Cierto, hay una historia que escriben los que han ganado, pero hay otra por contar, que es la de los vencidos. Eso se aplica para todos los tiempos. La historia oficial de Guatemala de mediados de siglo siglo XIX en adelante comenzó a escribirse durante la dictadura de Justo Rufino Barrios y se mantuvo hasta 1944, en la época del mal llamado régimen liberal, porque no fue liberal sino se trató de una dictadura de setenta años. En esta historia oficial se aprobó al himno y todo lo relativo a símbolos patrios, y no se detuvo en 1944 con el advenimiento de la revolución de octubre de ese año, aunque en ese lapso surgieron ideas de democracia y de dignificación de los pueblos oprimidos por el régimen despótico anterior.
Hubo pleitos entre militares “liberales” y revolucionarios. Ya en 1954 resurgió la continuidad de tal historia «oficial» con claridad en la presidencia de Miguel Ydígoras Fuentes y continuó durante los gobiernos militares posteriores. El punto fue consagrar el 30 de junio como día del Ejército, en conmemoración de la fecha de la «Gesta Revolucionaria de 1871» que dio la victoria a García Granados y García Granado contra el gobierno conservador del brigadier Vicente Cerna. Y borraron las gestas patrióticas de las victorias de Rafael Carrera en La Arada contra varios estados centroamericanos, luego contra los filibusteros estadounidenses y de nuevo contra El Salvador y Honduras en 1863. Empero la historia oficial trata de enaltecer los logros de Barrios por el tren, el telégrafo… hasta Ubico, convertidos en mitos por sus propagandistas y corifeos que aún se conservan en el imaginario del colectivo urbano actual: esos mitos cuentan el gobierno de Barrios dio progreso, que con Jorge Ubico había seguridad y honestidad. Es una historia elaborada con mentiras por los masones en contra de la historia crítica que ahora cuestiona ese falso liberalismo, porque justificó el autoritarismo, la falta de democracia, y se hacía de lado para no ver la gran corrupción de los altos funcionarios de dicho régimen. Barrios y García Granados fueron los más grandes corruptos y se prueba con sus testamentos, el de Barrios que fue de más de treinta y dos millones de dólares cuando su viuda vendió sus muchos bienes inmuebles entre ellos seis grandes fincas. Ese monto sería ahora de unos tres mil millones de dólares.
Entre los masones más significativos del país resaltan varios presidentes, además de los indicados Barrios y Ubico, José María Reina Barrios, Lázaro Chacón, Carlos Manuel Arana Osorio. Cosa aparte fue Ramiro de León Carpio, quien promovió la repatriación de los restos del ex presidente Jacobo Árbenz en 1993 tras el fin de la Guerra Fría; así como el renombrado historiador y miembro del PGT, Severo Martínez (quien escribió su gran Patria del criollo, cuya interpretación al final da un salto a la época moderna con un determinismo excesivo al ignorar el siglo XIX), y Alfonso Bauer Paiz, de reconocida trayectoria democrática. Muchos masones de acá fueron oficiales del ejército y profesionales civiles como el abogado Lorenzo Montúfar, el gran ideólogo liberal, que tiene una gran estatua entre la Avenida Reforma y calle Montúfar en ciudad de Guatemala, estatua que mucha gente cree que se trata del poeta José Batres Montúfar, pero es una equivocación. El presidente José María Orellana en 1922 mandó a esculpir ese monumento al escultor Rafael Rodríguez Padilla. Es el hombre sentado en Avenida Reforma y 12 calle de la zona 9, la primera obra en bronce de gran magnitud hecha en Guatemala. Montúfar fue el ideólogo por excelencia del régimen liberal, quien dijo con claridad que su “Reseña histórica de Centroamérica” está plagada de mentiras para atacar a los conservadores y a Rafael Carrera, pues lo justificaba su ideología. Montúfar es el redactor estrella de la historia oficial de Guatemala y Centroamérica.
Empero en el siglo XXI los masones de acá y en el mundo se han desvanecido. Entre los masones había liberales, comunistas y socialistas, muchos profesionales reconocidos por su honorabilidad. Y han elevado la figura de Justo Rufino Barrios como “progresista” porque él abrió las puertas a la masonería, a pesar que fue un déspota brutal.
La masonería llegó a Guatemala en 1871 cuando Miguel García Granados y J.R. Barrios tomaron el poder. Se organizó el Gran Oriente y el Supremo Consejo Centroamericano, que trasladó su sede a Guatemala en 1888. Según sus estatutos, la Gran Logia de Guatemala se fundó formalmente en 1903 y creó otras logias en el país, en especial en San Marcos, donde se mantiene su edificio aún. La masonería se presenta como una fraternidad universal que busca la formación de mejores seres humanos y una sociedad más justa. Celebró 150 años de su llegada al país en noviembre de 2023, en colaboración con el Supremo Consejo del Rito Escocés. Desde hace décadas ya no tiene la influencia que tuvo hace un siglo con sus pares de este continente. “Masones y sociedad en Guatemala, 1871-1903”, expresa:
“A finales del siglo XIX en Guatemala se dio un proceso de asimilación cultural al proyecto nacional ladino promovido por el Estado. Este proceso estaba minado por una realidad segregadora desde el momento en que la producción de la riqueza agrícola del país se basaba en el trabajo forzado de los indígenas. De esta forma de explotación se beneficiaron los empresarios, comerciantes y grandes hacendados pertenecientes a la masonería guatemalteca, según se verá más adelante. Además, los indígenas debían lidiar con otro elemento que socavaba su proceso de asimilación, el del discurso ideológico que, aparte de “bárbaros”, los designaban como producto de una “degeneración” histórico-cultural, manifestada en la humillación, embriaguez, criminalidad, idiotez y suciedad. Esto justificaba su condición de trabajadores forzados y la imposición de su tutela ciudadana por parte del Estado, dando como resultado una ciudadanía diferenciada”.(Masones y sociedad en Guatemala, 1871-1903).
