Cuando asumí el cargo como Director del Patrimonio Documental y Bibliográfico de Guatemala -marzo de 2018- encontré que, en los sótanos del edificio de la Biblioteca Nacional, con entrada propia sobre la 7 calle de la zona 1, entre 4 y 5 avenida, se encuentra una unidad administrativa que se trabaja en colaboración entre la Biblioteca Nacional “Luis Cardoza y Aragón” y el Benemérito Comité Pro-Ciegos y Sordos de Guatemala, dedicada a no videntes. Cuenta con equipo especial de computación, mobiliario y un acervo documental en braille. Un experto, pagado por el Ministerio de Cultura y Deportes, es el encargado de todo lo tecnológico. La dirige don Rafael Montoya, contratado por la Unidad de Producción Bibliográfica, de la División de Educación y Rehabilitación, del mencionado Comité. Él también carece de la vista.
En mi primera visita a dicha unidad me di cuenta de que en uno de los salones se encontraba un conjunto de libros, desordenados, tirados en el suelo, por lo que entre las primeras acciones que decidimos con la Directora de la Biblioteca Nacional fue ordenar el lugar, así como trasladar dichos textos a otro salón. Las paredes necesitaban arreglos, al igual que la puerta de ingreso y una pequeña baranda. Pusimos tres pequeñas macetas con flores, dos pequeñas alfombras y algunos cuadros. Lo hicimos para cambiar el ambiente, para que fuera más agradable. Se arreglaron los servicios sanitarios, que también eran usados por el público visitante y por personal de la Biblioteca. Se les quitaron candados. Algunas trabajadoras de la Biblioteca Nacional tenían el uso exclusivo de ciertos baños, a los que no se les podía dar servicio. Para los trabajos se contó con el apoyo voluntario de algunos de los laborantes de servicios generales de la Biblioteca Nacional y de personal de otras secciones. Lo mismo se hizo posteriormente con otras instalaciones de la Biblioteca Nacional. Algunos de estos trabajos se realizaron en fin de semana.
La Dirección del Patrimonio Documental y Bibliográfico está compuesta por la Biblioteca Nacional Luis Cardoza y Aragón ( que tiene a su cargo la Biblioteca del Instituto de Antropología e Historia, ubicada en el Centro Cultural Santo Domingo, 12 avenida del Centro Histórico) , la Hemeroteca Nacional “Lic. Clemente Marroquní Rojas”), el Archivo General de Centroamérica (que tiene entre sus acervos documentales el del Archivo Histórico de la Policía Nacional, con edificio aparte, en la zona 6 ), tiene su sede un área del hermoso edificio de nueve niveles, iniciado en la época del Doctor Juan José Arévalo, en donde están las dependencias antes indicadas, que ocupa toda una manzana, entre la quinta y cuarta avenida y entre la séptima y octava calle, de la zona 1 de la ciudad de Guatemala.
La mencionada es una de las direcciones técnicas de la Dirección General del Patrimonio Cultural y Natural del Ministerio de Cultura y Deportes. Me siento satisfecho de los trabajos realizados en el edificio, en la parte que ocupa la Biblioteca Nacional. En las memorias de trabajo consta todo lo que se hizo, entre estos compra de mobiliario, pintura general, restauración del mural hecho por Efraín Recinos -Asumí personalmente algunos pequeños gastos, se puede decir como de caja chica. Posteriormente, por gestiones de la Directora de la Biblioteca Nacional, se renovó el equipo de computación y los escritorios que le sirven de soporte a la mencionada Unidad para no videntes. El ambiente cambió radicalmente. Pude notar la presencia de más usuario y la alegría que reinó en muchas ocasiones, principalmente en las reuniones que se celebraron; fiestas para las que se puso una mesa larga con sus respectivas sillas en uno de los ambientes recuperados. Para uno de mis cumpleaños, en 2019, me invitaron en ese lugar a degustar un pastel y me cantaron el “sapo verde eres tú”. El buen humor de los presentes inundó el recinto. Casi todos los asistentes eran ciegos.
Siempre he manifestado que las satisfacciones no tienen precio, sin embargo ¿cómo agradecer a don Rafael Montoya encargado de la Unidad, quién decidió que mi libro “De balas, de bolos y de bolas”, publicado por la editorial Nueva Narrativa, en el 2014, se trasladara al sistema braille por medio del programa técnico y de tecnología que ellos tienen? Al mismo tiempo un lector contratado por él reprodujo el primer cuento de dicho libro de manera auditiva. Con el apoyo de la Directora General de la Biblioteca Nacional, Lcda. Ilonka Matute, se realizó un acto de presentación de dicha edición, de un solo ejemplar, en el Salón Landívar. Los asistentes fueron en su mayoría no videntes.
