Enrique Gómez Carrillo (1873-1927)
Enrique Gómez Carrillo comenzó su carrera en el periodismo en Guatemala en 1888, escribiendo notas para El Imparcial, diario de corta vida dirigido y fundado por el periodista de origen francés August Mulet de Chambó. El joven escribiente de apenas 16 años llevado por su espíritu contestatario e inquieto se atrevió a criticar acremente la obra de José Milla y Vidaurre. La reacción fue tremenda con muchas críticas publicadas en los periódicos ridiculizando al «jovencito metido a periodista».
Rubén Darío llegó a Guatemala un par de años después a fundar el Diario de la tarde y le dio empleo de reportero al joven Gómez Carrillo. Darío interpuso su recomendación para que el presidente de la República Lisandro Barrillas le concediera una beca a Gómez Carrillo para estudiar en Europa. En París y Madrid se desarrollaría como cronista y llegó a ser reconocido tanto en esas ciudades como en Buenos Aires y otras ciudades hispanoamericanas.
Rubén Darío y Enrique Gómez Carrillo fueron las figuras emblemáticas del modernismo: el poeta y el prosista. Augusto Monterroso los llama grandes limpiadores de establos y puntualiza: «En su tiempo, la obra de Gómez Carrillo significó en todo el ámbito de nuestro idioma escrito en prosa lo que la revolución de Rubén Darío en el verso».
La prosa modernista significó una especie de globalización literaria e informativa. Sobre todo, a través de los grandes periódicos El Liberal, en Madrid, y La Nación en Buenos Aires. Estos diarios permitieron la circulación masiva de textos que de otra manera se hubieran reducido a pequeños grupos de lectores afines o en el peor de los casos en las gavetas del olvido.
El periodismo en lengua española se hizo más literario con Gómez Carrillo y la literatura se afincó en la experiencia vivida: escribir sobre lo que se veía y sobre lo que se vivía a diferencia de lo que se pudiera crear solo desde el escritorio.
Cuando el gran literato y bohemio español Alejandro Sawa escribió en 1910 que Enrique Gómez Carrillo era «El Mago de las letras españolas» estaba expresando un retrato de la época: la del prodigioso Gómez Carrillo que había conocido en París y visto brillar en conversaciones de los cafés parisienses y a quien se lo asociaba a nombres como Oscar Wilde y Paul Verlaine.
La crónica modernista se leía en las grandes capitales hispanohablantes: de Madrid a Buenos Aires pasando por México, La Habana, Santiago de Chile, Bogotá, Lima y Montevideo. De alguna manera la crónica tiene estructuras afines al reportaje. De ahí que la consolidación de Gómez Carrillo y otros modernistas como escritores profesionales se concretó en buena medida con las regalías pagadas por los grandes diarios españoles El Liberal y ABC y en Latinoamérica La Nación y La Razón en Buenos Aires.
No contempla la crónica modernista hechos épicos de la historia, sino refiere a historias más inmediatas, de observación y sobre todo vivencia directa, de ahí que las crónicas modernistas tengan una temática variadísima en registro de situaciones, hechos y personajes. Pueden ir de la moda en París a una experiencia en un país en el lejano Oriente.
Enrique Gómez Carrillo inspirándose en la trayectoria de Pierre Loti realizó giras por Egipto, Palestina, Algería, Marruecos, Japón, Rusia, Italia y Alemania que culminaron en crónicas que hicieron época y formaron reunidas libros publicados como De Marsella a Tokio (con prólogo de Rubén Darío), Sensaciones de Egipto, la India, la China y el Japón, El Japón heroico y galante, Grecia (prólogo de Jean Moréas), La sonrisa de la esfinge, Fez, la andaluza, Jerusalén y la Tierra Santa, La Rusia Actual, Paisajes de Alemania, El encanto de Buenos Aires y otros.
Gómez Carrillo alcanzó el rango de director general de El Liberal entre 1916-1917, el diario español más importante de la época, por su tirada, la cobertura nacional e internacional y la calidad de sus textos. El escritor, traductor y crítico español Rafael Cancinos Assens (1882-1964) recuerda su visita a El Liberal donde es recibido por un dinámico Gómez Carrillo trabajando en mangas de camisa, junto a su equipo de redacción, en especial sus redactores estrellas, Leopoldo Bejarano y Larios de Medrano. Cancinos Assens resalta la presentación de ideas renovadoras que le expone Gómez Carrillo quien le anuncia sus planes de fundar una gran revista.
