Malas noticias para la educación

Carlos Morales Monzón

septiembre 10, 2026 - Actualizado septiembre 9, 2026
Carlos Morales Monzón

En términos educativos, el mundo va a paso de cangrejo: caminando hacia atrás. Así lo evidencia el último estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que mide el año 2025 pero se publica hasta este septiembre de 2026. La población mundial pierde sus niveles cognitivos y con ello su calidad en el pensamiento crítico.

Las estadísticas de la OCDE muestran cómo el desempeño de los estudiantes ha caído en picada desde 2018, aunque de alguna manera ya lo hacía desde el año 2000, pero con menor celeridad. La caída global ha sido estrepitosa. Nadie se ha salvado del considerado desastre cognitivo que enfrentan nuestras sociedades.

Y aunque algunos todavía no lo crean, el principal problema está en el acelerado avance de la tecnología y el escaso control de su uso, principalmente en los sistemas educativos. El desarrollo y crecimiento de la Inteligencia Artificial (IA) aletarga el cerebro humano y genera en los jóvenes una alta dependencia. Pocos estudian hoy día con ahínco y prefieren delegar en la IA la mayor parte de sus actividades estudiantiles, principalmente la realización de tareas. Esto limita sus capacidades para Analizar, Evaluar, Comprender, Aplicar y Crear.

Esta es la realidad que nuestros países enfrentan. Unos con menor fuerza, porque intentan atajar el problema y, cuando menos, reducir esos efectos negativos. Los mayores esfuerzos en esa dirección son más visibles en los países nórdicos. Noruega prohibió el uso de herramientas de IA en la educación primaria y limitó el uso de dispositivos con pantallas digitales en clase.

Suecia recurrió al reemplazo del uso masivo de tabletas y la digitalización temprana para redirigir el presupuesto hacia la compra de libros de texto físicos. Dinamarca registró el uso de dispositivos digitales y teléfonos móviles en los colegios para reducir distracciones y fomentar el aprendizaje tradicional. Finlandia ha reducido de manera estricta la presencia de pantallas y teléfonos inteligentes en el aula tras un bajón en los resultados de aprendizaje. Y medidas similares se han adoptado en Francia, Italia, Australia y China.

Según el estudio de la OCDE, América Latina se encuentra por debajo del promedio global. Y para sacudirnos y ponernos en alerta urgente resulta que Guatemala se posiciona en el último lugar de la región. Nuestra peor posición está en los números. Matemática es el área de nuestro mayor rezago. Los datos revelan que sólo el 8 por ciento de los estudiantes alcanza el nivel mínimo. El 92 por ciento restante se posiciona debajo del promedio.

En las letras no somos mucho mejores. Apenas el 17 por ciento alcanza el nivel básico. Y para escandalizar más, caímos 37 puntos respecto de la evaluación de 2022, pues el estudio es trianual. En ciencias la caída fue de 22 puntos.

Lo cierto es que estamos mal, por no decir pésimos. Eso es lo que refleja la capacidad de nuestros estudiantes sobre nuestros niveles de educación. Y si bien es cierto que debemos pensar con urgencia en una reforma profunda de nuestro sistema educativo, también creo que esta debe pasar por una revisión extrema de la calidad docente. Estoy convencido de que nuestros maestros, con el respeto de una minoría bien preparada, no tienen la capacidad profesional para cumplir con su tarea de educar a nuestros hijos. La mayoría no cuenta con el conocimiento acumulado suficiente para transmitirlo a sus alumnos.

En la educación nacional no basta con remodelar los centros educativos, algo que por supuesto es bueno. Pero necesitamos muchísimo más que eso. Así que un gobierno que de verdad quiera generar cambios positivos en la educación debe invertir mucho más de su presupuesto en este rubro, pero también poner en marcha una verdadera revolución del sistema y no sólo poner bonitas las aulas.

Y en el sector magisterial, mientras figuras como Joviel Acevedo sigan liderando sus acciones, poco o nada vamos a avanzar. Si bien es cierto que todos necesitamos mejores salarios, también lo es que nos los debemos ganar bien. Los maestros deben preocuparse porque los estudiantes mejores su nivel cognitivo, no velar porque los estudiantes tengan uniforme y zapatos. Claro que eso también es necesario, pero se sale del ámbito docente. Allí todos debemos presionar para que el Estado facilite mejores oportunidades para todos y todas, dando lugar a mejorar los ingresos familiares y así nuestros hijos vivan mejor. Pero no podemos seguir permitiendo que Joviel Acevedo y sus seguidores utilicen ese tipo de excusas para organizar manifestaciones y paros que sólo profundizan el problema del mal nivel de conocimiento en nuestros niños.

Estoy seguro de que se puede. Solo falta que nuestras autoridades demuestren su voluntad de hacerlo.

*Periodista y Profesor Universitario

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