Más allá / De la 21 K

Sergio De León Quiroz

agosto 28, 2026 - Actualizado agosto 28, 2026
Sergio De León Quiroz

Tardé 1 hora 16 minutos para recorrer una distancia de 4,4 km. Inicié el recorrido en mi vehículo a las 5:41 a.m. y llegué al destino final más de una hora después, frustrado y agotado… Más de una hora para recorrer 4,4 km en medio de motocicletas y vehículos que, como yo, retaban al tiempo, sorteaban obstáculos y soportaban muchas veces a conductores incapaces de ceder el paso incluso a los bramidos de una ambulancia.

Una hora con 16 minutos. Un récord humillante, si tomamos en cuenta que en la más reciente 21K de la Municipalidad de Guatemala el ganador recorrió 21 kilómetros en 1 hora con cuatro minutos. Esto equivale a que el corredor ganador podría haber recorrido los 4,4 km en un tiempo cercano a los 13 minutos.

Y si esta comparación puede parecer forzada, más difícil me parece comprender cómo es posible que un ciudadano diariamente deba perder tanto tiempo de su vida y su economía en el tránsito.

Al revisar Waze constato que el promedio para recorrer el mismo trayecto de 4,4 km en momentos fuera de la hora pico es de 8 minutos, es decir, una hora con ocho minutos menos… una hora con ocho minutos que podría haber servido para muchas actividades productivas.

Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) presentados por la Fundación para el Desarrollo (FUNDESA) en febrero de 2026, una persona pierde casi 1 mil 300 horas al año en el tráfico de la ciudad de Guatemala. Esta cantidad equivale a más de 54 días y se traduce, según FUNDESA, en costos superiores a Q25 mil millones anuales.

Pero no se trata solo de pérdidas económicas; los análisis también revelan cómo esta grave problemática roba tiempo de vida, descanso y convivencia familiar, afectando la salud y aumentando el número de accidentes. Esto sin dejar de mencionar la grave contaminación medioambiental que provoca entre otros problemas.

Aun así, es sorprendente ver cómo el tráfico no ha detenido a los alcaldes y sus vehículos electoreros, quienes han sido capaces de reelegirse a pesar de estos humillantes récords de embotellamientos y sus respectivas pérdidas.

En pocos meses es muy probable que muchos de estos jefes ediles busquen atraer votos recapeando trayectos e inaugurando coloridas obras incapaces de resolver el colapso de las calles.

Lo que no saben es que el hartazgo es cada vez más generalizado. No basta con maquillajes y espectáculos sobre las calles: el tráfico sigue ahí recordándonos que necesitamos un cambio real. Un cambio de autoridades que permita implementar medidas más integrales que nos ayuden a romper con este círculo vicioso de pérdidas económicas y, muchas veces, humanas causadas por la negligencia y la poca voluntad política. Más allá de la parafernalia de las costosas y llamativas carreras como la 42K o la 21K, la ciudadanía exige soluciones para esas “carreras diarias” donde el tráfico puede ser el peor enemigo, en especial si se va a bordo de una ambulancia. Al final de cuentas, ¿quién de nosotros está libre de esta terrible emergencia?

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