El paso a Guatemala, del Supremo Consejo Centroamericano, concedió patente a las siguientes logias: Unión No. 1. 1886 (Ciudad de Guatemala), Libertad No. 2. 1887 (Ciudad de Guatemala), Fraternidad No. 3. 1887 (Antigua Guatemala) Fénix No. 5. 1888 (Quetzaltenango), Caridad No. 7. 1890 (Retalhuleu), Firmeza No. 8. 1891 (Ciudad de Guatemala), Estrella de Occidente No. 10. 1894 (San Marcos), Hiram No. 11. 1897 (Ciudad de Guatemala), Igualdad No. 13. 1897 (Totonicapán), Estrella del Norte No. 17. 1900 (Ciudad de Guatemala), Constancia No. 18. 1900 (Ciudad de Guatemala), Fraternidad No. 20. 1900 (Antigua Guatemala) y Alianza No. 24. 1902 (Ciudad de Guatemala). Marta Elena Casaus presenta en un estudio a variedad de guatemaltecos masones de inicios del siglo XX:
“Los principales masones guatemaltecos y centroamericanos inscritos en el Boletín Oficial del Gran Oriente y Supremo Consejo Centro Americano durante el período de estudio fueron: Herculano Afre Argueta, Jacinto Amézquita, Luis. S. Andreu, Rafael Aranda, Manuel Palomo Arriola, Raymundo Arroyo, Francisco Eleázoro Asturias Catalán, Rodolfo Backman, Leónidas Banuet, Santiago Ignacio Barberena, Clemente Barrueto, Juan Martín Barrundia y Flores, Salvador Barrutia, Pedro Berthlin, Ángel María Bocanegra, J. L. Bueron, Evaristo Cajas, Rodolfo Calderón, Val Cárdenas, Jesús E. Carranza, Miguel Carrillo Corzo, Francisco C. Castañeda, Juan Castillo, J. Clemente Chavarría, Salvador Cheves, Francisco Contreras B., Mariano Cruz, Joaquín Díaz Durán y Aguilar, Cayetano Díaz Mérida, Pedro P. Escalón, Agustín Estrada Contreras, Gabriel Estrada Monzón, Carlos Basilio Ezeta y León, D. P. Fenner, Bernardo Garrido, Ignacio Gómez, Domingo González, José C. González, Rafael Goyena Peralta, Juan Jallade, M. Jáuregui, Urbano Juárez, Tomás Jump, E. J. Kildare, Carl Rudolf Klee, Juan S. Lara, Antonio Lazo Arriaga, José León Castillo, J. Lowenthal, Lorenzo Lysen, Joaquín Macal, Carlos F. Magee, Juan J. Matheu, Félix Matos, Francisco Medina, Pontaza, Salvador Mendieta Cascante, Samuel Mayorga Rivas, Cleto Patricio Mayorga Rivas, Silvanus Miller, Manuel Monge, Lorenzo Montufar y Rivera, F. Morales, Víctor J. Morales, Gabriel J. E. Mouzon, D. Mugdan, Ricardo Nanne Escalante, Wilhem Nanne Meyer, Luis Nasi, M. R. Ortega, José Víctor Palacios, H. Payens, Manuel Paz, B. Romualdo Piatkowski, José Pinto, Juan F. Ponciano, H. Prinz, José Pruneda, José Quirce, Manuel Ramírez, Alejandro Ramírez, Rafael Ramírez, José Revello, José María, Reyna Barrios, E. Rockstroch, Juan F. Rodríguez C., Vicente Sáenz, Guillermo G. Salas, Ramón A. Salazar, Terencio Sierra, Florentino Souza, J. J. Sutton, Joaquín Torres, Mariano Trabanino, Miguel A. Ugarte, Manuel Valdivieso, Carlos S. Valle, Cruz Vela, José Vidal, Rafael G. Villalonga, Eduviges Villatoro, Manuel Zebadúa y Juan Zoller. (Marta Elena Casaus Arzú, Teresa García Giráldez, Las redes intelectuales centroamericanas: un siglo de imaginarios nacionales, (1820-1920) (Guatemala: F & G., 2005), 71-122, 157-194).
Espero que un historiador más documentado pueda ampliar el papel de la masonería en Guatemala y Centroamérica en la redacción de la historia oficial de Guatemala que expresa su admiración por Barrios, Ubico… Ahora se gesta una visión crítica de tal historia para permitir que la “otra historia” se presente, lo que juzgo necesario para rebatir a la historia oficial y sus mitos. Se dará paso así a una historia fidedigna con la verdad bien documentada en favor de los silenciados.
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