Uno de los grandes problemas que aqueja a las sociedades contemporáneas es que el tejido virtual que organiza la vida colectiva eclipsa los horizontes necesarios para que el ser humano se oriente en el mundo. Si no se maneja con inteligencia el mundo virtual se puede convertir en una cárcel de engaños y manipulación que afecta todos los espacios, desde los más cotidianos hasta aquellos en donde se toman las decisiones más importantes.
El hecho de que la verdad sea casi indefinible, no hace que no la reconozcamos en nuestra vida, de la misma manera en que—como lo decía San Agustín— sabemos qué es el tiempo, aun cuando no sepamos definirlo. Este fenómeno, en realidad, acontece con todas las vivencias elementales que articulan la vida humana: amor, valor, justicia y un largo etcétera. Por esta razón, en tiempos de crisis siempre se plantean las preguntas fundamentales de la vida humana. Ahora mismo, surge la inquietud acerca del sentido que tiene permanecer en este camino de innovaciones que nadie sabe a dónde llevan.
No es necesario hacer un lado las intuiciones críticas para reconocer que la verdad es necesaria para tomar decisiones que promuevan las aspiraciones fundamentales de la vida. El anhelo de verdad está presente en el estrato más profundo de la política. Y aquí se puede identificar un rasgo fundamental de la problemática colectiva de la actualidad: los espacios digitales en los que interactúan los ciudadanos suelen estar repletos no solo de información falsa, sino también de estrategias de manipulación posibles debido a la cuadriculación algorítmica de nuestra vida social.
Lamentablemente, la forma en que se estructura la conexión -nunca comunicación- en el ámbito virtual hace posible que la desinformación se propague a una velocidad difícil de controlar. Muchas innovaciones tecnológicas hacen que se pueda engañar a un número creciente de personas. El desarrollo de la inteligencia artificial persuasiva ha demostrado el nivel hasta el que la comunicación interpersonal se puede manipular con una tecnología que prescinde de nuestra corporalidad.
Sin embargo, la manipulación y la desinformación no son inevitables. Los hechos tienen la capacidad de hablar recio cuando el nivel de engaño adquiere los niveles de manipulación que los señores del mundo virtual quieren integrar en nuestra vida. Ya no se puede ignorar que el cambio climático tiende un velo de incertidumbre sobre el mundo; la gente que ve su vida afectada por la inteligencia artificial ya sabe de la injusticia vital que supone pensar que la sociedad se organiza para vivir de manera “eficiente” y no para garantizar la vida digna en común.
La incipiente capacidad de reaccionar masivamente a la lucha contra las verdades básicas que articulan la vida humana muestra el camino a partir del cual podemos escapar de la muerte de la política. En este momento de nuestra reflexión, se nota la relevancia de una capacidad fundamental que nos humaniza: la voluntad de reflexionar. La reflexión se inserta en el mismo anhelo humano de entender el mundo. Nunca la tecnología puede extirpar este rasgo de nuestra humanidad compartida. Este rasgo hace que siempre vislumbremos el futuro con esperanza. De hecho, cada vez aumenta nuestra conciencia de que no podemos seguir siendo manipulados por ese mundo virtual que aspira a sustituir ese mundo en el que se realiza nuestra existencia concreta.
En Guatemala, se vive una fuerte embestida por parte del pacto de corruptos quienes tratan de desvirtuar cualquier esfuerzo que quiera hacerse en búsqueda del bien común. Las organizaciones de la sociedad civil deben prestar bastante atención a los contenidos que circulan por las redes, para que la ciudadanía no quede inerme ante el intento de generar cualquier tipo de crisis. Ahora, más que nunca es necesario promover campañas de concientización de la población guatemalteca. Para el efecto, es necesario estar en contacto directo y continuo con la ciudadanía para informar de lo que realmente se está haciendo y, ante todo, promover la realización progresiva de las esperanzas de un pueblo que sabe que realmente hubo tiempos mejores, como aquellos que se dieron en la década primaveral.
Es claro, entonces, que para escapar de la manipulación y la desinformación es importante promover el ejercicio de la reflexión. Aquí se pueden vislumbrar el valor de ciertas actitudes críticas que nos protegen del juego algorítmico del poder. Es siempre necesario cuestionar lo que se quiere hacer pasar por “verdad”. Es importante ejercer la discreción antes de compartir contenidos cuestionables. La comunicación a través de las redes sociales debe ejercitarse con plena responsabilidad.
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