Jayro Bustamante: “La responsabilidad del arte es ser un espejo”

El cineasta conversa con eP Investiga acerca de su nueva cinta "Cordillera de fuego", la importancia de los festivales para el cine independiente, las realidades de la industria en Latinoamérica y sus nuevos proyectos.

Ana Lucía Mendizábal

noviembre 2, 2025 - Actualizado noviembre 7, 2025

El cine de Jayro Bustamante no solamente cuestiona a la audiencia desde los temas que selecciona. En los procesos de su manufactura también se ve reflejado su deseo de explorar en la naturaleza del ser humano y específicamente en la del ser guatemalteco, además de establecer significativas conexiones.

Un ejemplo claro de lo anterior se dio durante la filmación de Cordillera de fuego, su nueva cinta filmada a orillas del lago de Atitlán, en donde trabajó con las comunidades Kaqchikel y Tz’utujil.

“Históricamente, conocemos los problemas que se han dado entre kaqchikeles, tz’utujiles y quichés. Entonces, cuando llegamos al lago (de Atitlán) a trabajar, entre las primeras preguntas que la gente se hacía estaba: ¿cuál de las dos comunidades iba a aparecer más?, lo que es normal. En algún momento se me ocurrió decir: ‘hagamos que los tz’utujiles hagan el rol de kaqchikeles y viceversa’”.

Ese cambio de roles propició un intercambio de saberes entre ambas comunidades. “Pasó algo muy lindo porque, aunque no tuviesen líneas directas en la película, ellos tenían que enseñarse a hablar en sus idiomas para las escenas en las que tienen que evacuar y estar juntos”. Además, el productor indica que otro conocimiento que compartieron fue el de saber colocarse correctamente las prendas de sus indumentarias. “Esto fue una cosa muy particular porque logramos una unión muy bonita”, acota Bustamante.

Cordillera de Fuego se presentará en el Festival Internacional de Cine de Mar de Plata, en Argentina y formará parte de la competencia latinoamericana de largometrajes, en ese encuentro que este año se celebrará del 6 al 16 de noviembre. Posteriormente, la cinta viajará en el Festival de Cine de Calcuta, en la India, en donde Jayro y su equipo de La Casa de Producción ya han obtenido premios a Mejor Película por las cintas Ixcanul y La llorona.

En una entrevista con eP Investiga, Jayro compartió detalles de la producción, la participación en festivales, las intenciones de su cinematografía y el avance de sus nuevos proyectos que incluyen su trabajo en una serie de Netflix.

eP Investiga: ¿Qué significa para ti que tu película se presente en el Festival del Mar de Plata, que es el único clase A en Latinoamérica?

Para las películas en general, y, sobre todo, para las cintas independientes, presentarse en un festival significa visibilidad. Porque los filmes de las grandes industrias manejan un presupuesto bastante amplio de promoción y publicidad. Nosotros siempre estamos cortos con los presupuestos y los festivales atraen prensa.

Este festival, particularmente, también te abre puertas para conocer la industria latinoamericana.  Tenemos este gran problema: en Europa nuestro trabajo ya es muy reconocido, y Estados Unidos ya nos abrió la puerta. Sin embargo, en América Latina nos cuesta un montón pasar las fronteras. Nosotros no vemos las películas de Costa Rica, ni siquiera. Incluso, nos cuesta ver las de México que no están en las plataformas.

¿A qué atribuyes este fenómeno?

Creo que es una cuestión económica, de un sistema de distribución que lo que busca es vender tickets o suscripciones. Entonces, las grandes plataformas están enfocadas en ciertos países como México, Colombia, Chile, Argentina y Brasil. Todos los demás quedamos un poco sin oportunidades de estar en las plataformas. Además, lo que te proponen las plataformas para comprar una película es una suma irrisoria comparada con lo que te gastaste haciéndola y se quedan con la exclusividad. Al final, te vas con sistemas de distribución que te permitan recuperar un poco la inversión y con la que vas poquito a poquito entrando a nichos… lo lindo de los festivales es que te abren puertas, permiten que la gente mire las películas, que otras industrias también las vean y que de ahí salgan oportunidades para que la película siga su camino.

Veo que en Cordillera de fuego abordas los desastres que suceden en Guatemala y las poblaciones que las sufren. ¿Qué te motivó para llevar este tema a la gran pantalla?

Cada cosa está tejida con otra. Nosotros no podemos hablar solo de las catástrofes sociales que vivimos, ni tampoco solo de los fenómenos naturales que tenemos, sin hablar de por qué en estos lugares se encuentra viviendo esta gente. ¿Por qué estos pueblos que antes tenían tierras donde estaban a salvo llegaron a este punto en el que están viviendo en lugares no seguros? Esa es toda nuestra historia. La idea que viene desde la Colonia de mover a todos los indígenas hacia una sola zona sin importar si estaban rompiendo los tejidos sociales… eso no lo hemos dejado de reproducir por la simple y sencilla razón que seguimos pensando que cierta parte de la población es inferior y que con ella podemos jugar. Y no solo hablo de la población indígena, se resume en la población pobre.

