Más allá de la elección de técnicas y materiales, la creación artística requiere de procesos de experimentación e inspiración. Desde 2016, por iniciativa del artista guatemalteco Jorge Linares surgió en Guatemala Chichicaste, que empezó siendo una residencia artística internacional en el lago de Atitlán y ahora es una plataforma de pensamiento y creación que surge de Mesoamérica y que busca tender redes y estrechar vínculos con creadores de distintas latitudes.
El programa ya ha reunido a artistas locales e internacionales en un espacio de intercambio, acción y experimentación. Erick Boror, uno de los artistas involucrados en el desarrollo de esta plataforma, explica: “En este momento estamos tratando de activar proyectos con amigos, cómplices del arte, para que de alguna manera sea una plataforma dedicada a los saberes. Que se estimule el conocimiento a partir de personas que son expertas en ciertos temas y que esa experiencia la provean a otra generación de artistas”.
De acuerdo con su sitio web, en esta nueva etapa Chichicaste se reconfigura “como una residencia-laboratorio enfocada en la investigación dentro del campo de las artes expandidas… Propone desplazar el énfasis tradicional de la producción hacia el proceso, situando la investigación artística como eje articulador de las prácticas contemporáneas”.
Entre los objetivos que propone la plataforma es que la estancia de los artistas sea un entorno transdisciplinar, donde converjan distintas formas de conocimiento, exploración material, pensamiento crítico y afectividad colectiva.
Correspondencias en eco
En julio pasado, fue la artista visual mexicana Pamela Zeferino la invitada a participar de esta experiencia. Durante dos semanas, vivió en La estación transparente del deseo, el espacio artístico creado por el artista Carlos Montes en la zona 17. En ese taller-jardín, la artista pudo experimentar con materiales, formas y transformaciones.


Piezas trabajadas por Pamela Zeferino durante su estancia en Guatemala. Foto: Chichicaste
“Estuve en Guatemala como invitada”, afirma la artista mexicana, quien indica que a su estancia no le llama residencia, debido a que entre los objetivos de la plataforma “no queremos adaptarnos a formatos que ya existen, sino hacer los propios, a partir de nuestras necesidades, nuestros requerimientos y también nuestras posibilidades”. Su proyecto comenzó con la idea de generar cerámicas que guardaran los golpes. “Que tuvieran formas geométricas a partir de la esfera, dejarlas caer, tornearlas y generar formas a partir de eso”, explica. “Me interesaba que tuviera un fondo metafórico de lo que pasa cuando estás en otro lugar y te vas acoplando a partir de lo inesperado y lo que va pasando en el contexto”, añade. Fue, precisamente, lo que le sucedió a ella estando en el ambiente en el que trabajó su proyecto. “Me vi muy afectada y cambiada por el contexto del taller, porque está rodeado de naturaleza y el paisaje en Guate es muy apabullante”.
Comenta que originalmente las piezas que realizarían serían solamente cerámicas. Sin embargo, el proyecto se extendió. “Carlos fue muy generoso con el material y con mostrarme diferentes posibilidades. Al final también, terminé trabajando porcelana y vidrio que yo no tenía ni siquiera pensado. Investigar desde el material y la forma también es muy interesante, divertido y enriquecedor para tu práctica”, acentúa.
Luego de las dos semanas de experimentación, Pamela cuyo proyecto se tituló Correspondencias en eco, una investigación desde las fragilidades y correspondencias realizó una presentación, donde hubo una lectura y colgó algunas de las piezas en los jardines- “Nos interesaba que las piezas no terminaran en un cubo blanco en una galería, sino que fueran parte del proceso y a los invitados hacerlos parte del proceso”, señala.
Dejarse llevar por lo que sucede en el entorno fue también parte importante de los procesos seguidos por Pamela en esta experiencia. Indica que, incluso hasta el final, sus ideas se transformaron. “El último día que estaba yo en Guate, fui al jardín a tratar de desmontarlas para traérmelas, pero no pude. Como que los objetos se querían quedar ahí un poco. Entonces dejé un poco en el jardín que todavía se puede visitar”, comenta.
La experiencia artística también incluyó momentos para que la artista pudiera compartir sus procesos con quienes asistieron y se interesaron en el trabajo realizado. De esta manera, genera conocimientos a través de la práctica y la reflexión.




La estancia de Pamela Zeferino en Guatemala, no solo generó piezas originales surgidas de la experiencia en cerámica, porcelana y vidrio, sino también un intercambio de experiencias con otros creadores. Fotos: Cortesía Pamela Zeferino
La vinculación
Pamela cuenta que la primera vez que estuvo en Guatemala fue en 2016, cuando realizó una exposición conjunta con los artistas Pablo López y Jorge Linares. “A partir de ahí nos seguimos la pista”.
La artista visual mexicana, quien recientemente obtuvo su Maestría en Artes Visuales señala que, para ella, aceptar esta invitación significó un cambio fuerte. “Estar en una investigación en un lugar que no es tu taller cambia la manera en que tú trabajas. Yo estaba trabajando en sistemas económicos de mujeres que trabajan por Internet. Es algo totalmente distinto”, enfatiza. Refiere que ella ha trabajado en contacto con la gente, realizando una bitácora larga para generar proyectos a mediano plazo. Entonces, llegar a Guatemala a realizar una acción en dos semanas la obligó a modificar su día a día.
Pamela estudió Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Cursó el Programa Educativo SOMA y el Seminario de Producción Fotográfica 2018 del Centro de la Imagen. Concluyó la Maestría en Investigación Artística en la Facultad de Artes y Diseño de la UBAM. Ha mostrado su trabajo dentro y fuera de México.
Junto a su socia Gabriela Sandoval creó el proyecto Canalla que comenzó en 2018 en Ciudad Neza (en la periferia oriente de la Ciudad de México). “Es una zona que no tiene museos ni galerías. Su objetivo es generar exposiciones en el espacio público. “Empezamos en un puesto de tacos en 2018, el cual cerramos por la pandemia y nos mudamos a un mototaxi”, relata
“Actualmente estamos trabajando un proyecto un proyecto que se llama Barniz de ajo, que es la segunda parte de un proyecto colaborando con manicuristas de Ciudad Neza, que trabajan con artistas visuales para reflexionar sobre las economías desde lo femenino”, cuenta.
En proceso
Pamela subraya que una de las principales conclusiones a las que llegó luego de su participación con Chichicaste es que las redes entre artistas y colegas son importantes para el logro de los proyectos. “A pesar de que las acciones artísticas en este proyecto en específico se gestan en un taller a solas, trabajando con el material, hay algo super importante, al poder hacer una red, estar allá y saber de la historia el arte en Guatemala, la historia el arte en Centroamérica y de Latinoamérica en general”, explica.
El intercambio de ideas y puntos de vista es algo constante. Incluso, de acuerdo con Erick Boror, la idea de Chichicaste es poder transmitir la información artística de boca en boca, priorizando la experiencia de un intercambio más personal. Sin embargo, dice, se evalúa cuál es la mejor manera de difundir el conocimiento y dejar constancia de los procesos.
Pamela indica que para ella es muy importante que se hable de la documentación para que quede una memoria de las acciones artísticas. “En Guate hay una genealogía de performance y de eventos que no se documentaron de manera tradicional. Sin embargo, existen las narraciones y está la palabra que sigue pasándose de generación en generación y eso es super interesante”, agrega.
Para más información sobre Chichicaste y sus trabajos artísticos, puede visitarse: CHICHICASTE – CHICHICASTE
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