La noche antes de mi cumpleaños dormí con tanta emoción porque mis amigos Down llegarían a la casa a celebrarme con sus papás y otros familiares. Me desperté a la 5:43 de la mañana y cuando me acordé que ese día era mi cumple, me felicité, me di un gran abrazo y me dije: “Espero que crezcas bien, espero que cumplas muchos años más y siempre te cuides. Te quiero mucho, Andrés.”
Luego mi hermana Adri tocó la puerta de mi habitación y también me felicitó. Fue la segunda, después de que yo me adelanté a todos. Me bañé y me puse guapo; al bajar al comedor Flori, la señora que cocina en casa, vino con el gran desayuno, preparado con buenas intenciones. Estuvo riquísimo; me dijo que era su regalo personal para el consentido del hogar.
Pero ese sábado de fiesta seguía una nube oscura que se había instalado días antes. Marianita, mi querida novia, estaba enferma y sus papás la internaron en el hospital. Todos los días estuve con ella, es más, en mi centro de capacitación me llamaron la atención porque había faltado casi toda la semana. Yo lo que quería era cuidar a Marianita y que se recuperara a tiempo para la fiesta.
Después del desayuno, mis hermanos, Adri y Tito, me llevaron al hospital de Marianita. Su mamá, Vanessa, ya nos había dicho que era delicado sacarla ese día pues podía recaer. Así que le llevé un pastelito y soplamos la velita en su habitación, mientras todos me cantaban “feliz cumpleaños a ti…” Después llegó la enfermera y le hizo unas trenzas. Mi novia quedó muy guapa y dimos un paseo por los corredores y el jardín. Después ella quiso desayunar, ya un poco tarde, y le di la comida en su boquita, porque el suero le hacía difícil los movimientos de la mano.
Era hora de irnos, pues los invitados no tardarían en llegar. Antes de despedirme le dije muchas cosas bonitas, que la quería mucho, que ella era fuerte y se iba a recuperar y que pronto tendríamos más fiestas con todos nuestros amigos. Ella se quedó contenta, aunque sí quería estar con nosotros. Me dio los regalitos que había preparado para la ocasión.
La fiesta en casa estuvo buenísima. Llegaron todos los invitados, mis queridos Inés, José Rodrigo, con su mamá; Camila, con su papá; Ana Valeria, Natalia, José Andrés y otros. Ellos son parte del club Down que nos reunimos dos veces al mes. Estuvo toda mi familia; también llegó Gianca, amigo de mi hermano Edgar, con sus hijitos, y entre todos organizamos un partiditos de fut. Pusimos música, que es la mera onda, y nos divertimos bailando y cantando karaoke. Mi hermana Hela y su novio Ruri prepararon en la churrasquera la carne de las hamburguesas (que nos gustan tanto), en la cocina mis otros hermanos terminaban de prepararlas y las servían a los invitados en las mesas en el jardín.
Así se fue la tarde entre juegos, bailes y discursos Down. Pero antes de que se despidieran ¡la gran sorpresa! ¡el gran regalo que no me esperaba! Llegó Marianita con su mamá. Llevaba cubre-bocas, pero estuvo jugando también. Este mi cumpleaños sí que fue redondo, con tanto amor y rica comida. Espero que vengan otros con tanta felicidad bajo el brazo.
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