Mientras esto no cambie, podemos seguir inventándonos nombres. Podemos seguir diciendo que la tragedia del Volcán de Fuego fue un “fenómeno natural” o una “catástrofe nacional” y esos son nombres que les ponemos para no asumir que fue una catástrofe social, política y casi que, si la vemos desde el pasado, pareciera una estrategia magna de cómo un grupito quiere manejar toda la riqueza del país.

En la película, existen los esfuerzos de los pobladores, pero también llega una experta vulcanóloga de afuera. ¿Te inspiraste en situaciones y personas reales?

Varias cosas y personas me han inspirado. La película no cuenta la vida de nadie, pero sí hay una vulcanóloga maya en Guatemala a la que he seguido. Sin embargo, la cinta lo que trata es de reflejar las diferentes caras que tenemos en nuestro país. De alguna manera tenemos a los pueblos indígenas a los que tampoco tenemos que sobreproteger, porque sería suponer que no pueden tomar sus propias decisiones… y luego, una Guatemala mestiza que es completamente ajena a lo que pueda pasar con la gente, que lo que le interesa es “la marca país” y quiere construir algo que lo haga quedar bien, porque lo que les interesa es que el extranjero nos vea bien. No nos interesa a nosotros vernos bien entre nosotros mismos. En tercer lugar, me gusta mucho, hacerme esa pregunta de por qué hemos necesitado tanto nosotros con nuestras comunidades la intervención del “salvador blanco”.

Nosotros, montamos la película gracias al proyecto Ixchel, que es una colaboración de investigación a largo plazo liderada por la Universidad de Edimburgo que estudia los fenómenos naturales y los desastres sociales en Guatemala y trata de encontrar soluciones. Hay muchos especialistas trabajando acá y es realmente impresionante que tengan esta visión para decir que el cine puede ser un vehículo, hagámonos socios de estos locos para para contar una historia, pero no deja de ser una intervención del salvador blanco.  

Nosotros como sociedad seguimos necesitando este tipo de intervención y seguimos aceptándola hasta que no afecta los intereses económicos. Si los afecta, ya se empieza a ver como “intervención”, “robo de soberanía” ya no es solo ayuda sino “ya nos están robando nuestra libertad”…

Esas maneras de interpretar de distintas formas las mismas acciones, ¿también están plasmadas en la película?

Además del intercambio de papeles entre kaqchikeles y tz’utujiles, también hicimos un trabajo muy profundo con el personaje del villano que lo interpreta Juan Pablo Olyslager. Y la pregunta a ese personaje era, ‘¿en realidad te interesa hacerle daño a esta comunidad o qué es lo que te interesa? ‘ y llegamos a la conclusión de que su interés era hacerle bien a Guatemala con proyectos, con la idea de crear esa “marca país”.  Que la gente nos vea bien, parecernos a alguien más, ser como Panamá con el Canal, tener algo que nos identifique… Todo es (se interpreta) dependiendo cada punto de vista, de cada interés y cómo cada persona lo defiende. Cómo vamos siendo manejados en algunos casos maquiavélicamente… Además, es mucho más fácil tener argumentos cuando estás hablando de economía porque los números te respaldan, pero cuando estás hablando de humanidades es mucho más complejo. Por ejemplo, yo no te puedo explicar el impacto que la película dejó a una comunidad después de la experiencia de haber filmado. Tengo algunos testimonios, pero son solo sentires. Cuando el bienestar de la gente está confrontado con el bienestar económico, vamos a perder el discurso porque bienestar económico tiene números para respaldarse.

¿Cómo surgió la idea de llevar este proyecto al cine?

Técnicamente, fue el Proyecto Ixchel que está manejando ese estudio sobre fenómenos naturales en Guatemala y llega a nosotros a través de mi fundación (Fundación Ixcanul). La idea era hacer que los mensajes lleguen a las comunidades, que fueran mensajes más directos, y como hoy en día la comunicación escrita tiene una especie de barrera porque la gente no quiere leer, entonces estaban intentando hacer algo más audiovisual. Yo les propuse que hiciéramos una película. Dijeron sí y entonces fue una asociación entre Edimburgo con el proyecto Ixchel, la Fundación Ixcanul y La Casa de Producción. Dijimos, ‘hagamos una película indie chiquitita’… yo empecé a escribir el guion y ya fue explosión volcánica de la cuestión de comunidades y esto nos hizo crecer… Ellos me dieron toda la libertad, siempre teniendo al lado a la Universidad de Edimburgo que tiene un grupo de vulcanólogos y otros profesionales que iban leyendo el guion. En ese tiempo, la directora de fundación era Alejandra Colón que es antropóloga y entonces con ella creamos toda la estrategia para poder involucrar las comunidades de la mejor manera.

¿En qué consiste esa libertad y cómo influye en la producción de la cinta?