Meses después, posterior a una conversación que tuvimos con el poeta Enrique Noriega, Premio Nacional de Literatura, encargado de la Unidad de Fomento del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura y Deportes, sobre el importante trabajo que se realiza en la Unidad Administrativa para no Videntes, él le propuso a don Rafa que el proyecto de casetes que él coordinó – es decir Noriega- a mediados del año noventa del siglo pasado, dentro del programa del Comité Permanente de Muestras del Ministerio de Cultura y Deportes, que contienen voces propias de escritores guatemaltecos, se trasladara al formato de tecnologías actuales que se utilizan en el programa para ciegos. Tengo entendido que ese trabajo ya se realizó, aunque no se si con el apoyo de la mencionada Unidad o de otra del mencionado ministerio. Como anécdota sobre esas grabaciones cuento lo siguiente. Un día Noriega llegó a mi oficina profesional y me pidió que lo acompañara. Al llegar a un estudio de grabación me entregó un ejemplar del libro “Cuentos del Desamparo”, de mi autoría que Jesús Chico incluyó posteriormente en la colección de bolsillo que publicó la Editorial Artemis y Edinter y la Fundación Guatemalteca para las Letras. Esta última convocó al Premio Nacional de Novela. Ambas entidades ya no existen. La colección llevó el nombre Ayer y Hoy, cuyo encargado fue Celso Lara. En el pequeño libro indicado incluyó un generoso prólogo escrito por él. Lleva en su carátula un dibujo del músico, pintor y escritor Enrique Anleu, de un óleo de él que tituló “Sobre la fábula del lagarto desobediente”. Ambos ya fallecieron.
Esta colección, que se vendió principalmente en el sistema escolar de Guatemala, tuvo como objetivo el rescate de obras publicadas con anterioridad, incluso en siglos anteriores y obras de autores nuevos. Fue una colección de cincuenta libros aproximadamente. El caso es que en esa oportunidad leí todos los cuentos del mencionado libro, siguiendo las indicaciones de la persona que dirigió la grabación. Al terminar la sesión este técnico le dijo a Noriega “la prueba salió bien, podemos continuar con las siguientes grabaciones”, las que se realizaron en fechas posteriores. Me di cuenta en ese momento que fui un “conejillo de indias”, y que la grabación era una prueba. Lo valioso es que el casete si se incluyó en la colección. Tiene el mérito de haber sido el primero. Entre los autores que Noriega Incluyó en la mencionada colección de casetes, que fueron aproximadamente40, se encuentra la lectura de parte de su obra de Monteforte Toledo, Asturias, Otto Raúl González, Carlos Illescas, Augusto Monterroso, Luz Méndez de la Vega, Margarita Carrera, Méndez Vides, Ana María Rodas, Luis Aceituno, Luis Alfredo Arango, Víctor Muñoz, Humberto Ak´abal, Dante Liano, Delia Quiñonez, José Luis Villatoro, Arturo Arias, Carmen Matute, entre muchos más.
El acervo documental del programa de la Biblioteca Nacional y el Benemérito Comité Pro-Ciegos y Sordos de Guatemala es valioso. Se puede apreciar cuando se visitan las instalaciones. En este se encuentran algunas publicaciones de libros, en braille, de Editorial Cultura, que se realizaron bajo la dirección del poeta, escritor y crítico literario, Francisco Morales Santos, Premio Nacional de Literatura, en colaboración con la Unidad de Producción Bibliográfica, de la División de Educación y Rehabilitación del mencionado Comité. Algunas de esas obras son: “La magia de siete colores” de Delia Quiñonez, y “El libro de los habitantes del aire” de Vania Vargas. Las dos ediciones en 2013. Pero también, no recuerdo el año, existen unos fragmentos del Popol Vuh, y según me indicaron un libro de Carmen Matute. Es un trabajo hermoso que ha pasado desapercibido, que demuestra el trabajo responsable y comprometido de los trabajadores de la editorial del Ministerio de Cultura y Deportes.
Como otra anécdota personal recuerdo que en los años noventa los miembros de la Junta Directiva del Instituto de Cultura Hispánica realizamos, en la entonces llamada Plazuela España, una pequeña imitación de la feria del Día del Libro y la Rosa, de Sant Jordi, de Barcelona, con varias librerías que pusieron stands para sus ventas. Para esa ocasión se nos donó por parte de la asociación “La Once”, de España, un conjunto de libros publicados en braille, para ser vendidos y distribuidos en Guatemala. Fue mi primer encuentro visual con dichas publicaciones. En mi ignorancia me sorprendió no encontrar letras, ni colores, ni dibujos, solo pequeñas perforaciones y puntos resaltados. Una risa se desprende de mis labios cuando recuerdo mi sorpresa. ¡La ignorancia no es justificación!
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