Un renovador en el camino de Jesús

“Francisco citó en varias ocasiones a San Francisco de Asís, recordando que es más importante ser un servidor que un líder, un principio que aplicó de manera evidente en su comportamiento diario”.

Estuardo Porras Zadik

abril 28, 2025 - Actualizado abril 27, 2025
Estuardo Porras Zadik

El papa Francisco, desde su elección en marzo de 2013, fue un faro de esperanza, no solo para los católicos, sino para el mundo entero. Su pontificado marcó un cambio significativo en el modo en que la Iglesia Católica se relaciona con el mundo contemporáneo, con su mensaje de apertura, humildad y amor. A medida que reflexionamos sobre su legado, es fundamental examinar con detenimiento cómo intentó remodelar una institución que crucialmente necesitaba adaptarse a los desafíos y realidades del siglo XXI. Para mí en lo personal, su pontificado fue un renacimiento de mi fe.

La Iglesia católica, a lo largo de los años, ha sido percibida como una institución rígida y a menudo desconectada de las necesidades de sus fieles. Francisco entendió que la Iglesia debía convertirse en un lugar acogedor y compasivo, en lugar de un bastión de dogmas inamovibles. Este cambio de paradigma comenzó desde el mismo día de su elección, cuando eligió el nombre de Francisco, en honor a San Francisco de Asís, el santo que encarnó la humildad y el amor hacia todos, especialmente hacia los pobres y los marginados. Uno de los momentos clave en este cambio ocurrió cuando el papa emitió su primera exhortación apostólica, Evangelii Gaudium, donde llamó a una «iglesia en salida», que no se encerrara en sí misma, sino que buscara activamente a aquellos que se sienten excluidos. Esta propuesta de misión y servicio, en lugar de condena y juicio, ha resonado profundamente entre aquellos que anhelan una fe que sea inclusiva y comprensiva. Hubo conservadores que preferían que las cosas no cambiaran; pero la mayoría vio en Francisco una mejor versión de su iglesia . El papa, a través de su enfoque, demostró que la fe cristiana debe estar intrínsecamente vinculada a la justicia social y a la defensa de los derechos humanos.

La humildad del papa Francisco fue uno de sus sellos distintivos. Desde sus primeros actos, como optar por vivir en la Casa de Santa Marta en lugar del lujoso Palacio Apostólico, trasladó un poderoso mensaje sobre la simplicidad y la cercanía. Francisco citó en varias ocasiones a San Francisco de Asís, recordando que es más importante ser un servidor que un líder, un principio que aplicó de manera evidente en su comportamiento diario. Su primer viaje fuera de Roma fue al centro de rehabilitación de ancianos en Lampedusa, donde ofreció su oración y apoyo a los inmigrantes que huyen de la desesperación. A través de esta acción, el Papa nos recordó la importancia de la empatía en tiempos de crisis y cuales deben ser las prioridades de la iglesia. Su cercanía con los más necesitados ha sido una constante en su pontificado, desde los inmigrantes en las fronteras hasta los enfermos en hospitales y los reclusos en cárceles. En cada encuentro, Francisco demuestra que la verdadera autoridad espiritual proviene del amor genuino y la compasión hacia los demás.

Uno de los aspectos más destacados del legado de Francisco fue su habilidad única para conectar con los más necesitados. Su mensaje sobre la pobreza no fue meramente un llamado a la caridad, sino una invitación a transformar las estructuras que perpetúan la desigualdad. Esto se reflejó en su lucha por la defensa de los derechos de los migrantes y refugiados, a quienes ha llamado «los más pobres entre los pobres». En su visita a las costas de Lesbos, no solo habló sobre la crisis migratoria, sino que abrazó a los refugiados, marcando un hito en la forma en que un líder religioso puede influir directamente en un problema humanitario.

Además, este papa puso en el centro del debate temas como la economía de exclusión y la cultura del descarte. En su encíclica Laudato Si’, se adentró en la relación entre la pobreza y la degradación ambiental, instando a que la protección del planeta y la justicia social sean consideradas como dos caras de la misma moneda. Este enfoque holístico de los problemas del mundo actual es un ejemplo de cómo la fe puede ofrecer soluciones prácticas y necesarias.

El pontificado de Francisco se caracterizó por su compromiso con el diálogo interreligioso. En un mundo donde las divisiones suelen ser utilizadas como motivos de conflicto, el papa trabajó incansablemente para construir puentes entre diferentes tradiciones religiosas. Por ejemplo, en 2019, se reunió con líderes religiosos en Abu Dabi para firmar un documento histórico sobre la fraternidad humana, un llamado a la paz y la convivencia. Este esfuerzo demostró que la colaboración colectiva y el respeto mutuo son esenciales para superar los desafíos globales. El papa enfatizó que la fe debe ser un motivo de encuentro y no de división, lo que resonó profundamente en un mundo que a menudo se siente fragmentado. Este enfoque ha sembrado semillas de esperanza y solidaridad entre comunidades diversas, resaltando la importancia de la unidad en la diversidad.

A pesar de estos logros, el legado de Francisco no está exento de críticas y desafíos. Entre otros, la Iglesia sigue enfrentando problemas internos, como los escándalos de abuso sexual que han sacudido su credibilidad. Muchos esperaron que el papa tomara medidas aún más decisivas para abordar estas cuestiones y reformar una institución que ha sido demasiado lenta en su respuesta. Sin embargo, Francisco comenzó un diálogo importante sobre la transparencia y la rendición de cuentas en la Iglesia. Su nombramiento de comisiones para investigar casos de abuso y su disposición a escuchar a las víctimas son pasos significativos hacia la cura de las heridas que han marcado a la institución durante años. La postura del papa Francisco sobre este tema era clara y contundente; decía este:  «Frente a la pedofilia, tolerancia cero. La iglesia debe castigar a los sacerdotes por ese problema, y los obispos deben remover de sus funciones sacerdotales a los sacerdotes que tienen esa enfermedad e incluso, acompañar la denuncia de los padres en los tribunales civiles. Eso no tiene salida de otro tipo. Tolerancia cero porque es peor que un crimen; es dejarlo con vida, pero destruido”.

El legado del papa Francisco es, sin duda, uno de transformación y esperanza. Su capacidad para abrir las puertas de la Iglesia a todos, su humildad y humanidad, y su compromiso con los más necesitados son ejemplos poderosos del verdadero camino de Jesús. Nos deja una enseñanza vital: que la fe no es solo un acto de devoción, sino un llamado a la acción y a la compasión. En un mundo que a menudo se siente fracturado, su mensaje de amor, unidad y servicio resuena más que nunca y nos invita a todos a ser agentes de cambio en nuestras comunidades. En su caminar, Francisco abrazó la misión de construir una Iglesia que realmente viva el espíritu del Evangelio, desafiándonos a hacer lo mismo. Su legado es un recordatorio constante de que debemos ser luz en la oscuridad y esperanza para los que más la necesitan. Sus zapatillas negras con las que llegó y se fue, quedan hoy vacías. Quien venga, le tocará andar en el camino que este papa trazó. Con un profundo dolor en mi corazón, despido a quien me trajo más cerca de mi Fe.

¡Gracias Bergoglio!

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