Como no teníamos inversión de la industria, no teníamos esa presión financiera y aprovechamos. Me dije ‘esta es la oportunidad de poder hacer una película con un equipo 100% guatemalteco’. Ixcanul se hizo con un 70% de extranjeros y 30% de guatemaltecos. Temblores 60% extranjeros y 40% guatemaltecos. La Llorona ya con un 60% de guatemaltecos y 40% de extranjeros, y en Rita ya éramos el 80%. También era esta gana de demostrar que teníamos esa capacidad. Eso no quiere decir que yo no quiera trabajar con extranjeros porque para mí el arte no tiene fronteras, pero es una forma de decir que tenemos la capacidad, ya estamos listos. Estos 10 años que tenemos formando gente, trabajando juntos, auto formándonos ya da resultados, ya somos, como país, capaces de crear una obra de esta magnitud.

Vemos que, en el elenco de Cordillera de fuego, vuelves a trabajar con María Mercedes Coroy, María Telón y Juan Pablo Olyslager.

Mira, siempre hay una gana de que el trabajo siga siendo como el de una tropa más o menos. A mí me gusta mucho que por más de que te vuelvas profesional y por más de que la industria crezca sigamos teniendo una producción más familiar hacia lo que hacemos o más artesanal de alguna manera. Entonces yo siempre he querido hacer crecer la familia actoral pero también me sirve mucho tener pilares ya fuertes. Esta vez hay nuevos actores a los que formamos y vienen del lago, y no tienes idea de las perlas que descubrimos. Lo que vas a ver en pantalla es de alta calidad. La película puede gustar o no, pero los actores te van a encantar.

¿Cuándo llegará la película a Guatemala?

Todavía estamos viendo esas fechas, pero probablemente en febrero. Vamos primero a Mar del Plata y luego saltamos a India.

FICHA TÉCNICA
Género: Drama/Acción/Realismo Mágico
Duración: 90 min
País: Guatemala
Dirigida por: Jayro Bustamante
Escrita por: Jayro Bustamante, Luis Pineda,
Margarita Kénefic
Producida por: La Casa de Producción,
Universidad de Edimburgo, Les Films Du
Vulcan, Jayro Bustamante, Melissa Rosales
y Jorge Peña
Con el apoyo de: Fundación Ixcanul
Protagonizada por: María Mercedes Coroy,
Tatiana Palomo, María Telón, Enrique Salanic,
Juan Pablo Olyslager, Glendy Rucal

Tu anterior cinta, Rita, trató un tema muy vigente como fue lo del Hogar Seguro, por ejemplo, pero ¿crees tú que el cine puede tener realmente influencia en la conciencia del país?

Yo creo que la responsabilidad del cine no es hacer cambios políticos, ni proponer políticas. La responsabilidad del arte es ser un espejo. De 100 personas que miran una película, seguramente, habrá una persona que va a tener una fisura en su alma y eso le va a permitir sentir. Yo sí creo que nosotros, cuando tenemos empatía y el dolor ajeno ya no nos es indiferente nos volvemos políticos. Porque volverse político no es ser partidista, no es tener una ideología. Ser político es defender al otro. La política empieza desde que a mí me deja de importar solo mi ser y me empieza a importar alguien más. Yo sí creo que el arte puede hacer que, aunque sea una persona, despierte su empatía.

El futuro a la vista: Arena negra, Los Rojos y la serie para Netflix

¿Cómo avanzan tus próximos proyectos?

Arena negra ya la hicimos. Estamos ahorita en edición. Ya tiene un primer corte que está bastante sólido. Yo estoy muy feliz con la película. Tenemos una primera versión del editor que es un español que está trabajando en España.

¿Y la cinta sobre el club Municipal?

Seguimos avanzando con el proyecto de “Los rojos”. Yo soy rojo porque me gusta el concepto del equipo, pero yo no soy futbolero apasionado. Admiro la capacidad que tiene de movimiento social el fútbol y en este año y medio que tengo en mi investigación en realidad estoy sorprendido por este equipo que le ha dado tanto al país. Es el único club en Guatemala que tiene una cantera de jugadores porque si (los niños) juegan bien el deporte y llevan bien sus clases en la escuela les pagan la educación y se encargan de su alimentación. Entonces cuando uno habla con los futbolistas famosos, la mayoría te dice ‘si no fuese por el fútbol yo estaría muerto o en la cárcel’ y te das cuenta de la trascendencia del deporte.

¿En qué consistió tu participación en la serie de Netflix?

La serie se llama Palacio y se va a estrenar el próximo año. Soy el director de los primeros tres episodios. Trabajé en la creación del universo de la serie y de los personajes. Estuve ocho meses filmando esta serie súper relevante porque es acerca de uno de los eventos históricos recientes más importantes para Colombia, que fue la toma del Palacio de justicia en 1985 y la retoma por el ejército, que tiene muchas similitudes con la toma de la embajada de España en Guatemala. Para mí fue, de verdad, un gran honor que Netflix pensara en mí sin ser colombiano para contar esa historia tan importante.

Las inquietudes artísticas de Jayro, cuyo gran despegue como productor, guionista y director se dio hace diez años con la cinta Ixcanul se han centrado en realidades latinoamericanas. Sin embargo, de acuerdo con una reciente entrevista para la revista Variety, se encuentra escribiendo su primera comedia, la cual será una adaptación al contexto latinoamericano de la película española Nada en la nevera. Así que los próximos meses el cineasta y La Casa de Producción tendrán mucho que contar.

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