Alfredo Bryce Echenique (1939-2026)
El alcohol ha estado presente en la vida de grandes escritores, pienso en el gran Ernest Hemingway, en James Joyce, en Oscar Wild o en nuestro Miguel Ángel Asturias para no ir tan lejos. Algunos críticos han dicho que Bryce Echenique (1939-2026) integró el alcohol y el «realismo etílico» en su vida y obra, “como un elemento creativo para la literatura de amistad, amor y memoria”, como le gustaba decir. Degustador de vodkas, veía en el alcohol una forma de corregir textos con atrevimiento. Su estilo es personal, su humor también.
Empero, siempre escribía sobrio durante la mañana y era bastante ordenado según pude comprobar al visitar su casa en Lima en 1999, porque escribir una historia exige siempre poner ojo a los detalles sin trabas alcohólicas de por medio. Pero a mediodía ya empezaba con la primera copa. A veces corregía el texto así con una «escritura borracha» pues le permitía una mayor audacia en sus relatos, desde su perspectiva. Así era la atmósfera en su obra, donde el alcohol es un componente de la vida cotidiana de sus personajes y su propio proceso creativo.
En la novela Tantas Veces Pedro (1977), aborda la adicción al alcohol en personajes que buscan su identidad en París. Y uno de esos buscadores era yo y otros chapines que estuvimos en París por esos años. No conocí a Alfredo en París sino muchos años después en Lima. Hay conocidos escritores y artistas que son alcohólicos pero aprenden a ser disciplinados: no hay escritor bueno si no está lúcido cuando escribe, porque si no hay autocontrol para escribir la redacción se vuelve inconexa. Por ello pongo en cuestión lo que le gustaba decir de sí mismo a Alfredo, que era “el escritor más borracho del mundo”, aunque no hay forma de probarlo. Puede ser cierto, pero escribía desde la madrugada siempre lúcido, como recomendaba el autor de Madame Bovary, Gustave Flaubert. Indicaba que las horas de la madrugada son las mejores horas de lucidez para toda persona y eso me lo repitió Asturias. De ello puedo decir que Hemingway lo hacía así, aunque él mismo parecía decir lo contrario a la prensa, para darle combustible a sus escritos.
La depresión y el alcohol van de la mano puesto que es un gran escape. Las causas son propias de cada quien. Brice Echinique con un trago se convertía en otra persona, más desenvuelto, más amable, aunque siempre era un caballero y nadie le dijo borracho jamás. Blanquita de Asturias fue quien desde los años cincuenta frenó a Asturias y, sobrio, escribió la Trilogía Bananera, Viernes de Dolores, El hombre que lo sabía todo, sin necesidad del combustible etílico. Ignoro si Bryce Echenique paró de beber en algún momento, pero su legado está allí y es magnífico: Un mundo para Julius, que pasará a la inmortalidad.
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