La campaña anticipada está prohibida por la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEyPP). El artículo 94 Bis, Propaganda ilegal de personas individuales, es claro al indicar que “… no se inscribirá como candidato a quien haga campaña a título individual a cargos de elección popular publicitando su imagen, en los medios de comunicación social, antes de la convocatoria oficial de elecciones sin perjuicio de las sanciones que procedan en contra de la organización política, las asociaciones y fundaciones que lo promuevan. Previo a la sanción deberá agotarse el procedimiento establecido en el reglamento”.
Es obligación del Tribunal Supremo Electoral (TSE) velar porque personas individuales y organizaciones políticas cumplan con la ley y su reglamento,
Claro que la ley, a mi juicio, sigue siendo muy ambigua y quizás hasta fabricada a la medida de los partidos políticos y de los aspirantes a ocupar cargos públicos de elección popular. El marco jurídico que regula la campaña anticipada habla de campaña anticipada y de proselitismo, última figura que en realidad abre la puerta para que todos burlen de alguna manera la prohibición de promoverse antes de la convocatoria.
En estas fechas, cuando aún falta casi un año para la convocatoria oficial al proceso electoral de 2027, los partidos políticos se valen de la figura del proselitismo para hacer sus giras y promoverse ante la población. Sus delfines son los que encabezan esas giras, saludando, abrazando y hasta besando ciudadanos de a pie, con tal de posicionar su imagen.
La ley la hicieron los mismos políticos y por supuesto, acordaron darse esas ventajas que gozarían todos. Porque resulta que sus campañas de afiliación las hacen hasta en estos tiempos, cuando pasaron poco más de dos años sin recordar a sus correligionarios y a sus potenciales seguidores. Tuvieron más de dos años para montar programas de capacitación, para inaugurar sedes departamentales y municipales, para promover el registro de más seguidores. Pero no, todo lo dejan siempre para cuando la elección se acerca y aprovechan la existencia del tal proselitismo para burlar la ley.
Muchos que serán candidatos ya llegan a las poblaciones con gorras, camisas y chalecos con la identificación de las agrupaciones que respaldarán su participación electoral. Ninguno de ellos llega para capacitar o para sentarse en las mesas de registro de afiliados. Y ahora con las redes sociales, las pugnas entre ellos abundan. Cada quien sale criticando a quienes considera sus oponentes, diciéndole a la gente o directamente a sus contrincantes, que no cumplen con los requisitos para dirigir a la nación. Algunos visitan sitios y espacios para criticar el trabajo de esos que serán su competencia. Otros publican videos disque conversando con la gente sobre los problemas sociales del país. Pero quien no los conoce que los compre.
Quienes saben de comunicación política entienden perfectamente que lo que hacen es posicionar su imagen. Eso que todos están haciendo es marketing político, ni más ni menos. En comunicación política el posicionamiento de imagen es sólo una etapa más de la campaña electoral que ellos presentan como proselitismo.
Por supuesto que, si uno lo hace, los demás tienen derecho a hacerlo. Como dije, ellos, por medio de sus representantes en el Congreso, acomodaron la ley para poder hacerlo sin que se les pueda sancionar. Piezas audiovisuales hablando mal del otro, colgadas en las redes sociales, son comunes para estas fechas. Algunos hasta utilizando fondos de imágenes en el extranjero, intentan ganarse la voluntad de los votantes.
Solo aceptaría estar equivocado si al final de cuentas ninguno de ellos se inscribe para optar a algún cargo público. Pero estoy seguro de que participarán y para cuando se inscriban ya habrán allanado el camino de su posicionamiento como personas públicas. Espero que el TSE actúe correctamente y sancione este tipo de batalla ilegal. Pero como casi estoy seguro de que no lo hará, espero que la población no se deje sorprender. El tiempo corre inexorable y todos usan las redes sociales para mercadearse. Así que serán las urnas las que dejen que la población se exprese y, ojalá, no sean los mismos lo que ganen, porque de ser así nada nuevo nos espera, menos al
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