Fellini filmó una de sus escenas más memorables: al excavar el metro romano, los obreros descubren frescos intactos que se desvanecen en cuanto entra el aire moderno.  Una puerta hacia un pasado que sólo existe en el instante de su pérdida. Al fin y al cabo, un vínculo entre el pasado y el presente.  

El metro resulta un ejemplo singular del túnel como obra de ingeniería. Metro es una abreviatura de metropolitano, aunque la palabra proviene del término griego metpov o metron, que significa medida.

Todo metro tiene algo de caverna. De alguna manera revive estructuras profundas. No olvidemos que fue en las cavernas donde comenzó la historia del arte. Altamira es una muestra de realismo rupestre.

Tomar el metro es una forma de tomarle la temperatura a una ciudad. El transporte subterráneo confiere un orden especial a la vida urbana. El diagrama de un metro equivale a un mapa de la ciudad. Y es también plataforma del comercio, la historia y la cultura.

Suceden muchas cosas en los metros del mundo. Fluir de millones de destinos. Cerca de doscientas ciudades del mundo de sesenta países tienen un sistema de metro. Con frecuencia las estaciones conmemoran sucesos de la historia o personajes célebres. Y dependiendo del lugar la gente lo rebautiza de varias maneras: subte en Buenos Aires, tubo en Estocolmo, en Manila, Singapur y Taipéi se le llama MRT (Mass Transit Railway).

Hace años descubrí en el metro de Londres textos de poesía en lugares reservados a la propaganda. Eran fragmentos de un Yeats, Byron, Elliot o un Tomas Hardy. El proyecto consistía en ofrecer a los pasajeros textos de los grandes poetas anglosajones. La idea la retomaron en el metro de Estocolmo. En los vagones del metro estocolmense, Tunnelbana, se colocó no sólo poesía sueca, sino también de otros países. Pudimos leer versos de los galardonados con el premio Nobel de literatura. Octavio Paz y Pablo Neruda incluidos.

El metro de Estocolmo se caracteriza por la decoración artística de las estaciones. Suele decirse que es la galería de arte más larga del mundo, con visitas guiadas para turistas. Arte y cultura hay, desde luego, en muchos metros. El de Moscú es famoso por el lujo de algunas estaciones. En Santiago de Chile ha sido decorado también por artistas plásticos y alguna estación con temas de memoria histórica.

En la Ciudad de México la construcción del metro conllevó a sensacionales hallazgos de los antiguos aztecas. Como una escultura de la Coatlicue, diosa madre que parió el Sol, la Luna y las Estrellas y después a todos los demás dioses. Esta diosa madre, también llamada Toci entre otros nombres, se asocia a la fertilidad de la tierra y por extensión a la vida y la muerte. Fue descubierta en septiembre de 1967 en las excavaciones realizadas en la calle de Izazaga.

Tomar el metro es tomarle la temperatura a la ciudad. Es descender a un nivel donde todo se vuelve flujo, destino, multitud. El diagrama de un metro es un mapa histórico; sus recorridos trazan la vida viva de una comunidad.

Al final, cada túnel, sea literario, histórico, mítico o urbano, encierra la misma promesa que nos acompaña desde las cavernas: avanzar en la oscuridad con la certeza de que, tarde o temprano, aparecerá la luz. Y al final, parafraseando al poeta Cardoza y Aragón, preguntamos: ¿Cuándo pondrán un metro en la Ciudad de Guatemala?

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