Guatemala se caracteriza por ser un país conservador y religioso, por lo tanto, la salud mental es un tema del que casi nadie habla, a pesar de su gran importancia. Se nos ha enseñado a reprimir lo que sentimos, es contradictorio que una nación en desarrollo no le brinde la relevancia que merece. Por ello, la sociedad debe entender la urgencia de abordar la prevención del suicidio y la importancia de la salud mental.
Querido lector, esta columna es un recordatorio sobre la vida misma. Es una reflexión profunda sobre cómo vivimos, ya que no existe un manual de instrucciones de cómo vivir, debemos identificar los pensamientos negativos para desecharlos, entender que los problemas siempre van a existir a lo largo de nuestra vida, pero que nos corresponde encontrar una solución y seguir adelante. Las tribulaciones son de distinto tipo, pero lo más importante es comprender que a pesar de los desafíos, la vida sigue siendo hermosa. A lo mejor es una idea un poco romántica, pero es una verdad innegable que debemos experimentar.
La depresión también sonríe, es una frase vital de reflexionar. A menudo, la tristeza se intensifica hasta convertirse en una enfermedad que en el peor de los casos, nos lleva a pensar en el suicidio como única salida. Sin embargo, lo que realmente necesitamos es ser escuchados, reflexionar sobre la situación y encontrar soluciones. Ante esto, es crucial buscar ayuda profesional. Aunque es un derecho inherente, nadie nos enseña a valorar nuestra propia vida, debemos entender que las sonrisas que vemos a nuestro alrededor a menudo esconden dolor, tristeza y depresión.
Nuestra patria Guatemala es dirigida por burócratas indiferentes al bienestar ciudadano, ante esta grave situación, necesitamos un cambio. Además desde nuestros espacios, debemos promover la prevención del suicidio y la salud mental. Urge incluir estos temas en la legislación, actualmente no se les presta la atención necesaria, aunado a ello, debemos tener presente que esta situación aqueja a la niñez, adolescencia, juventud y adultez, por lo que debe ser catalogado como un tema de salud pública.
Un abrazo para todas y todos los que luchan contra sus propios pensamientos. En algún momento, todos pasamos por crisis de las que no nos atrevemos a hablar, una sociedad desarrollada también debe considerar estos temas vitales para cuidar la vida de sus ciudadanos. Buscar ayuda, sanar emocionalmente y pensar en nuestros seres queridos nos puede ayudar a salir de este problema y evitar decisiones irreversibles.
Este mes, en especial el pasado 10 de septiembre, es un llamado a desarrollar empatía, escuchar a los demás y entender nuestras propias emociones. Como he mencionado en columnas anteriores, aquello que nos diferencia no debe ser motivo de división, sino de unión y trabajo colectivo para dignificar la vida. Recordemos que todos somos aprendices en el camino de la vida.
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