La humanidad ante su propio desgaste y decadencia

Mariana Rohrmoser

junio 24, 2025 - Actualizado junio 23, 2025
Mariana Rohrmoser

Son tiempos convulsos. El planeta entero parece estar sumido en una ola de caos, retroceso moral, de deshumanización rampante y de pérdida casi absoluta de los principios más elementales que debieran ser los rectores de la convivencia humana: el respeto, la compasión y la solidaridad.

Pareciera que las grandes guerras, no dejaron aprendizaje alguno y las Declaraciones Universales, los Pactos Multilaterales y los Acuerdos de Posguerra han dejado atrás su sentido.

¿De qué nos sirvió mirar las cenizas del horror, si hoy las repetimos con nuevas formas, pero con la misma insensibilidad?

Es terrible y devastador observar, como las noticias no dejan espacio a la esperanza.

Así seguimos viendo cómo la guerra entre Rusia y Ucrania sigue desangrando a pueblos enteros. Gaza es hoy el retrato del exterminio sistemático, mientras Palestina clama sin que el mundo escuche.

Israel, por su parte, se defiende sin reparar en las consecuencias humanas. Irán y Estados Unidos juegan una peligrosa partida geopolítica que puede arrastrar al mundo entero a consecuencias nefastas.

Es un hecho que, en medio de todo esto, las grandes potencias callan cuando les conviene y hablan sólo cuando sus intereses se ven tocados.

Latinoamérica no es la excepción. La inestabilidad social y política sigue imperando y el panorama es igual de sombrío. Seguimos estando ante la presencia de gobiernos que prometieron justicia social y terminan siendo cómplices de redes de corrupción o represión.

En Europa, vemos una España en donde el presidente Pedro Sánchez enfrenta una fuerte crisis de credibilidad y las denuncias de manipulación institucional y clientelismo político se suman al descontento popular.

¿Y qué decir de Guatemala? Una nación con una historia similar, con una herencia de dolor que, pese a su enorme potencial humano, sigue luchando por mantener un Estado de derecho funcional, mientras el crimen organizado, la corrupción y la impunidad, le siguen acechando.

Lo más preocupante no es sólo el conflicto entre ciudadanos y países, el dinero mal habido ni el poder mal ejercido, sino la progresiva normalización del mal. Nos estamos acostumbrando al sufrimiento del otro y a que nos importe un bledo la vida y la estabilidad de los demás.

Eso, lo considero el principio del fin. Quizá nos preocupe o duela por segundos, pero igual seguimos con nuestras vidas. Nos indignamos por minutos, pero nos invade luego el cansancio, la apatía, el “ya nada se puede hacer”.

La humanidad está desgastada. Está deshumanizada. No en sus avances científicos, ni en su capacidad de crear tecnología, pero sí en su alma. El tejido moral que nos une como seres humanos se está rompiendo a pedazos.El discurso de odio crece, la mentira se viraliza más que la verdad y el poder ya no se ejerce con vocación de servicio, sino con ansia de control hacia el mal.

Por eso hoy, más que nunca, debemos alzar la voz y decir: ¡YA BASTA! Basta de mirar hacia el otro lado. Basta de dividirnos por ideologías, religiones o fronteras, mientras vemos cómo el mundo se derrumba ante nuestros ojos y seguimos sin inmutarnos.

Basta de permitir que unos cuantos destruyan el futuro de todos. Si aún hay seres humanos que desean vivir como tales, que quieren vivir en paz y creen en la justicia, en la dignidad y en la verdad, cada vez queda menos tiempo para lograrlo y unirnos para hacer la diferencia. Es momento de actuar. De no seguir en la indiferencia y de callar.

Porque si el desgaste moral de la humanidad continúa al ritmo que llevamos, no habrá tecnología que nos salve, ni discurso que nos justifique. Sólo quedará el silencio de quienes lo vieron todo y no hicieron nada.

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