El propósito fundamental del periodismo es la búsqueda de la verdad. De esto no hay lugar a dudas. Para ello recurre a la investigación, respaldada por el Método Científico que, en su aplicación a la actividad periodística, exige pruebas de los hallazgos y/o señalamientos que se hagan producto de esa investigación que dará lugar a la presentación de conclusiones.
Hago esta introducción para referirme a un caso reciente que ha dado lugar a una polémica. El medio de comunicación digital, República, presentó recientemente una investigación “periodística” en la que su autor, Luis Ixbalanqué de León, presenta una serie de datos con los que intenta demostrar ilícitos supuestamente cometidos por el ahora embajador de Guatemala en México, Édgar Gutiérrez. El investigador asegura que el diplomático utiliza tiempo laboral de la embajada para atender asuntos de eP investiga, lo cual equivaldría a usar recursos del Estado de Guatemala para resolver problemas personales. Y toda la relación que hace es que Gutiérrez sería miembro del equipo fundador de eP investiga, registrado legalmente en Ciudad de México.
El mismo Gutiérrez y también el medio han reconocido esa participación inicial del señalado. Pero agregan algo que De León no añade a su “pieza periodística” y es el hecho de que Gutiérrez se desvinculó del medio meses antes de tomar posesión como embajador, precisamente para evitar ese conflicto de interés.
Aquí el primer fallo técnico del trabajo mostrado en República. Decía desde el principio que el periodismo tiene como propósito la búsqueda de la verdad y para ofrecerle la verdad a un público debe contársele todo, no sólo pedazos de la historia. Actuar a medias tintas es abonar a la pérdida de credibilidad, un rasgo súper importante en el periodismo, pues el periodista o medio de comunicación que carece de ella siempre sembrará dudas sobre lo que presente a su audiencia.
Desde su titular, la pieza “periodística” trata de jugar a la combinación de periodismo y literatura. Encabeza su supuesta investigación con el nombre: El pinchazo de Édgar Gutiérrez y ePinvestiga. Y es que asegura que la dirección registrada de ePinvestiga, en México, en realidad corresponde a lo que en Guatemala conocemos como un pinchazo (un lugar donde se reparan llantas de vehículos).
Otro error técnico. Aunque el mismo ePinvestiga ya ha aclarado que en su dirección registrada están sus oficinas y ha publicado fotos de la entrada y del interior de ellas, me pregunto cuál sería el problema si en realidad en la entrada hubiese un pinchazo. Dichosos los señores de República que cuentan con el financiamiento necesario para rentar oficinas en la exclusividad de la zona 10 capitalina, en un moderno edificio que muestra los lujos a que puede acceder gracias a la holgura de sus finanzas.
No hay regla o ley alguna que especifique las condiciones con que debe contar la sede de un medio de comunicación. O al menos yo jamás he leído algo al respecto.
Lo que sí he leído son las dos piezas “periodísticas” de Luis de León que llevan la misma línea editorial y el mismo estilo de señalamiento sin pruebas contundentes. La primera fue La casa de chocobananos, una pieza que también reclama que haya una oficina funcionando en una casa donde también hay una tienda en donde se venden, entre otros productos, chocobananos.
Volvemos a las mismas. ¿Cuál sería el problema de compartir instalaciones? De hecho, nunca se demuestra que no existieran oficinas en el interior de esas instalaciones, lo cuál se habría dado pie a ilícitos. Pero el periodista no demuestra un solo ilícito. Solo muestra hechos y especula sobre lo que para él podría dar lugar a ilícitos.
Dice que en la casa funcionan varias empresas. ¿Y cuál es el problema? El problema en realidad sería que no estuvieran registradas o que hayan incumplido contratos firmados. Y si eso en realidad es lo que quería demostrar el periodista, nunca lo dice en su texto.
Lo mismo sucede ahora con El pinchazo. Se muestran una serie de datos, pero nunca se dice y mucho menos se prueba que existan ilícitos.
Decir lo que se piensa sobre alguien o sobre algo, es fácil. Eso cualquiera puede hacerlo. Pero para hablar de que una pieza sea periodística se debe demostrar que no se especula, sino que se dice la verdad y eso solo se hace con pruebas. Por ejemplo, decir que el CEO del medio que hace este tipo de publicaciones es financiado por muchos empresarios que ya salieron públicamente admitiendo que cometieron ilícitos y pidiendo perdón a los guatemaltecos. O que el mismo CEO admitiera públicamente que aportaba fondos para un partido político que llevó a un comediante a la presidencia y que, de no ser porque un Congreso modificó la Ley Electoral y de Partidos Políticos, pudo haber ido a la cárcel.
En fin, lo que intento dejar claro es que no se puede llamar periodismo a la presentación de un conjunto de especulaciones. Decir la verdad, incluso, resulta insuficiente. La verdad debe demostrarse o los datos que se aporten quedarán en simples especulaciones. El periodismo busca la verdad y debe demostrarla. Si no lo hace simplemente abre la puerta para que cualquiera escriba lo que se le ocurre para destruir instituciones o personas sin contar con una solo prueba. Se abre la puerta para destruir a cualquiera.
Por eso precisamente es que la regla periodística es probar lo que se dice, pues es la única forma de comprobar que se dice la verdad.
Decir una verdad sin pruebas es dejar lugar a la duda, como parece que ha hecho De León con sus “reportajes”. Si alguien me quiere convencer de lo contrario, que lo demuestre con pruebas sólidas y no con simples especulaciones o apariencias.
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