La bandera de la caricatura japonesa One Piece se ha vuelto clave para las protestas emprendidas por miembros de la Generación Z.
El pasado 8 de septiembre comenzaron una serie de protestas en Nepal. Las imágenes violentas que provenían de Katmandú evidenciaban que el movimiento social había sobrepasado por completo a las fuerzas del orden. Cientos de miles de jóvenes indignados se unieron contra la última medida impopular de un ejecutivo acostumbrado al abuso. La prohibición de las redes sociales fue la gota que derramó el vaso de esa sufrida población harta de un sistema plagado de corrupción y autoritarismo. Luego de varios días solo la dimisión del primer ministro y la promesa de elecciones, en marzo próximo, lograron calmar la situación.
Pocos días después, Madagascar se convertía en el epicentro de imágenes similares. La juventud malgache se sublevó contra sus autoridades. Al igual que en el país del Himalaya la mala gestión y corrupción de su gobierno fueron el detonante del movimiento. En octubre fue el turno de Marruecos. Pese a tener una población empobrecida y necesitada de servicios básicos, el reino africano será sede del mundial de fútbol 2030. La mala gestión de los recursos públicos y su desvío para este evento arrojaron a su población a las calles.
Perú tampoco fue indemne a estos eventos en septiembre. La población menor de 30 años se sublevó contra una reforma al sistema de pensiones. Pronto otras reivindicaciones se sumaron. Tales como, detener las extorsiones al transporte público y contra la evidente corrupción e impunidad de la presidente Boluarte, quien tuvo que renunciar a los pocos días. Siguiendo esta tendencia, el asesinato de Carlos Manzo, popular alcalde de Uruapan Michoacán, el pasado 1 de noviembre indignó a los mexicanos. Convirtiéndose en el detonador de manifestaciones en contra de la corrupción, la violencia y en narcotráfico en México.
Estos hechos no son aislados. Se suman a los ocurridos en Kenia, Bangladés, Serbia, Paraguay y Francia, entre otros, este año. Aunque se encuentren en distintos continentes y las condiciones de cada uno sean particulares, existe un factor común a todos al ser protagonizados por la generación Z. Por eso, surgen dos grandes interrogantes: ¿Quiénes son y qué impulsa a esta juventud a sublevarse en contra del sistema?
Nacidos entre 1995 y el 2010 estos jóvenes pertenecen a la generación Z. No conocieron, ni les importan, la guerra fría ni dicotomías ideológicas. Crecieron en un mundo en relativa paz y estabilidad. Toda su vida gozaron del internet y gracias a ello son las personas más conectadas de la historia. Esto les convierte a su vez en los que mejor acceso a información pueden tener y al mismo tiempo quienes más padecen los “fakes news”. Solitarios, se concentran en las redes sociales, desconfían de “lo político” y se muestran indiferentes a asumir compromisos. Han encontrado en la realidad virtual un sustituto a muchos de sus vacíos afectivos. Aun así, hartos de un sistema que no responde a sus demandas, han hallado la forma de interactuar y unirse en causas comunes por medio de sus teléfonos y tabletas.
El símbolo que presidió este movimiento fue una calavera sonriente coronada por un sombrero de paja. Esta imagen proviene de la caricatura japonesa “One Piece”. La cual relata, desde 1997, las aventuras de “Monkey Luffy” y sus piratas del sombrero de paja quienes se enfrentan a un rey corrupto y tiránico, mientras buscan un tesoro. Es evidente que las condiciones de esta historia son fácilmente identificables para estos jóvenes alrededor del mundo. El ícono logró unificar a una generación que no protesta con himnos, sino que lo hace con “memes”. Que convoca a marchar a través de redes sociales y que se aglutina alrededor de una cultura digital, común con la que crecieron, que trasciende fronteras.
Movimientos de protestas juveniles han existido en el pasado. Sin embargo, este se destaca por tratar de mantenerse alejado de las consignas ideológicas. Por ello, enarbolan la bandera “Mugiwara” de un mundo ficticio. Se abstienen de tener una dirigencia definida. Critican al sistema tradicional. No se comprometen ni unen con ningún grupo político. Sus pretensiones se basan en la lucha contra la corrupción y una idea muy relativa de libertad y democracia.
No es muy difícil identificar las causas estas protestas. La generación Z, al igual que todas sus antecesoras en su momento, siente dudas y aprensiones sobre el presente y el futuro. Que tiene Incertidumbre laboral y temor al fracaso en un mundo cada vez más competitivo. Sumado a esto, por primera vez en 30 años, se habla abiertamente de la necesidad de prepararse para la guerra. Todo esto genera frustraciones en un grupo poblacional que culpa al gobierno de no estár a la altura de las circunstancias.
Guatemala no es ajena a esta realidad con casi un tercio de su población nacida después de 1995. Sumado a los efectos negativos de gobiernos, que desde hace 25 años hasta hoy, han sido incapaces de resolver las necesidades básicas de las personas, de proveerles seguridad, ni de construir la infraestructura necesaria para el desarrollo. Situación que de no corregirse, es altamente probable y natural, lleve a la desesperación a esta masa de jóvenes, de momento silenciosa. despertando al gigante dormido con consecuencias predeciblemente nefastas.
No porque no se vean significa que no existan. Están allí… esperando. Hay que recordar que estos movimientos, a diferencia de otros del pasado, se forman en las pantallas de un teléfono celular, pero tarde o temprano terminarán en las calles. La incertidumbre acerca del futuro, la complejidad de un mundo en cambio, los problemas sociales, las dificultades económicas y el cuestionamiento de los valores tradicionales son los retos que debe enfrentar toda sociedad si quiere perdurar.








