El inicio de la Primera Guerra Mundial la sorprendió actuando en Berlín. Mata Hari era la apetecida bailarina del exotismo hinduista, con coreografías eróticas que incluían despojarse de la ropa. Se llamaba Margaretha Geertruida Zelle, nacida el 7 de agosto de 1876 en Leeuwarden, Holanda. Resulta sugestivo citar al escritor español Eslava Galán que asevera:
“Mata Hari tenía renombrada pericia en la presa de Cleopatra, técnica que consiste en comprimir y liberar alternativamente los músculos de la vagina durante el acto sexual. Es una habilidad bastante frecuente en las mujeres orientales (muchas de las cuales la ejercitan con las conocidas bolas chinas), pero que escasea entre las mujeres occidentales, que suelen tener ese músculo inactivo o vago. Todas las mujeres tienen ese poder en mayor o menor grado, pero lo cierto es que lo descuidan.”
En 1914 era amante de un oficial de la seguridad alemana y después lo sería de Eugen Kraemer, jefe del espionaje alemán. Mata Hari tuvo también como amante en París al general francés Adolphe Marie Messimy. Resulta verosímil que Kraemer la haya reclutado como espía pensando en sus relaciones con altos militares franceses. Mata Hari entra después en contacto con el jefe del servicio de espionaje y contraespionaje francés, Goerges Ladoux, a quien le ofrece sus servicios. Estaba entonces enamorada de un joven oficial ruso llamado Vadim Masslov, quien había sido herido y se recuperaba en un hospital en un territorio francés considerado zona militar estratégica y el cual fue visitada por Mata Hari. Ladoux sospechaba de ella y le tiende una trampa que llevará a una acusación grave de espionaje y a la condena a muerte.
La noticia de la ejecución le dio la vuelta al mundo. El lado francés necesitaba de un chivo expiatorio que atenuara los fracasos en el campo de batalla. Se construyó una “verdad adecuada” que se fue cimentando. Pero, ¿quién era en verdad Mata Hari?
Enrique Gómez Carrillo intenta contestar esta pregunta por medio de un libro basado en una investigación con las fuentes ya que el juicio fue a puerta cerrada y la documentación sellada como secreta. Escribir un libro sobre Mata Hari tenía en 1923 todos los ingredientes requeridos por el cronista: una mujer hermosa y famosa bailarina que había escandalizado durante La belle époque con sus coreografías desnudas y eróticas. Desde luego que incluiría una apología personal y el rechazo a las calumnias que le habían levantado sobre la supuesta entrega de Mata Hari por él a los franceses. Nunca fue su amante y en realidad no la conoció. El libro sería la limpieza de su nombre manchado como delator de una mujer de un país que había sido neutral durante el conflicto y que había sido cruelmente ejecutada.
Mata Hari termina trágicamente su existencia. Es llevada al paredón el 15 de octubre de 1917 en los bosques de Vincennes en las afueras de París. Las leyendas cuentan que bailó desnuda ante las monjas que la cuidaban en la cárcel. Que un asturiano y millonario trató de salvarla. Que mostró la mitad del cuerpo desnudo para impresionar al pelotón de fusileros. Y después de que no había muerto en la ejecución y que se le había visto desnuda en una playa.
Su cuerpo no fue reclamado por nadie y fue donado a la facultad de medicina de París. Su cabeza se exhibió embalsamada en el Museo del Crimen de París, hasta que en 1958 fue robada y no se supo nunca nada más.
Toni Bentley, exbailarina australiana del New York City Ballet, ha publicado el muy difundido libro “Las hermanas de Salomé” donde presenta la “salomemanía” o la liberación total de tabúes sexuales. Bentley presenta los casos de la bailarina canadiense Maud Allan, también acusada de conexiones con los alemanes durante la primera guerra, la ucraniana Ida Rubenstein y Mata Hari. A todas las llama las hermanas de Salomé y a Mata Hari la denomina “La agente horizontal”.
