La polémica surgida en el 2021 sobre el supuesto plagio en la tesis doctoral de la ex fiscal general, Consuelo Porras titulada “Inadecuada aplicación del reenvío en el proceso penal guatemalteco” ha sido quizá uno de los casos más mediáticos sobre un trabajo académico de dudosa procedencia en Guatemala.
La tesis doctoral señalada de incluir textos enteros provenientes de otra de licenciatura, elaborada previamente por el abogado Benigno Ramírez Choc habría contribuido a las calificaciones que obtuvo Porras para ser electa dos veces de manera consecutiva como jefa del Ministerio Público y fiscal general de Guatemala.
Cargo que la ex fiscal general utilizó para perseguir y criminalizar a políticos, líderes indígenas, activistas de derechos humanos y periodistas entre otros, hasta el punto de haber sido sancionada por varios actores internacionales incluyendo Estados Unidos y la Unión Europea debido a sus acciones antidemocráticas.
Este caso de supuesto “copy paste” ha sido puesto más de manifiesto gracias a la IA. En abril pasado el medio Plaza Pública presentó una investigación en la que se afirmó que luego de analizar con herramientas de programación digital e inteligencia artificial el 98 por ciento de los párrafos de la tesis doctoral de Porras, el texto coincidía al menos en un 51 por ciento con la tesis del fallecido abogado Ramírez Choc. Ahora Porras ya no ocupa el puesto de fiscal general y las discusiones acerca de su tesis pueden servir incluso para fines académicos…
A propósito de academia, “copy paste” e inteligencia artificial, hace algunos días tuve la oportunidad de presenciar un foro sobre el “Impacto de la IA” realizado en el marco de la “South School on Internet Governance 2026” de la Universidad de Mendoza de Argentina en la Ciudad de Antigua Guatemala.
Durante la actividad, la Dra. Rosa Merlin Rodríguez, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) presentó la reciente “Encuesta Nacional sobre usos y percepciones de la Inteligencia Artificial Generativa -ENIAG 2025-” en la comunidad del sector de educación superior en México, impulsada por la Secretaría de Educación Pública (SEP) de México.
El estudio tuvo como propósito medir a escala nacional cómo estudiantes y docentes mexicanos están utilizando herramientas de IA generativa como ChatGPT, Gemini, Copilot y otras, así como sus percepciones sobre estas tecnologías.
Hablamos de una encuesta hecha a más de 1.5 millones de estudiantes y alrededor de 163 mil docentes de 2900 instituciones de educación superior con el fin de contar con insumos para diseñar políticas, lineamientos y buenas prácticas para la adopción responsable de la IA en universidades mexicanas.
Entre los datos más interesantes publicados por la ENIAG 2025 está el hecho de que 6 de cada 10 estudiantes utilizan la IA generativa, de los cuales el 66 por ciento la emplea semanalmente. Entre los principales usos que le dan, está la generación de textos como lo afirmaron el 79 por ciento de los alumnos encuestados.
Por su parte el 60 por ciento de los docentes consultados dijeron utilizar la IA semanalmente mientras que el 90 por ciento manifestó su interés en recibir capacitación sobre estas herramientas.
Herramientas a las que no todas las personas encuestadas dijeron tener igual acceso. “Brecha digital” que, según la Dra. Rodríguez, genera “una nueva forma de desigualdad educativa», en la que ciertos estudiantes y docentes tienen acceso a modalidades premium mientras que la gran mayoría se ve obligada a utilizar versiones gratuitas con resultados más limitados.
Esto sin tomar en cuenta que la IA no es neutral, ni es una inteligencia real. Sus algoritmos no evolucionan ajenos a decisiones políticas, económicas o empresariales. Al contrario, se trata de sistemas de predicción estadística altamente sofisticados producidos desde contextos específicos y alimentados con información producida en su mayoría en otras latitudes.
En su disertación, la académica mexicana enfatizó que el desarrollo tecnológico debe estar subordinado a la protección de la dignidad humana y los derechos fundamentales.
Más allá del desarrollo tecnológico, la educación superior en todo el mundo está llamada a la formación de ciudadanos críticos, habilitados para comprender las implicaciones sociales, éticas y políticas de la inteligencia artificial. Guatemala no es la excepción y sus universidades tienen la oportunidad de liderar procesos de alfabetización mediática, investigación interdisciplinaria y participación en la formulación de políticas públicas. No hablamos de poca cosa: nuestra historia reciente nos demuestra las consecuencias graves del uso deshonesto de las tecnologías en la producción académica.
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