Luis Aceituno: una celebración a su vida

Era escritor, periodista cultural, crítico literario y de cine, melómano, docente y académico. Su legado en la cultura del país ha sido realzado por sus colegas, amigos y lectores durante los ya casi nueve meses de su partida. Sin embargo, de Luis hay facetas que conocían solo algunos de sus más cercanos. Para celebrar su vida que empezó el 30 de agosto de 1958, tres de ellos relatan experiencias o muestran imágenes que ayudan a perfilar a un ser humano cálido, sensible y muy consciente de sí mismo y su entorno.

Ana Lucía Mendizábal

agosto 31, 2025 - Actualizado septiembre 5, 2025

Al final de la columna que el 30 de agosto de 2024 Luis Aceituno le dedicaba a su arribo a los 66 años, contaba que Mario Monteforte Toledo le aconsejaba: “Hay que pasar del amor a la muerte sin detenerse en la vejez. Ahí está el truco, no lo olvidés jamás”, y en el escrito, en el que Aceituno confesaba, entre humor y datos encontrados en Google, que había llegado el momento de identificarse como “viejo” le prometía al literato: “Lo intentaré, Marito, lo intentaré”. Menos de cuatro meses después, el 8 de diciembre, Luis se despidió, dejando con su adiós incredulidad y tristeza, pero también un gran reconocimiento a su trayectoria y don de gentes.

Las publicaciones fueron numerosas. Medios como Prensa Libre, Diario de Centroamérica, Soy 502, Guatemala.com, Plaza Pública, Agencia Guatemalteca de Noticias y Latam Journalism Review se hicieron eco del dolor de sus seres queridos y de eP Investiga ese 8 de diciembre y los días siguientes.

Los homenajes también han sido múltiples. Entre estos, el que se le rindió en la primera feria del libro de la Universidad San Pablo y el que hubo cuando la escritora Gloria Hernández, su compañera, presentó el último de sus libros dedicado a José Milla y Vidaurre en la reciente Filgua.

Precisamente en Filgua, se tenía previsto un tributo más en el que se esperaba la participación del periodista Jaime Moreno, la propia Gloria Hernández, la periodista Marta Sandoval y la autora de esta nota, Ana Lucía Mendizábal. El homenaje se realizaría el 8 de julio a las 20:00 horas. Sin embargo, esa tarde comenzó con dos fuertes temblores el enjambre sísmico que se prologó por varias semanas, y las actividades de Filgua en esa y la siguiente jornada se suspendieron. Por esa razón, hoy, como si se tratara de una tertulia, de esas de las que el propio Luis disfrutaba, se invitó a Gloria, a Jaime y a Marta a compartir dedicatorias, recuerdos y pensamientos acerca de Luis Aceituno y algunos de esos detalles que lo hicieron único. He aquí lo que comparten.

En los siguientes escritos, Gloria le habla a Luis de esos propósitos que expresaba en sus cumpleaños y comparte también fotografías de las celebraciones de algunos de sus aniversarios de vida más recientes. Jaime cuenta cómo lo admiró siempre por su trabajo periodístico, llegó a trabajar junto a él y luego, su amistad se hizo más estrecha al convertirse en vecinos.

Aceitunito por siempre

Por Gloria Hernández

“Mirá, Coneja, este año ya no vamos a celebrar mi cumpleaños, ya no, ya lo decidí.  Ya mucho joder con eso de las celebraciones, pero mirá, si de casualidad se te ocurre que hagamos algo, ¿me cocinarías un pepián y un pastel de manzana?” Cada año la frase era la misma, pero con menú diferente, según tus antojos, y yo feliz. 

Disfrutaste mucho celebrando la vida con tus amigos y tu familia, a pesar de tus reparos ocasionales, tu ironía y tu visión desencantada y preclara de la realidad del mundo.  Y cada año prometías cambiar: harías ejercicios, probarías las dietas A, B o C (ya habías comprado los libros), intentarías la meditación porque le había caído bien a X y Z, te acostarías a dormir a las diez como la “gente de bien”, madrugarías a caminar, empezarías a escribir esa novela que me contaste una y mil veces, harías las paces con tu “puta Antigua” y un interminable etcétera. 

Yo escuchaba con mucho interés los afanes imposibles de tu manifestación anual de voluntad, aunque sabía que ese era el ideal de alguien más, no el tuyo.  Alguna vez apuntamos todos tus propósitos de cumpleaños porque acordamos que los navideños eran para los pobres de espíritu y nos reímos a carcajadas.  En ese tema cumpleañero como en muchos otros, nos entendimos a miradas y silencios, nos encontramos en caminos reales, veredas y extravíos, nos perdimos entre el ruido y las miserias del mundo; más al final de los tiempos, nos encontramos y nos fundimos para siempre en los recuerdos, en la vida compartida, en la poesía y la música, en tantas historias contadas de madrugada y yo no puedo estar más agradecida por ello. 

¡Feliz cumpleaños Aceitunito, seguirás latiendo por mi corazón, sintiendo por mi piel, viendo por mis ojos, compartiendo la revelación de la vida hasta donde lleguen mis afanes!

Luis, el vecino

Por Jaime Moreno

Conocí a Luis mucho antes de que él a mí. Recuerdo haber leído las lecturas de verano y fin de año en elAcordeón, así como asistir a Nervio Óptico. Tiempo después, la vida me abrió un espacio en elPeriódico y ahí comenzamos a trabajar juntos.

