Felicito a la cancillería mexicana por haber tenido la feliz idea de reunir a significativos diplomáticos suyos que fueron protagonistas en los años ochenta al escribir valiosos capítulos del excelente texto: “México, mediador clave en América Latina”. Desde la parte teórica, la diplomacia mexicana ha ejercido sus buenos oficios en América Latina para resolver conflictos desde inicios del siglo XX y que, en su desarrollo, como bien nos dice la embajadora de México en Guatemala, Luz Elena Baños, en su ensayo ”Poder suave: construyendo redes para crear estrategias de consolidación de la paz”, ensayo forma parte del libro indicado (editado por el Fondo de Cultura Económica, México 2025), nos lleva al perfil de la actuación mexicana internacional basada en el ´poder suave´ (por oposición al poder fuerte o impositivo o coercitivo) en procura del diálogo, la negociación y la cooperación entre las partes desde una posición de neutralidad, aprovechando la afinidad cultural con los pueblos hermanos de la región.
Dentro de ese marco, para mí la parte más significativa del texto son los estudios de los autores en torno a la crisis centroamericana de los años ochenta, quizás porque soy guatemalteco, y en donde la participación de México, de sus cancilleres y su personal diplomático fue ejemplar, pues coadyuvaron enormemente a vislumbrar la paz en aquellos años donde sonaban los tambores de guerra en lo que sería el último conflicto de la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La escalada bélica fue motivada por la victoria sandinista en Nicaragua en 1979 pero más cuando Managua se plegó a La Habana, que erizó a los gobiernos militares centroamericanos, que se decidieron por reprimir todo foco de rebeldía en sus países y a aplastar la insurgencia, temerosos de sufrir el mismo destino del derrocado Anastasio Somoza. A todo esto, Cuba apoyó a Managua en su camino al socialismo, mientras la Casa Blanca envió a la CIA a apoyar a los ´Contras´ tanto a la frontera de Costa Rica como de Honduras, al punto que dicha agencia recibió dinero de los narcos para financiar a esos ´contras´, a cambio de permitirles la entrada de avionetas con cocaína a Estados Unidos, mientras que la CIA a la vez vendía armas a Irán para sufragar los gastos de ´los contras´.
Entre los estudios del texto sobre este tema destaca el escrito por Ernesto Campos Tenorio, relativo al papel de México en el proceso de paz en El Salvador (1982-1992); también “El papel de México en el Grupo Contadora”, redactado por Claude Heller; y “La ruta hacia la Paz de Chapultepec, el caso de El Salvador”, escrito por Benito Andión, cuyo conocimiento de primera mano de la situación procura insumos importantes para los historiadores que podrán usarlos como fuentes de investigación. Sirven para entender mejor tan complicadas situaciones políticas, en medio de las reuniones de los presidentes centroamericanos generados por iniciativa del presidente guatemalteco Vinicio Cerezo y del costarricense Arnulfo Arias que se integraron a los esfuerzos de México y Francia en primera instancia y luego, por iniciativa de México al conformar el Grupo de Contadora (enero de 1983 en la isla panameña del mismo nombre) con Colombia, Panamá y Venezuela de su lado, con el fin de frenar las guerras civiles en Nicaragua, El Salvador y Guatemala; reducir el armamentismo y evitar la intervención extranjera en Centroamérica (Cuba, la Unión Soviética, Estados Unidos) propia de la Guerra Fría. Y es que esta se había vuelto muy caliente en la región. De ahí la importancia de México en la mediación para buscar la paz.