¿Cuáles son los aportes de Gómez Carrillo durante la dirección de El Liberal? En primer lugar, un ordenamiento diferente del periódico con la acentuada intención de abarcar de una manera amena tres dimensiones: 1) información y noticias; 2) debate político y cultural y crítica literaria y artística y 3) entretenimiento con textos novedosos y de creación literaria.
Uno de sus biógrafos, Alfonso Enrique Barrientos, sostiene que “la influencia del escritor guatemalteco en el desarrollo del periodismo español e hispanoamericano ha sido reconocida en la Península y no será omitida, la influencia, en la historia del periodismo español porque fue un innovador”.
Respecto de la interviú o entrevista, Gómez Carrillo fue pionero de esta y la consolidó en el periodismo en español. Ya desde sus tempranos años en París había adquirido la habilidad de entrevistador de personalidades como Unamuno, Catulo Mendés, Verlaine, Strindberg, Oscar Wild, Zolá, Augusto de Armas, Max Nordau, Alphonse Daudt, Jean Lorrain y Francisque Sarcey, entre muchas entrevistas. Desarrolló un concepto que expresó en el breve ensayo «El culto de la interview», donde resalta la importancia de no intervenir en la voz del entrevistado para alcanzar la comunicación ideal por medio de la empatía.
Lo mismo podría decirse del reportaje, donde recalcaba siempre la importancia de la objetividad, pero desde la perspectiva personal o subjetiva. En palabras contemporáneas: “Yo estuve ahí y lo vi”.
El original uso de las encuestas en El Liberal y en revistas fue de gran impacto en su momento, como la encuesta de cinco preguntas sobe el modernismo. Asimismo, su trabajo como corresponsal de guerra durante la Primera Guerra Mundial produjo cientos de crónicas y reportajes desde el mismo campo de batalla que compiló en los libros Crónicas de guerra (1915), Reflejos de la tragedia (1915), Campos de batalla y campos de ruinas (1915), En las trincheras (1916) y En el corazón de la tragedia (1916). Estos libros le valieron la más alta distinción de Francia (La legión de honor) y un éxito total de ventas.
Como bien lo ha señalado el investigador español Juan Manuel González Martel, fue Gómez Carrillo un fundador de revistas y director de publicaciones periódicas. Afirma el académico canario:
En unas décadas de los siglos XIX y XX en que la creación literaria se volcó en las páginas de las publicaciones periódicas, el conocidísimo cronista guatemalteco fue de los escritores más presentes en la prensa de la lengua española, a lo que se sumó el que sus otras facetas de literato estuviesen vinculadas igualmente a periódicos y revistas.
Gómez Carrillo siguió muy de cerca a la emblemática revista francesa El Mercurio de Francia para fundar su Nuevo Mercurio en 1907 con propósitos de afianzar la renovación modernista hispanoamericana, incluyendo textos de los principales escritores franceses traducidos por él al castellano y de los principales y los nuevos de España y de América con textos actuales de lo más granado del modernismo hispanoamericano. Pese a su calidad literaria la revista solo duró un año por razones económicas. Pero, Gómez Carrillo continuó con el sueño de editar una gran revista que uniera las dos orillas. Refunda así en 1919 la revista Cosmópolis. Con el apoyo financiero del millonario y empresario uruguayo Manuel Allende. Salieron 37 números mensuales y se publicó hasta 1922, el último año dirigida por el escritor y periodista cubano Alfonso Hernández Catá.

Las revistas hasta la tercera parte del siglo pasado jugaron un papel articulador y de difusión en América Latina, incluyendo el intercambio con España. Fueron los modernistas los que desarrollaron el concepto de revista como espacio de diálogo y debate.
Sin duda fue Cosmópolis una verdadera revancha para Gómez Carrillo. Se vendía en España y América. El éxito de Cosmópolis radicaba en esa amalgama de textos creativos acompañados de reseñas y crítica con noticas culturales de las principales capitales modernistas: Buenos Aires, Madrid, Montevideo, La Habana, México, Barcelona y desde luego París.
En definitiva, la labor periodística de Gómez Carrillo fue gigantesca y universal. El célebre reportero español Leopoldo Bejarano afirma: “Porque sin hipérbole de ninguna clase, el paso de Gómez Carrillo por El Liberal marca una línea divisoria entre la vieja y la nueva prensa.”
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*En esta misma edición lea una entrevista realizada por Enrique Gómez Carrillo a August Strindberg.
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