Cien años y dos mujeres

Ellas han sido dos mujeres encasilladas en una generación que, a su vez, se vio encasillada en una guerra fratricida, una guerra española entre hermanos; ambas tenían once años en 1936, al comenzar la guerra y quince o casi quince en 1939 al finalizar la guerra...

Rogelio Salazar de León

abril 6, 2025 - Actualizado abril 5, 2025

Carmen Martín Gaite y Ana María Matute.

Aunque no haya sido del todo visible, lo más seguro es que la literatura femenina ha existido desde que hay mujeres en el mundo ¿quién, sino ellas han tenido y mantenido muchas virtudes en el uso de las palabras…?

Sin embargo, fue Giovanni Boccaccio quien escribió “De Mulieribus Claris”, que es una colección de biografías de mujeres ilustres, se ha dicho que es el primer libro dedicado a dar cuenta de vidas de mujeres de prestigio; Boccaccio indicó haber escrito esa colección de biografías para preservar su memoria, por ser célebres y famosas, sin importar si han sido buenas o malas, lo que revela que lo escribió sin ánimo de juzgar, como cabe esperar de un buen escritor.

Por aparte, cuando se piensa en libros escritos por mujeres, por lo regular se piensa en clave inglesa, o bien, en clave de lengua inglesa; nombres que van desde Jane Austen hasta Virginia Wolff y J. K. Rowling dan cuenta de una tradición de letras femeninas muy consistente.

Hace cien años, en 1925, nació Ana María Matute en Barcelona y Carmen Martín Gaite en Salamanca, una catalana y la otra castellana, Matute fue galardonada con el premio Cervantes y Martín Gaite con el premio Príncipe de Asturias.

Ellas han sido dos mujeres encasilladas en una generación que, a su vez, se vio encasillada en una guerra fratricida, una guerra española entre hermanos; ambas tenían once años en 1936, al comenzar la guerra y quince o casi quince en 1939 al finalizar la guerra; ambas marcadas desde su primera juventud por una situación límite.

De 1936 a 1939, cuatro años en los que España giró en una órbita al revés, luego de esos años salvajes lo más normal es quedar a la intemperie y desprotegida, lo que tal vez es más grave que quedar perdida y desorientada; cuatro años que han dejado muy atrás, muy lejos, a años luz de distancia la infancia; tanto Matute como Martín Gaite, a sus quince años, después de haber girado al revés debieron sentirse desnudas, además de lo dicho sobre la pérdida de la brújula, esa aglomeración de sentimientos ha sido la condición para que cada una de ellas decidiera escribir o, mejor dicho, para que decidieran vivir su vida para escribir, a su manera cada una de ellas.

Ana María Matute escoge un perfil más sencillo, el de ser sólo una narradora, una profesional en el oficio de la prosa; mientras Carmen Martín Gaite prefiere un gesto más intelectual, quizá, más amanerado, se casa con Rafael Sánchez Ferlosio en un matrimonio que es como un escenario destinado a acrobacias por los peldaños de una escalera, ella escribe poesía, ensayo, además de prosa narrativa.

Sin embargo, al ser mujeres sinceras consigo mismas, es decir, con su propia vida, ambas coinciden en varias cosas, aunque no sea al mismo tiempo ni a la misma edad, entre ellas, concuerdan en algo tan cercano a sentimiento femenino como lo es el cuento de hadas, porque eso es El Pequeño Teatro del Mundo” de Ana María Matute, en donde los personajes son movidos por un titiritero de marionetas; y también un cuento de hadas es “Caperucita Roja en Manhattan” en donde Carmen Martín Gaite alisa y suaviza el afilado perfil de la ciudad de Nueva York.

Si es cierto que lo buscado por el texto literario es el deseo del lector, Matute y Martín Gaite consiguieron ese deseo sobre sus libros, al mostrar su desnudez, en la que quedaron luego de la guerra española del 1936 al 1939 y, también, al ondear los velos hecho de palabras con que sobrellevaron esa desnudez.

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