La metáfora de la puerta giratoria tiene diferentes acepciones aplicables para Guatemala. La idea inicial implica el paso de políticos al sector privado, o viceversa. Pero también aplica para los casos en donde políticos se postulan y son electos para una variedad de cargos de elección popular; pasan así de alcaldes a diputados, lo cual también aplica al revés. Pero en esta ocasión utilizo la acepción para el caso de los sempiternos candidatos, que elección tras elección se postulan de forma reiterada, unos esperando que de repente “le suene la flauta” y otros como forma constante de agenciarse de grandes recursos para enriquecerse y convertirse en “candidatos profesionales”. De esa forma, entran, salen y repiten la dinámica cada cuatro años, impidiendo el surgimiento de nuevos liderazgos.
Nuestra “política nacional” se caracteriza, entre otros rasgos, por el reiterado aparecimiento de los “mismos”. Pero no me refiero solamente a la repetición de los rostros, sino también al reciclaje de las mismas lógicas. Ocasionalmente vemos el aparecimiento de supuestos nuevos “personajes”, pero que expresan más de lo mismo. Aunque digamos, a más y mejor, que este modelo está agotado, en realidad está más vivo que nunca. Al reciclarse, cada cuatro años, recibe una importante dosis de oxígeno para mantenerse vigente y resistir hasta la más mínima posibilidad de cambio.
Algunos podrían rebatir lo expresado y plantear el caso del presidente electo en 2015, como ejemplo de outsiders (el desconocido que aparece de pronto). Nada más alejado de la realidad. Nadie aparece de la nada; otra cosa es que no nos demos cuenta porque solo estar obnubilados por otros asuntos.
En medio de la frustración porque los electos generalmente son un constante fraude y engañan a los votantes, aparecen los aparentemente disruptivos; que no son más que buscadores del voto fácil, populistas sin ideología, aprovechados del desencanto estructural.
Las elecciones 2027 estarán repletas de esta mezcolanza de candidatos, los rostros que representan la puerta giratoria y los provocadores del espectáculo de fácil compra. Esta peligrosa combinación tiene, como elemento común, generar la percepción de encarnar el contrapunto de la actual administración.
Cabe incluir un mecanismo adicional, igualmente perverso: el previsible papel de la mayoría de los integrantes de la Corte de Constitucionalidad como solapadores o protectores de un tipo de candidatos, y obstaculizadores de otros. Es evidente que varios recursos de carácter electoral serán sometidos a esa instancia, pero ante lo recientemente resuelto en favor del fraude en la elección del rector de la USAC, es posible que esa misma tendencia favorezca a candidatos espurios y afecte a otros, porque representan “riesgos” a la prevalencia del sistema. Aquí radica una de las principales implicaciones de una institución que se ha desnaturalizado para convertirse en dominio reservado (orientado defender causas particulares).
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