Y es que la experiencia mexicana venía de atrás. Para ejemplo, la cancillería mexicana medió en el istmo, pues ya lo había hecho en Costa Rica en 1948, cuando José Figueres lanzó su ´revolución´ con armas dadas por el presidente de Guatemala Juan José Arévalo y por su jefe del Ejército Francisco Javier Arana dentro de los planes de La Legión del Caribe, creada en Guatemala en la finca presidencial Santo Tomás un año antes, para derrocar a los dictadores del Caribe. En esa reunión se contó con representantes de la oposición dominicana, nicaragüense y costarricense. Arévalo le dio armas a Figueres y este se comprometió a trasladarlas luego a la oposición contra Somoza, cosa que no hizo, pues se enfrascó en 1948 en la lucha por derribar al presidente costarricense Teodoro Picado Michalski por realizar fraude en las elecciones de ese año. Y era candidato Rafael Ángel Calderón Guardia y el mismo José Figueres. Tras las elecciones anuladas, el conflicto llevó al poder a Figueres que no soltó las armas y en la lucha murieron dos mil personas en la mal llamada Guerra de Liberación Nacional. Guardia, quien había hecho alianza con los comunistas, no era ningún dictador como Trujillo o Somoza. El estudio de esa crisis y su solución lo redactó la diplomática Laura Beatriz Moreno Rodríguez llamado “El pacto de la Embajada de México: mediador para la solución de conflictos y el respeto al derecho de asilo en Costa Rica”, escrito de manera magistral y detalladamente. Él narra cómo la diplomacia de México pudo desenredar esa maraña política para resolver el conflicto entre Figueres, el gobierno y la defensa del derecho de asilo, ya que Figueres a su vez violaba los derechos humanos de sus opositores.
De igual manera, Santiago Mateo Cibrián, nos adentra en las claves de la trágica invasión estadounidense en Panamá en 1988, en el ensayo “México, la defensa de la política exterior y del derecho de asilo en la invasión estadounidense en Panamá, donde sus tropas capturaron a su otrora fiel agente de la CIA, el presidente y general Manuel Antonio Noriega (como se hizo con Nicolás Maduro este año) para ser procesado en Estados Unidos, dejando destruido el centro histórico de Panamá, sin ninguna compensación (como ha sucedido en Caracas en estos meses).
También se narra el papel de México en medio de la crisis venezolana de 2017, donde logró mediar entre la oposición y el gobierno chavista en Venezuela para evitar el derrame de sangre que parecía inminente, mientras se violaban los derechos humanos de la oposición. Efraín Guadarrama Pérez hace un excelente recuento de la situación en su investigación “Diplomacia mexicana para la reconciliación de Venezuela”, que viene a recordarnos que el pasado es presente, ante la situación polivalente que sufre el país ante la ocupación parcial y sin presencia de soldados estadounidenses en tierra venezolana, que ahora está sumida en el caos por los terremotos reciente ocurridos en La Guaira y Caracas, con un Estado sin capacidad de respuesta para aliviar el desastre de esa magnitud. Existe una crisis humanitaria
El libro de marras nos describe la crisis crónica de Haití que aún sigue latente por la falta de cooperación internacional de las grandes potencias. “México y sus esfuerzos por alcanzar una sociedad de Paz en Haití”, fue escrito por Daniel Cámara y Joana Gómez Rodríguez, y han puesto de manifiesto las propuestas mexicanas para alcanzar un modelo de cooperación sostenible para impulsar mayor cooperación con un país que ha sufrido catástrofes bíblicas.
De interés resulta la mediación mexicana en el reciente proceso de paz con el insurgente del Ejército de Liberación Nacional impulsado por el presidente Gustavo Petro desde el inicio de su gestión, donde desempeñaron un papel protagónico México, Venezuela y Cuba para sentar a las partes en una mesa de negociación larga, complicada y llena de frenos y avances. “México como país garante de la mesa de diálogos de paz entre el gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN)” fue escrito por Roberto de León Huerta y Helietta González, con gran detalle. Es una pena que se haya roto la negociación debido a la falta de buena voluntad del ELN, que se prepara para un escenario de confrontación de cara al nuevo gobierno del presidente electo Abelardo De la Espriella.
Es un libro de lectura obligada para los estudiosos y amantes de las relaciones internacionales de nuestra región, pues tiene mucho que enseñar, en especial a nuestros diplomáticos ya que Guatemala es el único país de América Latina que aún carece de Academia Diplomática en forma y sus diplomáticos no han sido debidamente formados. A la fecha dejan mucho que desear en su desempeño en el exterior por esa razón.
Renuevo mis felicitaciones a la Cancillería mexicana por este texto que será muy bien apreciado por los estudiantes y profesores de relaciones internacionales de nuestras universidades.
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