Bentley alude a las investigaciones de Russell Waren sobre Mata Hari y afirma que la bailarina era inocente de espionaje pero culpable ante los ojos patriarcales por su notoriedad que confirmaba simplistamente la relación de sexualidad y espionaje. Lo que es confirmado por la escritora Laura Manzanera:
“Se convirtió en un mito por causa de su fusilamiento. Sus logros en el espionaje fueron ridículos, su mayor mérito fue el de inventarse toda su vida. Gracias a ello, comienza a triunfar en la danza y, cuando le va mal, utiliza su cuerpo para mantener su elevadísimo tren de vida. Tuvo muchos amantes influyentes y uno, alemán, la contrata como espía. Intenta hacer algo, pero es muy ambiciosa y trabaja al mismo tiempo para los franceses, de agente doble, y la pillan…”
León Schirmann, veterano de la resistencia francesa durante la segunda guerra publicó un sonado libro: Mata-Hari ¿espionne ou victime? (Mata Hari, ¿espía o víctima?). Schirman demuestra con documentación nunca antes vista que la bailarina era inocente de los cargos. Lo que no excluye que hubiera recibido dinero tanto de los servicios de espionaje alemán como del francés. Pero sin que hubiera podido nunca entregar algo de importancia. «Cada pieza de evidencia no hace más que confirmar que Mata Hari fue víctima de una mentira patriótica del establishment francés interesado en endilgarle a alguien los desastres militares y las privaciones de la población civil en 1917, un año-destaca Schirmann- en el cual el ejército francés se amotinó y los aliados llegaron a contemplar la posibilidad de una derrota.»
El periodista vasco Martin Olmos Medina afirma al respecto:
A Mata-Hari la fusilaron los franceses porque había que fusilar a alguien para mantener la moral alta y lo que mataron fue a una profesional solvente del oficio horizontal, a una ramera babilónica que trabajó las sábanas de seda porque no raspan y son más rentables que tumbarse a la marinería por tres chavos, una copa de ajenjo y un cuento de la mar.
La conexión Salomé y Mata Hari resulta muy sugestiva y en cierta manera inevitable, tanto en la literatura como en las realidades crudas del mismo proceso, Salomé es la mujer que se desnuda bailando y consigue así sus propósitos. El juez de instrucción Mornet al referirse a Mata Hari después de hacerse pública la sentencia, habría dicho que ella era “una siniestra Salomé que jugó con la cabeza de los soldados franceses”.
Mata Hari fue maltratada por su esposo en su primer y único matrimonio con un oficial holandés. Su único hijo murió envenenado siendo niño. De sus tragedias y sufrimientos emergió una nueva mujer que se reinventó a sí misma: una Salomé rediviva que conseguía sus propósitos de fortuna y poder sobre hombres y sistemas. Se convirtió en espía pero fue torpe e ineficiente y fue condenada injustamente por crímenes que no cometió. Fue asimismo una artista de la danza: la bailarina desnuda. Esa fue la mujer que Enrique Gómez Carrillo retrató magistralmente en su libro “El misterio de la vida y de la muerte de Mata Hari”. Y hay que decirlo, el feminista Gómez Carrillo fue al ataque contra las estructuras patriarcales.
Un libro relevante sobre Mata Hari, The fatal lover, escrito por la académica Julie Wheelwright presenta una análisis contextual de las estructuras patriarcales y racistas prevalecientes en la época de Mata Hari, las cuales para Wheelwright fueron decisivas para la condena a muerte de la bailarina.
Gómez Carrillo deja entrever la inocencia de Mata Hari, al menos una inocencia parcial. Algo que las investigaciones posteriores desde 1935 a la fecha han venido demostrando: Mata Hari era inocente de los cargos. Y si fue espía fue una mala espía, torpe y aparatosa pieza en un mundo de mucha sofisticación.
Martin Olmos Medina resalta: “Gómez Carrillo no nos dice si ella era espía o no, él no tenía forma de saberlo. En los años 30 el gobierno francés desclasificó el proceso contra la bailarina, que resultó ser inocente de los cargos que la llevaron al paredón y se supo que Gómez Carrillo, muerto en 1926, nada tenía que ver con Mata Hari”.
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