Memorias y anécdotas: de mi participación en el Consejo Asesor de la Asociación Guatemalteca de Casas de la Cultura

Estas casas, así como colectivos sin personalidad jurídica: cofradías, hermandades, o de artistas o de artesanos, en lo individual u organizados, y asociaciones locales de cultura, y Casas de Desarrollo Cultural, creadas recientemente por el Ministerio de Cultura y Deportes, desarrollan una labor importante en cada municipio en cualquier área de la cultura, tengan estos o no políticas culturales municipales.

enero 18, 2026 - Actualizado enero 17, 2026

En el transcurso de mi vida he tenido el privilegio de ser miembro de comités organizadores de certámenes de literatura, de consejos editoriales de varias revistas, así como integrante de juntas directivas y asesor de varias asociaciones, algunas de desarrollo social y otras en el ámbito de la cultura. También he sido integrante de consejos asesores, entre estos el del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, por cuatro años, y por más de diez años en la Asociación Guatemalteca de Casas de Cultura. No recuerdo el año en el que se me invitó a ser parte de este último.  Estas Casas, así como colectivos sin personalidad jurídica: cofradías, hermandades, o de artistas o de artesanos, en lo individual u organizados, y asociaciones locales de cultura, y Casas de Desarrollo Cultural, creadas recientemente por el Ministerio de Cultura y Deportes, desarrollan una labor importante en cada municipio en cualquier área de la cultura, tengan estos o no políticas culturales municipales.

La Asociación Guatemalteca de Casas de la Cultura fue creada en los años ochenta, por iniciativa de varias personas, entre ellos don Tasso Hadjidoduo, muy conocido en Guatemala, y por Ángel Arturo González, gestor cultural, presidente en ese entonces de la Casa de la Cultura de la Antigua Guatemala. Fue personero de la Fundación Paiz, director de la Dirección de Bellas Artes, entre otros cargos. Las Casas de la Cultura, más de cien, se encuentran en distintos municipios del país. Subsisten por el entusiasmo de sus miembros y por los apoyos ocasionales que reciben. Realizan en cada lugar diversas actividades culturales: festivales, certámenes, conferencias, etc.

La Asociación Guatemalteca de Casas de Cultura para su encuentro anual recibe apoyos económicos de algunas entidades y empresas, así como del Ministerio de Cultura y Deportes. Reciben también en esa oportunidad talleres de formación y planifican actividades conjuntas. Estos encuentros se realizan en cualquiera de los municipios del país. Lamentablemente dicha asociación no tiene sede propia a pesar de las gestiones y solicitudes realizadas. Sus directivos trabajan gratuitamente.

 En el Consejo de la Asociación Guatemalteca de Casas de Cultura tuve como compañeros a Tasso Hadjidoduo, a Francisco Sandoval (Franco Sandoval), escritor, empresario, gestor cultural, a Marco Antonio Sagastume Gemell, abogado y notario, escritor, y experto en el tema de derechos humanos. Con él compartimos en alguna época como miembros de la Junta Directiva del Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica. Fue Presidente del Colegio de Abogados y Notarios de Guatemala. Actualmente es miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Periodistas de Guatemala. Otro miembro fue    Alberto Orantes Lucas, ex compañero de Junta Directiva en ADESCA, y Ex presidente de la Asociación Guatemalteca de las Casas de Cultura. Puedo afirmar con conocimiento de causa, que todos los mencionados son personas generosas, comprometidas con el desarrollo de Guatemala, entusiastas y capaces, aunque Tasso ya falleció. Dejó un gran legado en el mundo de la cultura de nuestro país.

Nuestro trabajo fue ad honorem, como también el que realicé en las entidades que mencioné al inicio de este texto. En el caso de la Asociación de la que escribo emitimos opinión cuando se nos solicitó y asistimos en algunas ocasiones que al encuentro anual de dicha asociación. Realizamos también algunos proyectos con los directivos de la entidad, especialmente con doña Clara de Tunchez, un ser excepcional, presidenta y promotora de la Casa de Cultura de San Lucas Sacatepéquez. Uno de esos trabajos fue la elaboración de un proyecto de ley para el fomento de las casas de la cultura, que se entregó, en su momento, al Congreso de la República. No prosperó.  No se le dio la importancia. No se ha entendido que las Casas de Cultura de todo el país son importantes y que necesitan de diversos apoyos. Una ley específica de fomento para estas es una de las soluciones a sus necesidades. Lo afirmo como conocedor del Derecho de la Cultura, que como disciplina jurídica es importante para el fomento de todas las expresiones de cultura y para la salvaguarda del patrimonio cultural, material e inmaterial.

Hacer un listado de personas que han miembros de la Junta Directiva de la Asociación indicada sería incompleto, porque han sido muchos, y porque mi memoria es débil, pero recuerdo con mucho cariño a Tereso Marroquin, quien, de San Juan Sacatepéquez, su tierra natal, emigró a la cabecera departamental de Chimaltenango, en donde desarrolló un gran trabajo en la casa de cultura de ese lugar.  Tanto Tereso como doña Clara de Tunchez ya fallecieron. Su legado fue invaluable. Menciono también a Osberto Gómez de la Casa de Cultura de Mixco. A él se debe el valioso trabajo que realiza actualmente la municipalidad de ese municipio en temas de cultura.  Afirmo con conocimiento de causa que todos los integrantes en distintas épocas en la Junta Directiva de la Asociación por la que escribo este texto han realizado un gran trabajo, con mucho entusiasmo y capacidad.

Mi cercanía con la Asociación Guatemalteca de Casas de la Cultura también se dio por haber sido uno de los creadores de la Casa de la Cultura del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, años noventa del siglo pasado. Esta surgió de una idea que tuvimos en una de nuestras reuniones-almuerzos de escritores y personas afines en temas de cultura en el restaurante El Establo, ubicado en el Edificio el Patio, en la zona 4 de la ciudad de Guatemala. Me tocó como notario legalizar los estatutos respectivos. Nombramos como primer presidente a Carlos René García Escobar. Fue con esta casa que tuvimos la iniciativa de crear el Festival del Centro Histórico. Ya lo he contado como fue el proceso en un texto anterior.

Como resultado de mis apoyos la Asociación Guatemalteca de Casas de la Cultura me dio un reconocimiento en un acto público, que se realizó en el Palacio Nacional de la Cultura, en el que se me entregó una placa. En ese mismo Palacio años después se me dio el honor de hacer el cambio de la rosa y se me otorgó la medalla de la Paz por el Ministerio de Cultura y Deportes, en reconocimiento por mi trabajo en temas de cultura. El encomio a mi persona lo hizo el literato Francisco Morales Santos con mucha generosidad hacia mí.

Me siento satisfecho de haber apoyado en diversas formas a dicha Asociación como a casas de cultura locales cuando estuve al frente del Viceministerio de Cultura y en la Junta Directiva de ADESCA.  Como notario tuve el privilegio de autorizar en forma gratuita la escritura de constitución de algunas casas de cultura.

Obras son amores, pero también buenas razones.

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