Guatemala una vez más atraviesa momentos duros y decisivos que exigen calma para actuar con determinación, con claridad, memoria y responsabilidad ciudadana.
Lo que hoy vivimos no es un caos espontáneo ni una simple crisis de seguridad: es la reacción desesperada de esa estructura que por décadas está acostumbrada no sólo a dominar sino a negociar con las propias autoridades para garantizar una paz transitoria, frágil y aparente.
Por primera vez no se está pactando con el crimen organizado ni con los clanes políticos de vínculos familiares nefastos que han capturado al Estado. ¡Y sí, eso incomoda!
Debe entenderse que el tiempo se les acaba y pronto habrá cambio de autoridades en varias instituciones, por lo que a estas redes de mafias y maras se les cierran las salidas y comienzan a quedarse atrapadas, y más temprano que tarde, deberán enfrentar la justicia. Esa justicia que no sólo será la guatemalteca, sino también la internacional.
Es por ello que la ciudadanía honesta, pero aún ingenua o sin conocimiento de causa, replica de forma orgánica información no veraz, confusa y manipulada. A esa ciudadanía le recomiendo informarse por otros medios, abrir su mente y nutrirse de información que provenga de fuentes más serias y certeras.
En esencia, estos ataques explican esa violencia y los hechos ocurridos el domingo no pueden analizarse con ingenuidad ni con pasiones tergiversadas y de odio.
Los ataques coordinados desde centros preventivos revelan una operación organizada, incluso hasta provocada, en alianza con las maras, por actores políticos interesados en desestabilizar y no soltar el mango de la sartén que aún les queda por la mano.
No es casualidad ni coincidencia, es una estrategia y no requiere de mucha ciencia para saber de quién o de quienes. Si usted es un ciudadano sensato y desea un país realmente libre de las garras de esa aberrante corrupción y crimen organizado que por años se ha fraguado y consolidado, como mínimo tiene la responsabilidad de informarse bien.
Es preocupante que parte – menos mal no es la mayoría – de la población, por ignorancia, por manipulación o en algunos casos hasta por conveniencia, no logra o no quiere lograr, discernir la realidad.
Se le olvida a esa población que tuvimos un Ministerio Público que escondió y sigue escondiendo pruebas de casos que siguen en la impunidad, que no investigó y sigue sin investigar a expresidentes corruptos y que son y han sido parte de ese crimen que hoy nos desestabiliza.
Olvidan acaso que incluso fueron capaces de violentar la voluntad popular al incautar ilegalmente los votos de los ciudadanos.Todo esto en un largo etcétera de ilegalidades, fraudes, robos y demás.
No, no tenemos un gobierno perfecto y ha cometido errores, pero es de reconocer que sí tenemos uno que desde su cúpula no está ligado, ni forma parte del crimen organizado.
Esa diferencia es fundamental y explica la resistencia feroz que hoy observamos.
No dejarnos confundir es, no sólo importante sino crucial, porque hoy más que nunca, la voz de la ciudadanía se constituye en una responsabilidad cívica de gran ayuda o de delicado fracaso.
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