Un capítulo que impregna optimismo

Renzo Rosal

enero 16, 2026 - Actualizado enero 15, 2026
Renzo Rosal

Si bien la correlación para la conformación de la postuladora responsable de elaborar la nómina de candidatos para presidir el órgano electoral es favorable a los intereses grises-oscuros que pretenden continuar con el control antidemocrático de las instituciones, vale la pena desmenuzar algunas ventanas de oportunidad que ese escenario, inicialmente adverso, puede presentar.

El resultado de la elección en la asamblea del Colegio de Abogados y Notarios es un asidero de primera importancia. Contra la serie de grupos que otrora controlaban ese colegio como plataforma para erigirse cuan señores feudales, los vientos soplan ya en sentido contrario. El resultado logrado por la planilla 4 no solamente es indiscutible, sino que pone el desnudo la aspiración de los aires de cambio que demanda gran parte de quienes integran ese colegio. Lo sucedido en las dos vueltas electorales, sumado al resultado previo logrado en el proceso de elección de la actual junta directiva, plantean una tendencia imparable.

Promover la articulación de quienes anteriormente no se sentían representados es un paso histórico. Implica la invitación a jugar en las arenas del anti poder que ha querido ser hegemónico, pero que, como toda expresión de poder, termina siendo temporal. Los desplazados e invisibilizados ahora comienzan a dejar de serlo. Cuentan como personas, cuentan como actores políticos. Los grupos tradicionales, por el contrario, solo les consideraban como resultado del clientelismo barato, como factores transaccionales, como simples depositantes de votos, y que como resultado de ese mercantilismo viciado y favorecido por el reparto de recursos, unos provenientes del erario y otros de actividades ilícitas, facilitaban el acceso de unos cuantos a las instancias de poder en juego, para continuar con el reparto y, al mismo tiempo, el desmantelamiento de las instituciones, especialmente del sector justicia. Ese tipo de tropelías comienzan a desaparecer, pero para que ello ocurra totalmente es necesario continuar con el proceso. Ello implica reducir el margen de maniobra de los grupos que querrán, no solo cobrar venganza como fieras heridas, sino recuperar espacios que han creído como propias y que ahora son desplazados por quienes anhelan cambio, pero de verdad, no frases vacías.

Los capítulos que quedan por delante son varios y decisivos. Además de las otras postuladoras que entrarán en escena en próximos meses, queda, en el caso de la postuladora TSE el desafío de quiénes se apuntarán como candidatos. El resultado del CANG debe ser pauta para la promoción de los mejores cuadros posibles (que los hay), quienes, quizás, antes no se apuntarían, ni por asomo; pero que ahora, con los aires renovados en construcción, debieran hacerlo porque hay posibilidades reales. Contra muchas apuestas corresponde demostrar que los resultados logrados en los últimos tiempos deben tener continuidad, a pesar de los tropiezos que la correlación mayoritaria de la postuladora intente implementar.

Lo demostrado tiene, además, un sentido exponencial. Necesitamos, con urgencia, a los articuladores, los que promuevan servir como ascensores. Representar a quienes no han estado en la arena, porque no han querido ser comparsas o presas fáciles de los de siempre. No solo se trata de los procesos 2026; también es deseable de cara a las elecciones de 2027. Las caras que comienzan a sacar la cara como “presidenciables” representan lo que no queremos. Falta ver las voces de renovación, tal y como afortunadamente ha sucedido en las elecciones del CANG.

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