En un mundo con pésimos liderazgos políticos tanto en el viejo como en el nuevo continente, Centroamérica acelera su situación crítica en razón que sus gobernantes son ineficientes, mientras que los organismos políticos del Sistema de Integración Centroamericana (SICA) caminan patas arriba y con sus cancillerías inclinándose ante el nuevo amo Trump, en tanto la rebelde Nicaragua se regodea con su «antiimperialismo»; desfasado para aupar a su cruel dictadura. Cabe mencionar que va por ese camino autoritario el presidente Nayib Bukele con su prórroga indefinida para que pueda ser candidato por siempre para aherrojar su poder con su política de seguridad, contra los mareros presos a los que engañó luego de llevarlo al poder y que luego los traicionó al meterlos presos a casi todos. Ahora pretende que Trump le envíe a sus cabecillas que lo han acusado de compartir su corrupción para silenciarlos por
siempre por el favor de haber recibido presos a cientos de migrantes que estaban en Estados Unidos.
El SICA está trastocado pues anda sin presidente pro témpore durante los últimos pues nadie se atreve a elegirlo dada la desunión histórica de los gobiernos del área, mientras el sistema lo administra el secretario general Werner Vargas. También la Corte de Justicia Centroamericana brilla por su opacidad sin clara funcionalidad, y, no digamos, el Parlamento Centroamericano que ha sido objeto de burla por el cinismo de sus diputados de ganar cinco mil dólares al mes sin hacer nada más que reunirse una o dos veces por mes para saludar a sus colegas igual de deshonestos, porque deberían renunciar para no ser tildados de corruptos y sin ética. Al menos el Congreso salvadoreño salvó la cara autoritaria al aprobar el
acuerdo que pedirá la salida de su país del Parlamento Centroamericano por inoperante y desfasado. Es un ejemplo que deberían imitar los mismos parlamentarios del Parlacen y de los Congresos que forman parte del SICA que son los centroamericanos más República Dominicana y Belice de retirarse de manera mancomunada, cosa que la cancillería guatemalteca podría coordinar para dar fin a ese ente que surgió a fines de los ochenta para democratizar a los hermanos Ortega en Nicaragua, como una idea de Vinicio Cerezo, buena en su momento histórico, mal para los años posteriores al volverse un refugio para políticos corruptos.
Quien se aprovecha de esa desunión en el istmo es la administración Trump, que ha hecho su voluntad con nuestros migrantes y nuestros gobiernos, que se han plegado de manera servil para hacer lo que se les pide, y han hecho mutis del dolor que han sufrido por nuestros migrantes capturados, y donde Centroamérica desentona sin una política común para su protección y traer en debida forma a quienes con el sudor de su frente mantienen la economía del istmo en este momento. Y es que ahora la economía se viene a pique en el istmo con la caída general del crecimiento económico en el mundo antes las medidas comerciales del aprendiz de brujo de la Casa Blanca que bajó la creación de empleos y subió la inflación en Estados Unidos, mientras no bajan las tasas de interés bancario para acelerar los planes de inversión de las empresas, sumidas a su vez por el temor del alza de precios de sus importaciones de productos de países gravados con altos aranceles, que hacen más caros los productos, lo que afectará el bolsillo de los consumidores, sean estadounidenses, y se elevarán los precios de los productos estadounidenses que los centroamericanos importamos, y que ciertamente van a impactar el bolsillo y los empleos de los trabajadores del área…
Claro, las cancillerías y ministerios de Economía de nuestra subregión están en el agujero negro de la incertidumbre y, en vez de analizar en conjunto qué hacer de manera común para defender a nuestros migrantes y la economía, puesto que si bien Centroamérica es el mercado número para nuestras exportaciones, Estados Unidos sigue como número dos y es importante estudiar y definir políticas comunes porque lo que ocurra allá en Washington es importante, porque como dijo Fernad Braudel «geografía es historia», y, la actual, será recordada como los años de crueldad ilegal de Trump.
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