Virgen del Rosario. Foto: Cofradía del Santo Rosario del templo de Santo Domingo.
El 7 de octubre se celebra como día de la Virgen del Rosario en el calendario cristiano católico debido a la derrota de las milicias del Imperio Otomano o Turco frente a la denominada Liga Santa o Liga Católica, liderada por los Estados Pontificios, el Reino de España, los reinos de Venecia, Génova y Malta y el ducado de Saboya. El hecho ocurrió en el mar Mediterráneo Oriental, específicamente en el mar Jónico, siendo decisiva la ciudad de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, por lo que el enfrentamiento pasó a la historia con el nombre de la batalla de Lepanto. Esta determinó el triunfo cristiano, habiendo participado en ella Miguel de Cervantes Saavedra, quien, por haber sido herido en dicho acontecimiento, recibió el apodo de «El Manco de Lepanto», denominación que ha acompañado al genio del Quijote hasta nuestros días.
El contexto de este enfrentamiento era la defensa otomana de una parte importante de su esfera de influencia que había sido dominada durante varios siglos por el mundo occidental, a través del Imperio Romano de Occidente y luego por el Imperio Bizantino, hasta la reconquista de Constantinopla por los turcos en 1453, siendo ésta renombrada como Istanbul, la actual Estambul. La expansión de los otomanos era avanzada para el siglo XVI, por lo que los poderes europeos no querían que continuase hasta sus fronteras medulares, dándose entonces los conflictos bélicos como el de 1571. Los turcos, con justa razón, levantaban la bandera de la recuperación de su territorio que desde el año 129 a.C. se encontraba bajo dominio romano y, por lo tanto, occidental, generándose en consecuencia la respuesta turca cuando las condiciones del siglo XV lo permitieron. Las fuerzas cristianas, muchas de ellas todavía feudales pero con una creciente capacidad mercantilista y militar debido a lo extraído en el llamado Nuevo Mundo, o sea América, trataron de frenar a los otomanos para no perder más territorio.
El papa Pío V, perteneciente a la orden de los dominicos (llamada así porque fue fundada por Domingo de Guzmán en 1216), era el máximo jerarca de la Iglesia católica en 1571 y bendijo los estandartes principales del ejército de la Liga Santa, los que tenían las imágenes de un crucifijo y de la Virgen María. En el primero se leía la leyenda In hoc signo Vinces, que traducida al español es «En este signo vencerás». En el que tenía la imagen de la madre de Cristo el lema era Maria succurre miseris, que se traduce como «María, ayuda a los pobres». Al obtener la Liga Santa la victoria sobre los turcos en Lepanto, Pío V determinó que esta se había dado por la intercesión de la Virgen María, adjudicándola a la advocación de la Virgen del Rosario, patrona de los dominicos, ya que, según la tradición, Santa María Virgen se le apareció a Domingo de Guzmán en 1208 y le pidió rezar el rosario al mismo tiempo que propagara dicho rito devocional. Esa es la razón por la que la Virgen del Rosario tiene el patronazgo de la orden de Santo Domingo. En 1572 quedó establecido el 7 de octubre como el Día de la Virgen del Rosario, lo cual fue ratificado por el sucesor de Pío V, el papa Gregorio XIII, quien también fue el reformador del calendario occidental, al transformar el calendario juliano, pasando a denominarse desde 1582 como calendario gregoriano.
Desde su nombramiento como Santa María de la Victoria por Pío V, la iconografía de la Virgen del Rosario tiene una media luna a sus pies, como símbolo de la derrota de un ejército islámico por parte de una coalición cristiana católica. Sin embargo, el rosario es un artefacto sagrado que está emparentado con el misbaha, llamado también masbaha, que es un conjunto de cuentas esféricas para llevar el conteo preciso de determinados rezos en el islam. Este es más antiguo que el rosario cristiano, ya que se registra aproximadamente entre los siglos IX y XI, encontrándose ya en la llamada Primera Cruzada con los ejércitos musulmanes. Pero esta práctica de oraciones o rezos con cuentas unidas por un hilo también está registrada en el hinduismo y el budismo, como espiritualidades y religiones más antiguas todavía, pertenecientes respectivamente al valle del Indo y al Asia oriental, con expresiones hasta de 4 mil años a.C. Por lo tanto, puede seguirse sosteniendo la hipótesis de que el rosario es inspirado en el misbaha y en los contadores budistas e hindúes.

Si bien la representación de la Virgen del Rosario ha sido construida como una advocación mariana de la victoria cristiana frente a una religión emparentada con el cristianismo, es decir el islam, hasta el punto de colocar la media luna a los pies de la imagen sagrada, lo que forma parte de un proceso de disputas geopolíticas propias del contexto del siglo XVI, también debe saberse que en su representación iconográfica se encuentra la unidad histórica de elementos culturales religiosos entre las dos expresiones. Lamentablemente, ha predominado la idea proyectada e instaurada por el poder hegemónico occidental, que tiene a la cristiandad como uno de sus fundamentos, de que los musulmanes son enemigos históricos, cuando en realidad hay mucho más que une de lo que divide. Por supuesto que se dieron enfrentamientos, muchos de ellos propiciados por el mundo occidental y otros por las avanzadas islámicas árabes que iban tomando el territorio que la ruptura y luego desaparición del Imperio Romano de Occidente iba dejando en el camino, aunque también las élites romanas supieron hacer negocios con los califatos cuando les fue conveniente.
A través de la Virgen del Rosario, imagen mariana que convoca en Guatemala durante todo el mes de octubre a distintas manifestaciones de piedad y religiosidad popular, podemos ver los encuentros y desencuentros entre el cristianismo y el islam. La religión nacida en la península arábiga en el siglo VII d.C. y que es la menor de las tres religiones hermanas de la región -judaísmo, cristianismo e islam- influyó más de lo que se conoce y se cree en varios rituales católicos y de las iglesias cristianas orientales, así como también contribuyó en lograr mantener la estabilidad social a través de las relaciones interculturales en diferentes momentos de la historia del denominado Medio Oriente, del norte de África y de Europa oriental. Para la religión musulmana, la Virgen María es considerada como una mujer justa y digna de todo respeto, siendo representada como «confirmadora de la fe», «ejemplo de la verdad» y «la elegida». La historia, como ciencia y ejercicio de pensamiento crítico, puede ayudarnos a comprender el mundo de distinta manera, sobre todo cuando resurgen las ideas y prácticas dogmáticas como las que muestra el neofascismo, de sumo peligroso, que hasta justifica genocidios actuales. Se inventan relatos que el poder de las armas, del miedo y el dinero imponen en las mentalidades para presentarlos como verdades absolutas y procurar que ganen los intereses sectarios, tal y como sucede con la tragedia que sigue azotando al heroico pueblo palestino frente a la agresión sionista.
En Guatemala, principalmente en la ciudad capital y la Ciudad de Quetzaltenango, las peregrinaciones para visitar a la Virgen del Rosario se traducen en celebraciones de fiesta de religiosidad popular, debido a la construcción del devocionario que hizo la poderosa orden de Santo Domingo durante la dominación colonial hispana. Sea usted creyente o no, es innegable el disfrute esperado por muchas personas en cada octubre para asistir a la fiesta gastronómica, de colores y de rituales que en la Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario, templo de Santo Domingo de la Ciudad de Guatemala, y en otros lugares del país que celebra a esta advocación mariana, se lleva a cabo durante el mes de octubre. Es una actividad de cohesión social, la cual merece ser analizada también en el encuentro de clases sociales, lo cual trataré de realizar en la próxima columna.
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