Un día me invitó a formar parte de la sección Cultura y eso nos llevó a formar una relación laboral y de amistad que se extendió por los siguientes años. Además, nos unió el hecho de atravesar por el desgaste de la lenta desaparición de elPeriódico y las múltiples carencias que eso produjo.

Pero, más allá del periodismo, al final tuvimos una relación estrecha por compartir barrio. En la pandemia, se mudó a un apartamento muy cercano al mío y a la casa de mis padres, desde donde nos hablábamos por la ventana. Recuerdo con mucho cariño las tardes o noches en las que, con el pretexto de hablar sobre temas laborales, nos sentábamos en el patio o el comedor durante largas horas a platicar sobre nada (cine, literatura, arte), revisando las novedades de la colonia o de los vecinos en común.

Lejos de pensar en anécdotas periodísticas, prefiero quedarme con la última vez que nos vimos fuera del hospital. Fue en noviembre del año pasado. Nos juntamos a comer fiambre, justamente en casa de mis padres. Compartimos un momento realmente ameno junto a los otros invitados. Se despidió como siempre, con un abrazo fuerte para mí y uno amoroso para mi esposa. Luego de la reunión, ya por la noche, tocaron la puerta y era él con una bandeja enorme de fiambre que su sobrina había preparado. “Para ustedes, ahí se lo comen”, me dijo. Quedamos de vernos en las semanas próximas, pero su condición empeoró poco después. Nos vimos, sí, pero en el intensivo, la mañana que logré visitarlo. Murió a los tres días.

Sí, la ausencia de Luis aún se siente en el ámbito periodístico, pero también en los recovecos cotidianos. A veces, cuando voy por la calle siento que me voy a cruzar con su camioneta color champán y, como siempre, detenernos un momento a saludarnos por la ventana. Lo mismo me pasa cuando veo el parqueo que solía ocupar en el edificio o al sentarme en el restaurante donde alguna vez coincidimos fortuitamente a la hora del almuerzo. 

Hace unos meses, durante un viaje a La Antigua que hicimos con un amigo de elPeriódico, quise ir a visitar su tumba. Aunque asistí al velorio, no pude estar en el entierro. Le escribí a Gloria para pedir indicaciones y, tras varias vueltas, de pronto nos encontramos con el nicho en el cual descansa. “Gracias por tu luz”, reza el epitafio. Nos quedamos ahí, frente a la lápida, comentando historias que habíamos vivido con Luis. Fue una especie de cierre, una despedida que siempre se sentirá apresurada.

Aceituno tuvo muchos matices, amante del cine y de los gatos, aficionado a los vinilos, fumador empedernido, cucurucho y crítico permanente de las injusticias del sistema, entre tantas otras capas. Su recuerdo lo baso en dos de ellas: una persona con una enorme calidez humana y una de las mentes más lúcidas que he conocido.

Cuando Jaime Moreno recibió el Premio al Periodismo Cultural Enrique Gómez Carrillo en 2018, Luis Aceituno representó a elPeriódico en el acto.

Marta y sus recuerdos

Marta Sandoval, quien comparte fecha de cumpleaños con Luis, confiesa que aún le es muy difícil escribir sobre él. “No tuve cabeza, ni corazón”, afirma, sin embargo, brinda algunas fotografías entrañables en las que se refleja una amistad que les hizo familia, a la cual ya se había referido en una nota publicada por eP Investiga, el pasado 2 de febrero.

«Luis y yo compartíamos cumpleaños. Solíamos hacer una fiesta juntos», cuenta Marta Sandoval al comentar esta imagen.

En las imágenes que Marta Sandoval comparte se pueden apreciar algunos momentos de su convivencia y rasgos de la personalidad jovial de Aceituno.

Trascendencia y afectos

Luis, quien durante su larga trayectoria publicó los libros La puerta del cielo (Editorial Rin 78, 1982) y Los años sucios (Editorial Palo de Hormigo, 1994; Editorial Del Pensativo, 2018) y El día que mataron a John Lennon y otras historias del lado b (Magna Terra Editores, 2010), dejó su huella en el periodismo cultural y las columnas en medios de comunicación como el Diario de Centroamérica, Siglo XXI y elPeriódico.

Escribió sus últimos artículos en la sección de Opinión de eP Investiga, en donde dirigió esta sección Dominical. Escribía los viernes, e invariablemente, los jueves dirigía a la autora de esta nota, un escueto mensaje como “Va columna”, “Sale columna” o solo “Columna” para acompañar esos textos cargados de reflexión, análisis y casi siempre, un fino toque de humor.

Después de su partida fueron muchos los amigos los que brindaron sus testimonios acerca del carácter, personalidad y talento de Luis. En estos meses, a través de eP Investiga se manifestaron plumas como Jaime Barrios Carrillo, José Mejía, Méndez Vides, L.J. González, Luis Eduardo Rivera, Lucrecia Méndez de Penedo , Marcos Melchor Palencia y Raúl de la Horra, entre otros. Sin duda alguna, las huellas que dejó en sus escritos son solo el reflejo de una existencia llena de experiencias compartidas, gozadas y sufridas, porque su pluma siempre reflejó autenticidad.

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