En Guatemala estamos viviendo un momento clave para fortalecer la democracia y la confianza entre la ciudadanía y las instituciones públicas.
Como empresaria y como ciudadana, estoy convencida de que los cambios más duraderos son aquellos que surgen desde la gente, con sus propuestas, preocupaciones y sueños.
Por eso, el proceso de cocreación del Séptimo Plan de Acción Nacional de Gobierno Abierto 2025-2027 representa una oportunidad histórica: abrir las puertas del Estado para que la ciudadanía no solo sea observadora, sino protagonista de la toma de decisiones en beneficio del pueblo.
Este plan representa un mecanismo que transforma la forma en que funciona el Estado, haciéndolo más transparente, participativo y cercano. Guatemala, desde 2012, forma parte de la Alianza para el Gobierno Abierto (OGP por sus siglas en inglés), una iniciativa internacional que agrupa a más de 70 países comprometidos con estos tres principios.
Desde entonces, se han impulsado seis planes de acción con compromisos diversos. Sin embargo, estos habían sido creados con escasa participación ciudadana y no involucraron las voces de los territorios que conforman Guatemala.
Hoy, con la elaboración del séptimo plan, se abre la posibilidad de sumar voces y construir soluciones conjuntas a los problemas que enfrentamos como país. Y lo más valioso en este nuevo plan, es que no se impone desde arriba, sino que nace del diálogo entre sociedad civil, academia, sector privado, pueblos indígenas e instituciones públicas.
Históricamente es el primer espacio en que nos sentamos todos alrededor de la misma mesa, en condiciones de igualdad, para proponer compromisos que puedan transformar la vida de las personas.
Este es el pilar de una verdadera democracia. Cuando la población incide en la toma de decisiones y la construcción de políticas públicas, las decisiones son más legítimas, justas y sostenibles.
Desde el sector empresarial creemos firmemente en esta visión: un Estado transparente y participativo genera confianza, fomenta la inversión y crea condiciones para el desarrollo económico y social de los pueblos y las comunidades.
El reto es grande, porque arrastramos una historia de desconfianza y de distancia entre autoridades y población. Sin embargo, cada proceso de cocreación debe ser un paso hacia un nuevo pacto social, donde las políticas no se diseñan de espaldas a la ciudadanía, sino de la mano con ella. Esa es la verdadera innovación que necesitamos: un gobierno que escucha dialoga y cumple.
Como mujer indígena quetzalteca, me llena de esperanza ver cómo desde distintos rincones del país nos estamos organizando para ser parte de este Séptimo Plan. Porque abrir el gobierno no significa debilitarlo, al contrario: significa fortalecerlo con la energía, la creatividad y el compromiso de su gente. Solo así construiremos un futuro más transparente, participativo y justo para todas y todos los guatemaltecos. Por lo tanto, es vital fortalecer estos espacios de Gobierno Abierto y dar continuidad al proceso que por fin ha iniciado en Guatemala.
*Lilian Lizetth Gonón García forma parte de Mujeres Indígenas empresarias de Quetzaltenango Colaboración
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